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In the name of Allah SWT

Let there be no compulsion in religion: Truth stands out clear from error.
-Quran 2:256

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Los Principios del Islam

Abu Al'Ala Al-Maududi (1903-1979)

Índice

  1. Biografía del Autor.
  2. Nota introductoria.
  3. ¿Por qué el «Islam» se llama así?
  4. La naturaleza del Islam.
  5. La naturaleza del «kufr».
  6. Los beneficios del Islam.
  7. La fe y la obediencia.
  8. La fe: ¿Qué significa esto?
  9. ¿Como adquirir el conocimiento de Dios?
  10. Fe en lo desconocido.
  11. El apostolado.
  12. Resumen histórico.
  13. El apostolado de Muhammad.
  14. Arabia -Abismo de tinieblas-.
  15. El Salvador nacido.
  16. Un diamante en un montón de piedras.
  17. Una revolución se produce.
  18. ¿Por qué esta hostilidad?
  19. Un hombre transformado a los cuarenta años. ¿Por qué?
  20. Su mensaje universal.
  21. Su contribución al pensamiento humano.
  22. El mas grande de los revolucionarios.
  23. El testimonio final.
  24. La finalidad del apostolado.
  25. Los artículos de la fe.
  26. «tawhid» - La fe en Dios único.
  27. La significación de la «kalima».
  28. Los efectos del «tawhid» en la vida del hombre.
  29. La fe en los ángeles de Dios.
  30. La fe en los libros de Dios.
  31. La fe en los Profetas de Dios.
  32. La fe en la vida ulterior después de la muerte.
  33. ¿Por que esta creencia es tan necesaria?
  34. La vida después de la muerte: Una apología racional.
  35. La oración y la adoración.
  36. El espíritu del «ibadat», o la adoración.
  37. «salat».
  38. El Ayuno.
  39. El «zakat».
  40. «hajj» o peregrinación.
  41. Protección del Islam.
  42. «jihad».
  43. El «din» y el «chariah».
  44. Las fuentes del «chariah».
  45. «fiqh».
  46. El «tasawwuf».
  47. Los principios del «chariah».
  48. El «chariah» : derechos y deberes.
  49. Los derechos de Dios.
  50. Los derechos personales.
  51. Los derechos ajenos.
  52. Relaciones con los no Musulmanes.
  53. Los derechos de todas las criaturas.
  54. El «chariah»: La ley universal y eterna.


Biografía del Autor

Alabado sea Dios, el Señor del Universo, y la paz y la bendición de Dios sean con su Apóstol y compañeros y con todo aquel que siga su camino hasta el día del juicio Final.

Es un honor para mí presentar, al estimado lector, el autor de este libro.

Su presentación, en el mundo islámico, sería innecesaria porque es un gran sabio del Islam conocido, sobradamente, por todos. Es fundador de una gran asociación islámica en Pakistán, llamada «Asociación Islámica en Pakistán», un gran pensador islámico y excelente científico en cuestiones religiosas y también un gran comentarista del Sagrado Corán y ha dedicado y dedica toda su vida a la predicación de Dios y a la defensa de la verdad.

La lucha que ha mantenido, en sus escritos y palabras, contra la tiranía de los gobernador pakistaníes, ha sido la causa de que haya sido encarcelado en varias ocasiones y de que hayan conspirado muchas veces contra él, para de esta manera poder apagar la luz de Dios que lleva dentro. Pero Dios, el Poderoso, Omnisapiente, le ha protegido, siempre, de la malicia de sus enemigos para que siga siendo el faro que guía e ilumina a la gente, porque ha sido, y es, un hombre de gran creencia y conocimiento.

Sus libros son numerosos, de entre ellos podemos citar:

  • La religión valiosa.
  • El Islam y la ignorancia (Incredulidad).
  • Comentario sobre la sura da la luz.
  • Nosotros y la civilización occidental.
  • El movimiento del control de natalidad.
  • Al-Hiyab (cubrimiento del cuerpo de la mujer).
  • La teoría del Islam y su juicio en lo político - jurídico y estatutos.
  • Estudio acerca de la propiedad de la tierra.
  • El sistema de vida en el Islam.
  • La usura.
  • Los cuatro modismos en el Corán.
  • ¿Qué es «Al-Qadianiah»?
  • Principios básicos para comprender el Corán.
  • Principios del Islam.
  • El verdadero testimonio.
  • El Islam ante el desafío contemporáneo.

Su forma tan extraordinaria de explicar el Islam a las gentes y sus pruebas evidentes, forman un gran muro ante los enemigos del Islam de este siglo.

En su famosa revista mensual «Intérprete del Corán» traté muchos problemas contemporáneos, por los que está atravesando la sociedad musulmana, hoy día; presentando, a su vez, las soluciones en varios artículos como:

  • La visión del Islam con respecto al Universo y a la vida.
  • Leyes de la actual usura y la posición del Islam ante ellas.
  • La forma de matar los animales los adeptos del Libro (cristianos y judíos).
  • Filosofía de Hegel y Marx sobre la Historia y la opinión del Islam sobre esta filosofía.
  • Comentario sobre el vestido.
  • Los castigos islámicos y su aplicación en la sociedad musulmana, como base fundamental en el Islam.

Al-Maududi fundé la «Asociación Islámica en Pakistán», en el año 1360 de la Hégira, equivalente al 1941 de la era cristiana, en la ciudad de la Lahore, declarando que no es solamente un partido político, asociación religiosa e Institución reformadora, sino que es también una asociación ideológica, en toda la extensión de su palabra y considera al Islam como un llamamiento universal que abarca toda la vida y que pretende aplicarlo y practicarlo en toda situación y momento.

El fin de la .«Asociación Islámica en Pakistán». no es nacionalista ni patriota y su predicación no se limita a un país determinado, sino que lleva la bandera del Islam con todos sus fines universales...

Nació Al-Maududi en Pakistán, y ha sido uno de los luchadores para liberarla del colonialismo.

Todavía, a pesar de su enfermedad, sigue explicando, especialmente a Pakistán y al mundo en general, que el atraso que se sufre en todos los campos, en el mundo Islámico, no es más que el fruto del alejamiento de la religión y de sus enseñanzas.

Todas estas cosas no le ha sido fácil llevarlas a cabo, pues ha tenido que enfrentarse para ella a muchísimas dificultades y obstáculos, tanto en el Oriente como en el Occidente.

Ello ha sido la causa de su enfermedad, que ha limitado sus desplazamientos, pero que, sin embargo, no le ha sido impedimento para seguir sus actividades por medio de sus escritos y conferencias para orientar a la gente, a pesar de haber dejado la jefatura de la Asociación; estando actualmente al frente de la misma el profesor Tufail Muhammad, elegido por dicha Asociación, y que sigue sus mismos pasos para completar los fines de Al-Maududi.

Estimado lector:

Estas palabras han sido indispensables para hacerte saber que lo que estás leyendo es de un gran sabio Islámico que tiene una brillante historia, amplias actividades y sus pensamientos están extendidos por todos los rincones del mundo.

