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¿Sabía Ud. qué?

El último mensajero y enviado de Alah (Dios), el profeta Mujammad (paz y bendiciones sean con Él), envió cartas de invitación a abrazar el Islam, a los empe- radores, reyes, régulos, vicerregentes y gobernadores conocidos en el mundo de aquella época; entre los cuales constan:
o Carta a Negus, Rey de Etiopía
o Carta a Khusro Perwez, Emperador (Kisra) de Irán
o Carta a Muqawiqis, Vicerregente de Egipto
o Carta a Munzir bin Sa´wa, Gobernador de Bahrain
o Carta a Heráclito, César (Emperador) de Roma, junto con ésta, otra similar enviada al Papa de Roma. A continuación damos a conocer el texto y resultado de esta última:
¨En el nombre de Alah, el Clemente, el Misericordioso¨
De: Mujammad, mensajero y siervo de Alah
Para:Heráclito, César. (de Roma)
La paz sea con aquel que sigue el camino correcto.

Después de esto:
Yo os invito a seguir el camino del Islam, aceptádlo por vuestra salvación.
Si aceptáis el Islam, Alah os protejerá y recompensará con creces.
Si lo rechazáis, la responsabilidad por las transgresiones de la nación entera, será vuestra. Serás contabilizado por lo que pase con Arrio(obispo Unitario) y sus seguidores.
¡Oh Gente de las Escrituras! (Gente que ha recibido la revelación divina: ej: Cristianos):
Dejad a un lado todas los problemas y diferencias. Acordemos en algo que no tiene controversia (duda) entre nosotros, ni vosotros, y esto es que no adoréis a nadie más sino a Alah (Unico Absoluto y Soberano Dios), que no le asociemos nada en su adoración (no cometer politeísmo) y no busquéis otro sustento, sino de Él.
Si rechazáis esto, al menos vosotros testificaréis que nosotros creemos en la Absoluta Soberanía de Alah, bajo toda circunstancia.
Sello: Mujammad,
Mensajero de Alah.
Nota: esta carta fue escrita sobre piel de venado. Hoy en día esta en posesión Rey Husssein de Jordania, quien pertenece a la misma tribu (Hashim) del Profeta.

Comentario: Así como hace algunos años existía la hegemonía de dos Super potencias, así mismo había en el tiempo del Profeta Mujammad (Paz y bendiciones sean con Él), dos grandes imperios que eran: El Persa y el Romano o Bizantino. El primero, ubicado al oriente de Arabia, era el estado más grande de Asia y cuna de una gran civilización. Por otra parte, en dirección nor-occidente de la Península Arábiga, se encontraba el Imperio Romano.

Unos años atrás los Persas atacaron a los Romanos, en lo que hoy es Siria y les infligieron una derrota. Existe un pasaje Cor-ánico que narra el suceso; posteriormente, los Romanos se armaron mejor y derrotaron a los Persas.
A pesar de que estos últimos eran muy poderosos en ese tiempo, se veía una oportunidad de victoria para los Romanos. El Cor-án profetizó un claro triunfo a los Romanos en esta batalla y es así como Heráclito vino hacia Jerusalem para mostrar su poderío. Es en esta visita, cuando recibe la antes mencionada carta del Profeta Mujammad (Paz y bendiciones sean con Él). Heráclito ordenó que alguien de Arabia debería presentarse ante Él; Casualmente, se encontraba Abu Sufián con su mercancía cerca de Ghaza. Los soldados del César lo trajeron de Ghaza hacia su presencia.
El César preparó una gran comitiva de recepción, donde donó una corona.
Luego, dirigiéndose a los Arabes preguntó: quién era, de entre los presentes, el pariente más cercano a aquel que proclama ser Enviado de Dios. Abu Sufián se presentó diciendo que era pariente del Profeta (Paz y bendiciones sean sobre Él).

Se desarrolló el siguiente diálogo:
César: ¿A qué clase de familia, pertenece aquel que dice ser Profeta?.
Abu Sufián: A una familia noble.
César: ¿Hay alguien más en su familia, que dice ser profeta?.
Abu Sufián: No.
César: ¿Hay alguien en su familia que haya sido Rey?.
Abu Sufián: No.
César: La gente que ha aceptado esta religión, ¿ es pobre o de gran influencia?.
Abu Sufián: Son gente pobre.
César: ¿Sus seguidores crecen o disminuyen numéricamente?.
Abu Sufián: Crecen.
César: ¿Han evidenciado en Él, alguna vez, faltar a la verdad?.
Abu Sufián: No.
César: ¿Ha quebrantado alguna vez un acuerdo, o una promesa?.
Abu Sufián: Muy lejos de ello, él nunca lo ha hecho.
César: ¿Has luchado tú en alguna batalla contra Él?.
Abu Sufián: Sí.
César: ¿Cuál fue el resultado de la batalla?.
Abu Sufián: Había veces que nosotros salíamos victoriosos, había veces que Él Obtenía el triunfo.
César: ¿Cuáles son sus enseñanzas?.
Abu Sufián: Él dice: "Adorar a Un Solo Dios- Alah, no asociarle nada a Él (politeísmo). Establecer el rezo, ser piadosos, hablar la verdad, tratar a los parientes con consideración".