Pido a Dios -altísimo sea- que su contenido nos beneficie a todos, y que en el día del juicio Final nos sirva de ayuda el fruto que de él hayamos sacado.

A nuestro querido profesor Maududi, con todo nuestro agradecimiento y afecto

Pedimos a Dios que le dé la mejor recompensa.

Dios es nuestro fin.

Nezar A. Sabbagh
Granada, 3 de Ráyab, 1397.
19 de Junio, 1977.


Nota introductoria

La cultura humana no conoce barreras, y el pensamiento libre siempre queda abierto, recibe, concibe, medita y juzga. Es mucho mejor para el hombre aprender y hacer crecer en él la cualidad de distinción entre lo bueno y lo malo que quedarse siempre preso de su ignorancia.

Las relaciones humanas contemporáneas están dirigiéndose más hacia el entendimiento libre que hacia la introversión e inactividad.

Quizás sea la comunicación de los pueblos una de las cosas más importantes que hace disminuir la tensión y reduce las posibilidades de entrenamiento entre sí, discutiendo su pensamiento, sus creencias y sus tradiciones, logrando así las mejores soluciones por un mundo equilibrado, iluminado por el amor, la justicia y la concordia.

España es uno de los países que adopta la paz como principio, se dirige hacia ella y la guarda celosamente; por eso, no es extraño que abra sus puertas a quien quiera andar por este camino, dejando últimamente la libertad de prensa y expresión libre de obstáculos.

Antes de esto ha sido de entre los países que han declarado la libertad religiosa, después del Concilio Vaticano II, porque considera que es un derecho fundamental del hombre que construya su vida con libre albedrío, según la ciencia que él prefiera.

El Centro Islámico en Granada, que goza de la autorización del Gobierno español desde el año 1966 y que una de sus misiones fundamentales, según sus estatutos, es difundir y estudiar la cultura islámica, ha visto es su deber fomentar los lazos de entendimiento y acercamiento entre el pueblo español y los pueblos del mundo islámico.

Creemos que es un paso necesario en este camino que cada parte conozca a la otra de la mejor y más sincera manera. Por esto, hemos empezado a traducir una parte de la producción literal islámica al castellano, intentando, igualmente, hacer el mismo esfuerzo del castellano al árabe.

Y para ser fieles y transmitir una imagen clara de la tradición islámica, hemos traducido una serie de algunos de los libros importantes que enfocan el punto de vista islámico de una manera correcta.

Pero es obvio que todo autor tiene unos puntos de vista analíticos respecto a unos temas que forman parte de la experiencia, vivencia y el saber de este autor. Por ello hemos intentado traducir todo esto, según los requerimientos de la fidelidad científica, respetando al estimado lector su opinión y juicio, sin intervención por nuestra parte.

Esperamos finalmente que, con este esfuerzo, hayamos ofrecido un valioso servicio a los castellano parlantes, ya que creemos sinceramente que el pueblo español bien merece saber las diferentes facetas de la cultura. El pensamiento islámico tendrá su turno en un futuro prospero y relaciones fructíferas, basado en el respeto y cooperación entre España y los países del mundo islámico.

El Centro Islámico en Granada queda siempre dispuesto a aceptar cualquier crítica razonable y real, corrigiendo todo error comprobado.

Dios es el que otorga el éxito.

Granada, 6 de Ráyab, 1397.

22 de junio, 1977.


Capitulo Uno : ¿Por que el «Islam» se llama así?

Todas las religiones del mundo sacan su nombre de su fundador o del pueblo donde han nacido. Por ejemplo, el cristianismo se llama así por el nombre del que lo ha predicado, Cristo; el budismo por su fundador, Buda; el zoroastrismo por Zaratustra; el judaísmo, la religión de los judíos, por el nombre de la tribu de Judá (de la región de Judea), donde nació. Así sucesivamente. Pero ocurre todo lo contrario con el Islam que goza de la particularidad única de no estar asociado a ningún hombre o pueblo particular.

La palabra «Islam» no implica relación de este género porque no es propiedad de ninguna persona, ni de ningún pueblo o país particulares. No es producto de un espíritu humano, y no se limita a una comunidad particular. Es una religión universal que tiene por fin suscitar y cultivar en el hombre la cualidad y la actitud del Islam.

El Islam es, en efecto, un atributo. El que lo posea es musulmán, sea de cualquier raza, comunidad, clan o país del que venga. Según el Sagrado Corán (el libro sagrado de los musulmanes), se han encontrado a través de los tiempos y entre todos los pueblos, hombres buenos y virtuosos que poseían este atributo; ellos eran y son buenos musulmanes.

Esto nos lleva naturalmente a hacer esta pregunta ¿Qué significa la palabra «Islam»-? ¿Qué es un musulmán?

Islam es una palabra árabe que significa sumisión, obediencia. En cuanto a religión, el Islam, predica la sumisión y la obediencia totales a Dios. Es por esto por lo que se llama Islam.

La Naturaleza del Islam

iodo el mundo puede darse cuenta de que nuestro Universo es un Universo ordenado, donde todas las cosas están regidas por leyes y reglas. Todo tiene su sitio fijado en un conjunto grandioso que funciona admirablemente. El sol, la luna, las estrellas todos los cuerpos celestes pertenecen a un mismo sistema que siguen una trayectoria invariable en virtud de leyes inmutables. La tierra gira alrededor de su eje y sus revoluciones alrededor del Sol siguen una trayectoria determinada. Desde el ínfimo electrón a la impresionante nebulosa, todo el Universo obedece a sus leyes propias en virtud de las cuales la materia, la energía, y la vida aparecen, se modifican o desaparecen. El nacimiento, el crecimiento, la vida, la subsistencia del hombre en la Naturaleza están todas regidas por un sistema de leyes biológicas que son las que gobiernan el funcionamiento de todos sus órganos, desde las células más pequeñas al corazón y al cerebro. En resumen nuestro Universo es un Universo sometido a una ley, y todo lo que en él forma parte sigue el camino que le ha sido prescrito.

Este orden cósmico que gobierna el Universo, desde las partículas a las galaxias, es la ley de Dios, el Creador y el Señor del Universo. Ya que la creación entera obedece a las leyes divinas, se puede decir que todo el Universo sigue literalmente la religión del Islam, porque el Islam no significa más que la sumisión y la obediencia a Dios, el Señor del Universo. El Sol, la Luna, la tierra y todos los demás cuerpos celestes son pues «musulmanes», todo como el aire, el agua, el calor, los minerales, la vegetación, los animales. Todo en el Universo es musulmán porque todo obedece a las leyes que le han sido asignadas por Dios. Su lengua incluso que, por ignorancia niega la existencia de Dios, o adora numerosas divinidades, es por naturaleza musulmana. Su cabeza, que se inclina ante otros que no son Dios, es instintivamente musulmana, Su corazón, que por falta de conocimiento real quiere y reverencia a otros dioses, es instintivamente musulmán, porque todos están sometidos a la ley divina, sus funciones y sus movimientos están gobernados por esta ley única.

He aquí pues, en resumen, la verdadera posición del hombre y del Universo. Examinemos ahora el problema bajo un ángulo diferente. El hombre posee una doble naturaleza, su vida se desarrolla en dos planos diferentes. Por una parte, como todas las demás criaturas, está completamente dependiente de las leyes naturales y no puede librarse de ellas. Pero por otro lado, el hombre está provisto de razón y de inteligencia. tiene el poder de pensar y de juzgar, de elegir o rechazar, de aprobar o desaprobar. Es libre de elegir su religión, su género de vida y de orientar su existencia en función de las ideologías de su elección. Puede trazar su propio código de conducta, o aceptar uno formulado por otros. Ha sido dotado del libre arbitrio y puede decidir su propio comportamiento. Sobre este segundo plano, al contrario que las demás criaturas, ha recibido la libertad de pensamiento, de opinión y de acción. Estos dos aspectos coexisten claramente en la vida del hombre.

En el primer caso, como todas las demás criaturas, el hombre nace y quedará musulmán y sigue automáticamente los mandatos de Dios. En el segundo, tiene la libertad de elegir, de ser o no ser musulmán, y la manera de ejercer esta libertad es la que divide a la Humanidad en dos grupos: los creyentes y los incrédulos. El que elige reconocer a su creador, aceptarle como soberano único, se somete escrupulosamente a sus mandatos, sigue la ley que le ha revelado al hombre para su vida individual y social, llega a ser así un perfecto musulmán. Ha logrado llegar a un Islam completo, decidiendo voluntariamente obedecer a Dios en el plano donde se le había dado la libertad de elegir. Ahora su vida entera es una vida de sumisión a Dios y no tiene conflicto en su personalidad. Es un perfecto musulmán y su Islam es total porque la sumisión de su ser entero a la voluntad de Dios es Islam, puramente Islam.

Se ha sometido ahora voluntariamente a El, al cual obedece ya inconscientemente. Su conocimiento es ahora real, porque ha reconocido al Ser que le ha dado la facultad de entender y conocer: Su razón y su juicio están armoniosamente equilibrados porque ha decidido justamente obedecer al Ser que le ha conferido la facultad de pensar y juzgar. Su lengua también expresa la verdad, porque alaba al Señor que le ha dado la facultad de hablar. Ahora su existencia entera es la encarnación de la verdad, porque sus dos naturalezas, su instinto y su voluntad, obedecen a las leyes del mismo Dios único -el Señor del Universo-. Está en armonía con el Universo entero porque adora a Quien todo el Universo adora. Tal hombre es el representante de Dios en la tierra. El mundo le pertenece y él pertenece a Dios.

La naturaleza del «kufr»

Al contrario del hombre que venimos describiendo, está el hombre que aunque por naturaleza es musulmán, vive inconscientemente toda su vida, no ejerce sus facultades de razón, inteligencia e intuición para reconocer a su Señor y Creador y no utiliza su libertad de elección más que para negar su existencia. Tal hombre es un incrédulo -en la lengua del Islam, un kafir.

kufr significa literalmente «encubrir», «disimular». El hombre que niega a Dios es llamado kafir (disimulador), porque, por su incredulidad, oculta lo que es inherente a su naturaleza y a su alma, ya que su naturaleza está instintivamente orientada hacia el Islam. Su cuerpo entero, cada miembro, cada fibra de este cuerpo, está sometido a este instinto. Toda partícula de existencia -animada o inanimada- cumple su función de acuerdo con la ley del Islam y desempeña el papel que le ha sido adjudicado. Pero la vida de este hombre ha sido oscurecida, su espíritu se extravié y es incapaz de ver la evidencia. No puede discernir su propia naturaleza, y sus actos y sus pensamientos están en desacuerdo total con ella. La realidad le es extraña y tantea en las tinieblas. He aquí la naturaleza del kufr.

El kufr es una forma de ignorancia, o más bien, es la ignorancia por excelencia. ¿Hay acaso ignorancia más grande que ignorar a Dios, el Creador, el Señor del Universo? Es un hombre que observa el vasto panorama de la Naturaleza, su mecanismo soberbio e inmutable, el concepto grandioso que resplandece en todos los aspectos de la Creación; observa esta gigantesca máquina, pero ignora quién la ha hecho y la dirige. Examina su propio cuerpo, este organismo maravilloso que funciona de una manera tan estupefacta que sirve para conseguir sus propios fines, pero es incapaz de discernir la Fuerza que lo ha suscitado, el Ingeniero que ha concebido y producido esta máquina, el Creador que ha hecho este ser único: el hombre, a partir de materias Inanimadas: carbono, calcio, sodio... Reconoce el concepto sublime del Universo, pero no puede distinguir al que lo ha concebido, Admira el funcionamiento armonioso sin ver en él al Creador. Puede ver en el universo que le rodea las más brillantes demostraciones de maestría en la ciencia, la filosofía, las matemáticas o la técnica, pero queda ciego al Ser que dio origen a este Universo Infinito y nunca se lo explica totalmente. ¿Cómo un hombre incapaz de distinguir esta realidad determinada podría alcanzar las verdaderas perspectivas del conocimiento? ¿Cómo un hombre que se ha puesto en el mal camino podría conseguir el buen destino? No podrá explicar nunca la Realidad, el Verdadero Camino le será siempre cerrado, y cuando emprenda algo en el dominio de la ciencia o del pensamiento, no podrá gozar nunca de las luces de la verdad y de la sabiduría. Continuará andando a ciegas y balbuceando en las tinieblas de la ignorancia.

Mucho peor; el kufr es un tirano e incluso el peor que existe. ¿Qué es una tiranía?, sino una utilización injusta y cruel de una fuerza o un poder. Si alguna cosa o alguien se trata a la fuerza contrariamente a la justicia o a su naturaleza y su voluntad propias, esto se llama tiranía.

Acabamos de ver que todo el Universo está sometido a Dios su Creador. Lo que es natural, es obedecer, vivir en conformidad con su voluntad y su ley (más exactamente, ser musulmán). Dios ha dado al hombre un poder sobre todo la Creación cuya naturaleza misma exige que sea utilizada por el único cumplimiento de su voluntad y exclusivamente por esto. El que desobedece a Dios, el que es kafir, se hace culpable de la injusticia más grave, utilizando todas las facultades de su cuerpo y de su espíritu en contra de las tendencias de la Naturaleza, y llega a ser así el instrumento involuntario del drama de la desobediencia. Obliga a su cabeza a inclinarse ante otros dioses que no son el verdadero Dios, alimenta a su corazón del amor, respeto y temor a otra Autoridad, esto está en contradicción total con los instintos naturales de estos órganos. Utiliza el poder del que dispone contra la voluntad explícita de Dios, haciendo así reinar la tiranía. ¿Puede existir tiranía de más crueldad e injusticia que la de este hombre que explota la Creación y la obliga desvergonzadamente a seguir un camino contrario a la Naturaleza y la justicia?