Luego de este diálogo César hizo notar que los Profetas siempre pertenecieron a nobles ancestros; más adelante, dedujo, que no habiendo nadie más de la familia del Profeta (Paz y bendiciones sean con Él), que también se haya proclamado ser un Enviado de Dios, había una clarísima prueba que su proclamación no era de carácter hereditario. Similar ausencia de algún miembro de su familia que fuera rey, probaba una vez más que su inclinación no era proclamarse rey. Ya que en su boca nunca se pronunció una mentira, tampoco se podía imaginar una mentira sobre Alah. El César también acotó que los primeros seguidores de los Profetas, siempre fueron gente pobre y que la religión verdadera siempre iba en incremento.Tampoco ningún profeta había engañado a nadie.Ya que este nuevo profeta también enseñaba lo que es la piedad, la limpieza y la adoración a un solo Dios, lo más probable es que un día no muy lejano, sería el amo de aquel lugar que el César hoy ocupaba.

De inmediato ordenó el César, que la carta del Profeta (Mujammad) deba ser leída. La conversación de César con Abu Sufián disgustó sobremanera a los cortesanos. El César tuvo que enviar a fuera de la corte a los árabes. El apego a la corona, al trono y a la posición de los cortesanos, no le permitió al César, el aceptar el Islam. Sin embargo, sus preguntas y la conversación que tuvo lugar, claramente nos muestra que Él se encontraba convencido de la veracidad del mensaje del Islam, pues se dio cuenta que alguien quien jamás haya proferido una mentira, tampoco podía decir algo equivocado acerca de Alah.
César también se dio cuenta que las riquezas mundanales, o la búsqueda de fama, no fue nada que pudo atraerle como meta al Profeta del Islam, si no mas bien lo que le importó fue el cumplimiento cabal de la entrega del mensaje del Islam a toda la humanidad.

Cuando el César se aprestaba a regresar a Constantinopla, nuevamente aconsejó a sus cortesanos a que sigan las enseñanzas de Mujammad (paz y bendiciones de Alah sean con Él), puesto que Su descripción, en los libros sagrados, correspondía al Profeta esperado. Los cortesanos respondieron que tal aceptación, sería subyugarse a la supremacía de los árabes, a pesar de que su nación en la actualidad era la más grande potencia de ese entonces. César indicó que a pesar de que ellos no se encontraban preparados para aceptar El Islam, sin embargo, serían más tarde sojuzgados por los árabes.
El César mostró mucho descontento por la actitud arrogante de sus cortesanos e inmediatamente dejó Siria. Mientras se alejaba, prometió nunca volver al territorio Sirio y así lo hizo.

CARTA AL PAPA DE ROMA
En el nombre de Alah, el Clemente, el Misericordioso.
La paz sea sobre aquel que cree en Alah. Yo tengo la misma fe de Isa (Jesús), hijo de Mariam (María), quien es el Espíritu de Alah y Su Palabra. Alah lo infundió a Él en la piadosa Mariam. Yo creo en Alah, en todos Sus Libros y Sus Leyes que me fueron reveladas; así como fue revelado a Ibrahim, Ismael, Isaac, Jacob (paz con ellos) y a sus descendientes. También creo en lo que fue revelado a Moisés y a Jesús y a otros profetas de Alah. En fe y creencia, no hacemos diferencia entre ellos; pues nosotros, somos musulmanes (sumisos a la voluntad de Alah). La paz sea con aquel que sigue la guía divina.
Sello: Mujammad
Mensajero de Alah.

Nota: Junto con la carta al César, el Profeta (paz y bendiciones de Alah sobre Él), había enviado senda carta al Papa de Roma (año 627 E.C.), quien atestigua acerca de la veracidad del Profeta Mujammad y dijo: " No hay duda que él es un verdadero Profeta".
Luego se había dirijido a la congregación reunida en la catedral, para informar a la gente que recibió una carta del Profeta Arabe Ahmad (sinónimo de Mujammad), quien lo invitó a entrar en la verdadera fe de Alah, el Único.
El Papa de inmediato testificó: "No hay otra divinidad sino Alah y que Ahmad (paz y bendiciones sean con Él) es el Siervo y Profeta de Alah.
Al escuchar esta verdad, la gente se enfureció tanto, que agredieron al Papa y lo mataron".

Fuente de investigación:
Letters of the Holy Prophet. p.94-95
Tabari's Ibn Sa'd, History vol.3,p.28
Prophet Muhammad, the last Messenger, in the Bible
by Kais Al-Kalby p.367-368.
Sahih Bukhari Vol.1 p.5
Recopilación: Imam Yahya.
Siervo de Alah

Shahada
 

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