El kufr no es simplemente tiranía, es algo peor, pura rebelión, ingratitud, infidelidad. Después de todo, ¿qué es el hombre en realidad?, ¿de qué poder y de qué autoridad dispone?, ¿quién ha creado su cerebro, su corazón, su alma, su propio cuerpo?, ¿él mismo o Dios? -altísimo sea-, ¿ha sido él, o Dios quien ha creado el Universo? ¿Quién ha sometido todas las fuerzas de la Naturaleza al servicio del hombre, él o Dios? Si todas las cosas han sido creadas por Dios, y sélo por El únicamente, ¿a quién, pues, pertenecen? ¿Quién es el justo soberano? Dios, y sélo Dios. Si Dios es el Creador, el Señor, el Soberano, ¿hay alguien más rebelde que el hombre que utiliza la Creación de Dios contra sus decretos, que vuelve su espíritu y su corazón contra Dios, y utiliza todas sus facultades contra la voluntad del Señor? El servidor que traiciona a su señor, el oficial que se vuelve contra su país, el que engaña a su bienhechor, son todos traidores. ¿Pero qué decir de la traición, de la ingratitud y de la incredulidad del kafir? Después de todo, ¿cuál es la fuente verdadera de toda autoridad? ¿Quién ha levantado al hombre a una posición elevada? iodo lo que el hombre posee y de todo lo que se sirve o beneficia de los demás, le ha sido dado por Dios. Con respecto a sus padres el hombre tiene en la tierra las obligaciones más grandes, ¿pero quién ha puesto en el corazón de los padres este amor a sus hijos, y quién le inspira a hacer todo lo que está en su poder para el bienestar del ellos? ¿De dónde viene el deseo innato y la posibilidad que la madre tiene para alimentar a sus hijos? Es evidente, que es Dios el más grande bienhechor del hombre. Es su Creador, el que le alimenta y le hace vivir, así como su Señor y Soberano. Tal es la posición de Dios frente al hombre, y no hay traición ni ingratitud más grande que la del kufr, que lleva al hombre a rechazar a su verdadero Señor.

Sería ridículo pensar que al adoptar la actitud del kufr, el hombre hace daño a Dios todopoderoso. De ningún modo. ¿Qué daño podría hacer el hombre, que es una pizca de polvo insignificante en la superficie de un planeta minúsculo girando en este universo infinito, al Soberano del mundo, cuyo reino es tan vasto que con la ayuda de los más potentes telescopios no nos permite adivinar sus limites?; cuyo poder ordena la trayectoria celeste de la Tierra, la Luna, el Sol, y las miríadas de estrellas. Que provee todas las necesidades, pero no tiene necesidad de nadie para proveer las suyas. La rebelión del hombre contra Dios no puede hacerle ningún daño, al contrario, esta desobediencia no hace más que precipitar al hombre al camino de la ruina y de la desgracia.

La consecuencia inevitable de esta sublevación y de esta negación de la Realidad, es el descalabro en los ideales últimos de la vida. Un rebelde no encontrará jamás el camino del verdadero conocimiento. Porque al saber que es incapaz de descubrir a su propio Creador, no puede descubrir ninguna verdad. El espíritu y la razón de tal hombre se extraviarán siempre. ¿Cómo la razón que no puede reconocer a su Creador, podría dilucidar los misterios de la vida? Tal hombre no sufrirá más que fracasos en todos los dominios. Su vida moral, cívica, social, familiar, su lucha por asegurar su subsistencia, todo estará afectado. No difundirá más que confusión y desorden en la tierra. Sin el menor remordimiento, derramará la sangre, violará los derechos de sus semejantes, será cruel con ellos, suscitará el desorden y la destrucción en el mundo. Sus pensamientos y sus ambiciones perversas, su ausencia de discernimiento, su sentido de los valores falseado, sus actividades malignas, serán nefastas tanto para él como para sus allegados. Tal hombre puede arruinar la paz y el equilibrio de la vida en la tierra. En la vida ulterior, será tenido por culpable de los crímenes que haya cometido contra él mismo. Su cuerpo entero, su cerebro, sus ojos, su nariz, sus manos, sus pies se lamentarán del mal uso que hubiera hecho. Cada célula de su cuerpo le reprenderá ante Dios que, es la verdadera fuente de la justicia, y se le aplicará la sentencia que merece. Tal es la infamante consecuencia del kufr. Va al fracaso total, tanto en esta vida como en la vida posterior.

Los beneficios del Islam

Después de haber examinado las terribles consecuencias del kufr, veamos ahora lo que podemos ganar adoptando la actitud del Islam.

En el mundo que os rodea, como en vosotros mismos, podéis ver innumerables manifestaciones del poder devino. Este Universo grandioso, que funciona desde toda la eternidad en un orden incomparable según una ley inmutable, testimonia por él mismo que el que lo ha concebido es un ser todopoderoso, dotado de poder, de conocimientos infinitos, de recursos ilimitados cuya sabiduría es perfecta y al cual nadie osa desobedecer. Está en la naturaleza misma del hombre, como en todas las cosas en el Universo, que le obedecen. En efecto, el hombre obedece Inconscientemente a su ley, día tras día, porque desobedeciendo se expone a la muerte y al aniquilamiento. Es la ley de la Naturaleza que debemos observar constantemente.

Dios ha dado al hombre la posibilidad de instruiste, pensar, y meditar, y el conocimiento del bien y del mal; pero le ha conferido, por otra parte, una relativa libertad de voluntad y acción. Es en el ejercicio de esta libertad como el hombre es puesto a prueba: su saber, su intelecto, su discernimiento, su libertad de voluntad y acción son todos probados. En esto, el hombre no ha sido obligado a adoptar un camino particular, porque esta obligación falsificaría el sentido mismo de esta puesta a prueba. Si durante un examen, estáis obligados a dar una respuesta determinada a una pregunta determinada, el examen sería Inútil. Vuestro mérito no puede ser convenientemente juzgado, más que cuando podáis responder libremente a las preguntas, según vuestro conocimiento y vuestra comprensión personales. Si vuestra respuesta es correcta, habréis salido bien y podréis continuar progresando. Si vuestra respuesta es mala, vuestro fracaso os Impedirá progresar; del mismo modo ocurre en lo que concierne a la situación del hombre en el mundo. Dios le ha dado la libertad de voluntad, y acción, de manera que puede elegir libremente el modo de vida que estime ser el bueno: el Islam o el kufr.

Se encuentra, pues, por un lado al hombre que no comprende ni su propia naturaleza, ni la del Universo. Ignora quién es su Soberano verdadero, y cuáles son sus atributos, y utiliza mal su libertad tomando el camino de la desobediencia y de la rebelión. Tal hombre ha fracasado en el examen de su conocimiento, de su inteligencia y de su sentido del deber, y no merece una suerte mejor que la discutida anteriormente.

Por otro lado se puede encontrar al que sale victorioso de esta puesta a prueba. Utilizando correctamente su saber y su espíritu, reconoce a su Creador, tiene fe en El, y sin estar de ningún modo forzado, elige obedecerle. Sabe distinguir el bien del mal, y aunque sea enteramente libre de no hacerlo, elige el bien. Comprende su propia naturaleza, se conforma con sus leyes y sus realidades y aunque tenga toda latitud de caminos para seguir, no Importa cuáles, adopta el de la obediencia y lealtad a Dios, su Creador. Ha superado la prueba, porque ha utilizado convenientemente su espíritu y todas sus facultades: sus ojos para discernir la realidad, sus oídos para escuchar la Verdad, su espíritu para concebir sanas opiniones, y pone todo su corazón y toda su alma en seguir la justa vía que ha elegido también.

Elige la verdad, ve la realidad, se somete con toda gratitud a su Señor y Soberano. Es un hombre inteligente, sincero, que tiene el sentido del deber, que ha optado por la luz antes que por las tinieblas, y después de haber distinguido la realidad, ha respondido a su llamamiento con entusiasmo. Su conducta prueba asá, que no solamente busca la verdad, sino que sabe reconocerla y quererla. Este hombre triunfará en esta vida como en la otra, porque ha cogido el camino recto y no dejará de seguirlo en todos los dominios del conocimiento y de la acción. El que conoce a Dios y sus atributos, conoce el alfa y el omega de la realidad. No podrá desviarse porque su primer paso está sobre el buen camino y está seguro del destino del viaje de la vida.

En el campo de la Filosofía, meditará sobro los secretos del Universo y tratará de sondear sus misterios, pero al contrario de la filosofa infiel kafir, no se extraviará en el laberinto de la duda y del escepticismo. La visión divina aclarará su camino y dirigirá sus pasos en buena dirección.

En el campo de la ciencia, Intentará conocer las leyes de la Naturaleza, descubrir los tesoros ocultos en la tierra, dirigir todas las fuerzas hasta las Ignoradas por el espíritu y la materia, todo esto para el bienestar de la Humanidad. tratará de explorar todas las fuentes del saber y del poder, y de someterse a todo lo que existe en la tierra y en los cielos para el provecho del hombre.

En cada estadio de su búsqueda, su conciencia de Dios le impedirá hacer un destructivo y mal uso de la ciencia y de los métodos científicos.

No soñará nunca con alabarse de ser el señor de estas fuerzas, el conquistador de la Naturaleza, atribuyéndose así las prerrogativas divinas; ni sostener ambiciones subversivas sobre el Universo, sometiendo al género humano y estableciendo su supremacía sobre todos, sin retroceder ante los medios más viles. Tal actitud de rebelión y desafío no podría ser la de un musulmán. Sélo un sabio kafir puede ser la presa de tales ilusiones y sucumbir exponiendo a todo el género humano a los peligros de la destrucción total y del aniquilamiento. Un sabio musulmán, por el contrario, se comportaría de una manera deferente. Cuanto más claro viera en el campo de la ciencia, más seria reforzada su fe en Dios. Inclinaría su cabeza ante El con gratitud; ya que su Soberano le ha bendecido concediéndole un poder y una ciencia muy grandes, deberá obrar por su propio bien y el de la Humanidad. En vez de ser orgulloso, será humilde, en vez de exaltarse de su propio poder, realizará grandes cosas para el bien común. No se entregará a una libertad desenfrenada. Será guiado por los principios de la moralidad y de la revelación Divina. De este modo la ciencia entre sus manos, en lugar de ser un instrumento de destrucción, llegará a ser un medio de bienestar de los hombres y de la regeneración moral. Es de este modo, como expresará su gratitud a su Soberano por los dones y las bendiciones que ha derramado sobre el hombre.

Del mismo modo, en el campo de la historia, de la economía, de la política, del derecho, y de todas las demás ramas del arte y de las ciencias: un musulmán no sélo no se dejará adelantar por un kafir en la búsqueda, sino que sus puntos de vista y por consiguiente, sus «modus operandis», diferirán mucho. Un musulmán estudiará cada rama del conocimiento en su justa perspectiva, se esforzará en alcanzar un justo objetivo y llegará a justas y sanas conclusiones. En la historia sacará lecciones correctas de las experiencias pasadas y descubrirá las causas verdaderas de las grandezas y decadencias de las civilizaciones. tratará de sacar provecho de todo lo que fue bueno y justo en el pasado, y evitará cuidadosamente todo lo que hubiera conducido al declive y aniquilamiento de las naciones. En política, su único objetivo será la instauración de un régimen de paz, de justicia, de fraternidad y de bien, en la que el hombre sea un hermano para el hombre y respete su cualidad de hombre, donde no reine ninguna forma de explotación o esclavitud, donde los derechos del individuo son respetados y donde el poder del Estado es considerado como un depósito sagrado de Dios, que debe ser utilizado para el bienestar común. En lo que concierne al derecho, el musulmán tratará de hacer de él, el instrumento real de la justicia, para la protección de los derechos de todos -particularmente, de los débiles-. Velará para que cada uno reciba la parte que se merece y que ninguna injusticia u opresión sea Infligida sobre cualquiera. Respetará la ley, la hará respetar y velará para que la justicia sea repartida equitativamente.

La vida moral de un musulmán estará siempre llena de piedad, devoción y rectitud. Vivirá en el mundo con la convicción de que Dios sélo es nuestro Soberano, que todo lo que él y los demás puedan poseer les ha sido dado por Dios, que los poderes de los que dispone no son más que un depósito de Dios, que la libertad que le ha sido conferida debe ser utilizada con discernimiento y que es para su propio beneficio el servirse de ella según la voluntad divina. tendrá siempre presente en el espíritu que debe un día volver a su Señor y le dará cuentas de toda su vida. El sentimiento de responsabilidad quedará siempre firmemente implantado en su espíritu y no se portará nunca irresponsable ni Indiferente.

Pensad en la excelencia moral del hombre que vive con tales disposiciones. Su vida será una vida de pureza, de piedad, de amor, de altruismo. Será una bendición para la Humanidad, su espíritu no será turbado por malos pensamientos y ambiciones perversas. Se abstendrá de ver, de entender y de hacer el mal. Dominará su lengua y no proferirá jamás mentira. Mantendrá su vida de una manera justa y honesta y preferirá el hambre a una alimentación adquirida por la explotación o la Injusticia. No será nunca cómplice de la opresión o de la violación de la vida humana y del honor, sea cual fuere la forma. No cederá jamás ante el mal, sea cual fuere el precio que tenga que pagar por esto. Será la bondad y la nobleza misma, y defenderá el derecho y la verdad, incluso al precio de su propia vida. Aborrecerá todas las formas de injusticia, se erigirá defensor de la verdad que las adversidades no pudieron derribar. Tal hombre tendrá un poder con el que es preciso contar. Él solo puede triunfar porque nada en el mundo podrá detenerlo o entorpecer su camino.

Será el hombre más honrado y más respetado y nadie le podrá superar en este campo. ¿Cómo podría alcanzar la humillación a un hombre que para solicitar un favor no tiende la mano, ni inclina la cabeza ante cualquiera, excepto ante Dios todopoderoso, el Soberano del mundo?

Será el hombre más poderoso y más eficaz. Nadie puede ser más poderoso que él -porque no teme a nadie salvo a Dios, y no busca bendiciones de nadie más que de Él -. ¿Qué poder podría apartarle del camino recto? ¿Qué riqueza podría comprar su fe? ¿Qué fuerza podría atormentar su conciencia? ¿Qué poder podría influenciar su actitud?

Será el hombre más rico. Nadie en el mundo podría ser más rico o más independiente que él- porque vivirá una vida de austeridad y contemplación. No será sensual, ni débil, ni avaricioso. Se contentará con lo que gane honestamente, e incluso si montones de riquezas mal adquiridas se ponen ante él, las rechazará con menosprecio. tendrá la paz y la satisfacción del corazón-. ¿Hay riqueza más grande que ésta?

Será el hombre más reverenciado, más querido y más popular. Nadie puede ser más digno de amor que él -porque vive una vida de caridad y bondad-. tendrá justicia con todos, cumplirá sus funciones honestamente y trabajará sinceramente para el bien de todos. Atraerá naturalmente a todos los corazones de las gentes, su amor y su estima. Todo el mundo le honrará y le tendrá confianza. Nadie es más digno que él -porque no es perjuro, sino todo lo contrario: un modelo de rectitud, fidelidad a su palabra y honradez en sus acciones-. Será bueno y justo en todos sus hechos, porque sabe que Dios es Ubicuo, siempre vigilante. No hay palabras para describir todo el mérito de tal hombre. ¿Cómo alguien podría no tener en él confianza? Tal es la vida de un verdadero musulmán.

Si habéis comprendido la verdad natural de un musulmán, estaréis convencidos de que no puede vivir en la humillación, esclavitud o sumisión. Está destinado a ser el dueño, y ningún poder de la tierra puede dominarlo o subyugarlo. Porque el Islam le inculca las cualidades que no están eclipsadas por ningún encanto ni ninguna ilusión.

Después de haber vivido una vida respetable y honorable en la tierra, volverá a su Creador, que derramará sobre él sus bendiciones, porque ha cumplido su deber honradamente, y ha cumplido su misión con triunfo en la puesta a prueba. Ha salido bien de la vida terrestre y conocerá en la ulterior la paz, la alegría y la felicidad eternas.

Este es el Islam, la religión natural del hombre, la religión que no está asociada a ninguna persona, pueblo, período o lugar. Es la vía de la Naturaleza, la religión del hombre. Desde todo los tiempos, en todos los lugares y en todos los pueblos, todos los que reconocieron a Dios y amaron la verdad han creído en esta religión y estuvieron conformes en ella. Aunque hubieran llamado a este modo de vida Islam o de otra forma. Cualquiera que fuese su nombre, significaba Islam, e Islam únicamente.


Capitulo Dos : La fe y la obediencia

Islam significa obediencia a Dios. Ni que decir tiene que la obediencia no puede ser total más que si el hombre conoce ciertos hechos esenciales y esta firmemente convencido de ellos. ¿Cuáles son los principios que un hombre debe conocer para dirigir su vida según las directivas divinas? Eso es lo que nos proponemos discutir en este capítulo.

Primeramente hace falta tener una fe inquebrantable en la existencia de Dios. ¿Podría el hombre obedecerle, si no está íntimamente persuadido de su existencia?

Luego, es preciso conocer los atributos de Dios. Es el conocimiento de estos atributos lo que permiten al hombre cultivar en él mismo las cualidades más nobles y llevar una vida de virtud y bondad. Si se ignora que Dios existe, que es el único Creador y Señor del Universo, y que no comparte con ninguna otra divinidad la más ínfima partícula de su poder y de su autoridad, entonces se puede llegar a ser víctima de los falsos dioses, y rendirle culto para obtener sus gracias. Pero si se conoce el atributo devino «Tawhid». (unidad de Dios), no se arriesgará a sucumbir por esta ilusión. Del mismo modo, si el hombre sabe que Dios es Ubicuo y Omnisapiente, que ve, oye y sabe todo lo que hacemos en público y privado - hasta nuestros pensamientos más ocultos -. Entonces, ¿cómo podría permitirse desobedecer a Dios? Se dará cuenta de que es observado continuamente y se comportará correctamente. Pero el que ignora estos atributos de Dios puede desviarse en la vía de la desobediencia.

Esto ocurre del mismo modo para todos los atributos de Dios. El hecho es que las cualidades y los atributos que un hombre debe poseer, si quiere seguir el camino del Islam, no pueden ser cultivados y desarrollados más que gracias a un profundo conocimiento de los atributos de Dios. Es el conocimiento de estos atributos el que purifica el espíritu y el alma del hombre, sus ciencias, su moral, sus acciones. Un conocimiento superficial o puramente teórico de estos atributos no basta para la tarea que le aguarda - debe poseer un conocimiento, Inquebrantable, firmemente enraizado en el corazón y en el espíritu, para estar al cubierto de dudas insidiosas y desviaciones.

Además hace falta conocer detalladamente el género de vida que puede agradar a Dios. Si el hombre Ignora lo que a Dios le complace o no le complace, ¿cómo puede elegir lo uno y renunciar lo otro? Si no tiene ningún conocimiento de la ley divina, ¿cómo puede seguiría? Pues, el conocimiento de la ley divina y del código revelado es Igualmente esencial a este respecto.

Pero no basta, el simple conocimiento no es suficiente. El hombre debe tener una confianza, un convencimiento pleno y completo de lo que es la ley divina y que su salvación depende únicamente de la observación de este código. Porque el conocimiento sin la convicción, no llevará a estimular al hombre hacia el recto camino y se arriesgará a perderse en el camino de la desobediencia.

Finalmente, es necesario conocer las consecuencias de la obediencia y de la fe, y las de la incredulidad y desobediencia. El hombre debe saber qué bendiciones serán derramadas sobre él si elige el camino de Dios y lleva una vida pura, virtuosa y sumisa. Debe también conocer cuáles serán las consecuencias nefastas de un camino de desobediencia y rebelión. De este modo el conocimiento de la vida ulterior, que nos aguarda después de la muerte, es absolutamente esencial. El hombre debe tener una fe Inquebrantable en el hecho de que la muerte no significa el fin de la vida; que habrá resurrección, que pasará ante el tribunal supremo presidido por Dios mismo; que en el día del juicio, la justicia prevalecerá; que las buenas acciones serán recompensadas y las malas castigadas. Cada uno de ellos tendrá lo que merece y no tendrá medios de escapar de ello. Esto debe llegar obligatoriamente. Este sentimiento de responsabilidad es enteramente esencial para una obediencia incondicional a la ley de Dios.

Un hombre que no tiene ninguna idea de la otra vida puede considerar que su obediencia y desobediencia no tienen importancia. Puede creer que lo que obedece como lo que desobedece tendrá el mismo fin: después de la muerte volverán todos al polvo. Con tal mentalidad, ¿cómo se puede esperar a que éste se someta a todas las dificultades y restricciones que derivan inevitablemente de una vida de obediencia activa, y evita estos pecados, cuya realización no le lleva aparentemente a ninguna pérdida moral o material en este mundo? Con esta mentalidad un hombre no puede aceptar someterse a la ley de Dios. Aún más, un hombre que no está firmemente convencido de la existencia de la vida ulterior y del tribunal divino no quedará seguro y resuelto en las aguas agitadas de la vida, en medio de todas las seducciones del pecado, del crimen y del mal, porque la duda y la vacilación privan al hombre de su voluntad de obrar. No se puede quedar seguro en su conducta más que si está seguro de sus convicciones, no puede seguir este camino de todo corazón más que si está seguro de tener interés en hacerlo y si sabe qué desventajas se seguirán en caso de desobediencia. Asá, para llevar su vida en el camino de la obediencia a Dios, hace falta un convencimiento profundo de las consecuencias de la fe o de la Incredulidad, así como de la vida ulterior.

Tales son, por consiguiente, los hechos esenciales que se deben conocer si se quiere vivir la vida de obediencia, es decir el Islam.

La fe: ¿Qué significa esto?

La fe es lo que hemos llamado en la discusión anterior «conocimiento», «convicción». La palabra árabe iman que traducimos por fe, quiere decir literalmente «conocer, creer, estar convencido sin duda alguna». La fe es, pues, una segura convicción nacida del conocimiento. El hombre que sabe, y está firmemente convencido de la unidad de Dios, de sus atributos, de su ley revelada, del código divino, de la recompensa y del castigo, este hombre, es pues llamado mumin («fiel»). Esta fe lleva Invariablemente al hombre a una vida de obediencia y de sumisión a la voluntad de Dios. El que lleva esta vida de sumisión es llamado musulmán.

Esto debería demostrar claramente que sin la fe (iman), nadie puede ser un verdadero musulmán; es un punto esencial; o más bien, es el punto de partida. La relación entre el Islam y el iman es la de un árbol con su semilla. Lo mismo que un árbol no puede crecer sin una semilla, del mismo modo, no es posible al hombre que no tiene fe llegar a ser musulmán. Sin embargo, alguna vez se encuentra un árbol que a pesar de la semilla sembrada no brota, y esto puede ser por cantidades de razones, o incluso si -brota, su crecimiento es arriesgado o retardado. Del mismo modo se puede encontrar un hombre que tiene fe, pero debido a determinadas debilidades, puede no llegar a ser un musulmán seguro y verdadero. Vemos pues que la fe es el punto de partida y conduce al hombre a la vida de sumisión a Dios, y que nadie puede llegar a ser musulmán sin la fe. Al contrario, un hombre puede tener fe, pero por la debilidad de su voluntad, de una mala educación, o de malas compañías, puede no llevar la vida de un verdadero musulmán. Desde el punto de vista del Islam y del iman, todos los hombres pueden ser clasificados en cuatro categorías:

  1. Los que tienen fe inquebrantable, una fe que los hace someterse a Dios de todo corazón y sin restricciones. Siguen el camino del bien y consagran todo su corazón, toda su alma en agradar a Dios, haciendo todo lo que a Si le gusta y evitando todo lo que no le gusta. En su devoción, son aún más fervientes, y no es como el hombre ordinario en la persecución de la riqueza y de la gloria. Tales hombres son verdaderos musulmanes.
  2. Los que tienen fe, creen en Dios, en su ley, en el juicio final, pero sin embargo, la fe no es lo bastante fuerte y profunda para ponerla totalmente sometida a Dios. Están por debajo del rango de verdaderos musulmanes. Son falibles de ser culpables, pero no rebeldes. Reconocen a Dios y su ley y aunque la quebrantan, no se rebelan contra si. Admiten su supremacía y su propia culpabilidad. Por lo tanto, son culpables y merecen un castigo, pero siguen musulmanes.
  3. Los que no tienen ninguna fe. Estos hombres niegan reconocer la soberanía de Dios y son rebeldes. Aunque su conducta no sea mala y no extiendan la corrupción y la violencia, quedan rebeldes y sus acciones, en apariencia buenas, tienen poco valor. Tales hombres son como los fuera de la ley. Aunque un fuera de la ley comete determinados actos que están en conformidad con la ley del país, no llegando a ser por esto un ciudadano leal y obediente, del mismo modo, el bien aparente de los que se rebelan contra Dios no puede compensar la gravedad del mal real, la rebelión y la desobediencia.
  4. Los que no tienen fe y no hacen ningunas buenas acciones. Extienden el desorden en el mundo y perpetran toda clase de violencias y de opresiones. Son las criaturas más abominables porque son rebeldes, perversos y criminales.

Esta clasificación de la Humanidad enseña claramente que el verdadero triunfo y la salvación del hombre dependen del iman (la fe). La vida de obediencia (Islam) nace de la semilla del iman. Este Islam puede ser perfecto o imperfecto. Pero sin iman no hay Islam. De donde, si no hay Islam hay kufr. Su forma y su naturaleza pueden variar, pero de todas formas, esto será el kufr y no otra cosa.

Esto señala la Importancia del iman frente a la vida de sumisión total y verdadera a Dios.

¿Como adquirir el conocimiento de Dios?

La pregunta que surge ahora es: ¿Cómo adquirir el conocimiento y la fe en Dios, en sus atributos, su ley, y el juicio final?

Hemos hecho ya alusión en las innumerables manifestaciones de Dios en torno a nosotros y en nosotros mismos testifican que hay un Creador, y un Creador único, que es el que controla y dirige este Universo. Estos testimonios reflejan los divinos atributos del Creador: su gran sabiduría, su ciencia universal, su omnipotencia, su misericordia, su fuerza, en una palabra, todos sus atributos están en todas partes visibles en sus obras. Pero el espíritu y las facultades del hombre se han extraviado a fuerza de observar y asimilar estas cosas, que son a pesar de todo, claras y manifiestas, aunque sus ojos estuviesen abiertos para leer lo que fue escrito en la Creación. Por eso los hombres se han desviado. Algunos han dicho que existen dos dioses, otros han empezado a creer en la trinidad, y otros todavía se encuentran en el politeísmo. Algunos se han -puesto a adorar a las fuerzas de la Naturaleza, otros han dividido la persona divina en múltiples unidades: dios de la lluvia, del aire, del fuego, de la vida, de la muerte... Aunque - las manifestaciones de Dios fuesen perfectamente evidentes, la razón humana ha dudado muchas veces y no ha rehusado ver la r calidad en su verdadera perspectiva. Ha encontrado decepción sobre decepción y no ha venido a parar más que a una confusión espiritual. Debemos denunciar aquí y duramente estos errores del juicio humano.

Del mismo modo en lo que concierne a la vida después de la muerte, los hombres han anticipado teorías erróneas, por ejemplo, que después de la muerte el hombre vuelve a polvo y no volverá jamás a la vida, o que el hombre está sometido a todo un proceso de regeneración continua en este mundo y que es castigado o recompensado en los ciclos de la vida venidera.

La dificultad es todavía más grande cuando llega a la pregunta del modo de vida. Formular un código completo y equilibrado, que pueda agradar a Dios únicamente con nuestra razón humana, es una tarea ex tremendamente difícil. Incluso si un hombre estuviera provisto de las más elevadas facultades de razón y espíritu y si tuviera una sabiduría incomparable y la experiencia de numerosos años de reflexión, sus probabilidades de formular intentos perfectamente justos en la vida son muy reducidos. Incluso si después de años de reflexión lo consiguiera, no estará nunca seguro de haber descubierto realmente la verdad y haber adoptado el buen camino.

Aunque la prueba más justa y más perfecta de la sabiduría humana, de su razón, y de su conocimiento hubiera sido la de abandonar el hombre sus propios recursos sin ninguna directriz exterior, a fin de que descubra sélo el justo modo de vida que le conviene adoptar en la Tierra, y que los que por sus pruebas y experiencias personales hubieran podido descubrir la verdad y la virtud hubiesen ganado su salvación mientras que los otros se hubieran perdido; Dios ha evitado, sin embargo, a sus criaturas humanas una prueba tan difícil. Por su gracia y su benevolencia, ha suscitado para la Humanidad hombres elegidos de entre los hombres a los cuales ha revelado sus atributos, su ley, y el justo código de vida, les ha hecho conocer el significado y el fin de esta vida, asió como el de la vida ulterior, y les ha mostrado también el camino que lleva al triunfo y a la felicidad eternos. Estos hombres elegidos son los Mensajeros de Dios -sus profetas-. Dios les ha comunicado el conocimiento y la sabiduría por medios del wahi («la revelación») y el libro que contiene las revelaciones divinas es llamado el Libro de Dios o la Palabra de Dios. La prueba de la sabiduría y del espíritu del hombre reside, pues, en esto: después de haber observado cuidadosamente su vida pura y piadosa y sus enseñanzas llenas de nobleza, ¿sabría reconocer al Mensajero de Dios? El que tenga buen sentido y una sana sabiduría reconocerá la veracidad de las instrucciones dictadas por el Mensajero; si rechaza al Mensajero de Dios y sus enseñanzas, esta negación indicará que es completamente incapaz de descubrir la verdad y la justicia, y que ha fracasado en esta prueba. Tal hombre no será nunca capaz de descubrir la verdad sobre Dios y sobre su ley o sobre la vida ulterior.

Fe en lo desconocido

Es una experiencia cotidiana que cuando no conocéis alguna cosa, buscáis a alguno que la conoce, os fiáis de su consejo y os lo creéis. Si caéis enfermos y no podéis curaras vosotros mismos, buscáis a un médico, aceptáis y seguís sus instrucciones sin discutir. ¿Por qué? Porque está cualificado para dar un consejo médico, tiene experiencia y ha cuidado y curado a un determinado número de enfermos. Por consiguiente, os conformáis con su consejo, hacéis todo lo que os aconseja hacer, y evitáis todo lo que os prohibe. Del mismo modo, en materia de pleitos confiáis en vuestro abogado, y actuáis según sus mandatos. Lo mismo en materia de educación con vuestro profesor. Cuando decidís dirigirás a un lugar, y no conocéis el camino, preguntáis a alguien que lo sabe y seguís la dirección que os indica. En resumen, la actitud razonable que adoptáis todos a lo largo de vuestra vida, a propósito de las cosas que ignoráis, es que consultáis con alguien que está al corriente. aceptáis su consejo y actuáis en consecuencia. Como vuestro propio conocimiento es insuficiente, buscáis cuidadosamente a alguien mejor informado y aceptáis sus opiniones. tenéis gran cuidado para elegir a la persona competente, pero una vez que la habéis elegido, aceptáis sus consejos sin discutir. Esto se llama «la fe en lo desconocido» pues aquí habéis puesto confianza en alguien que sabe sobre materias que desconocéis. Esto es precisamente el imán u bil ghaib.

El imán u bil ghaib significa que podéis llegar al conocimiento de lo que ignoráis por medio de alguien que sabe. No conocéis a Dios y sus verdaderos atributos. Ignoráis que sus ángeles dirigen el mecanismo del Universo según sus órdenes y que os rodean por todas partes. No sabéis exactamente qué modo de vida es susceptible de agradar a vuestro Creador; estáis en la ignorancia de lo que concierne a la vida ulterior. El conocimiento sobre todas estas materias, os será dado por los profetas que están en contacto directo con el Ser divino y han recibido el conocimiento correcto. Son sinceros, íntegros, dignos de confianza, piadosos, y su vida de pureza absoluta es un testimonio irrevocable de la vivacidad de sus consejos y sobre todo, la sabiduría y la fuerza de su mensaje os obligan a admitir que dicen la verdad y que todo lo que predican merece ser creído y seguido. Esta convicción, que es la vuestra, es el imán u bil ghaib la! actitud capaz de discernir la verdad y de reconocerla (es decir, «imán u bil ghaib») es esencial para la obediencia a Dios, y para actuar de acuerdo con su voluntad, porque no tenéis otro intermediario más que el Mensajero de Dios para alcanzar el verdadero conocimiento, y sin conocimiento verdadero no podréis avanzar seguros en el camino del Islam.


Capitulo Tres : El apostolado

Nuestra discusión ha puesto en evidencia los puntos siguientes:

  1. Es justo que el hombre viva una vida de obediencia a Dios, y por esto, el conocimiento y la fe son absolutamente necesarios; conocimiento de Dios y sus atributos, de lo que le gusta y no le gusta, de su camino y del día del juicio final; y una fe Inquebrantable en la veracidad de este conocimiento -esto es iman.
  2. Dios ha querido evitar al hombre tener que conquistar este conocimiento al precio de un esfuerzo personal. No ha puesto al hombre ante esta prueba difícil, pero ha revelado este conocimiento a los profetas elegidos entre los hombres, ordenándoles transmitir su voluntad a las otras criaturas humanas y enseñarles el camino recto. Esto ha evitado al hombre terribles calamidades.
  3. Por último el deber de todos los hombres y mujeres, es reconocer un profeta, y después asegurarse que es verdaderamente el enviado de Dios, tener fe en él y en su enseñanza, y obedecerle escrupulosamente y seguir sus pasos. Este es el camino de la Salvación.

En este capítulo discutiremos la naturaleza, de la historia y los demás aspectos del apostolado.

Su naturaleza y su necesidad

Podéis ver que Dios ha provisto al hombre muy graciosamente de todo lo que tiene necesidad en este universo. El recién nacido viene al mundo con ojos para ver, oídos para oír, nariz para sentir y respirar, manos para tocar, pies para caminar, y un espíritu para pensar y reflexionar. todas las facultades y poderes que pueda necesitar cuando sea un hombre, han sido maravillosamente colocados en su pequeño cuerpo. Las menores necesidades han sido previstas, nada ha sido olvidado.

Del mismo modo ocurre al universo donde vive. Todo lo que es esencial a su existencia está dotado de ello en abundancia - aire, luz, calor, agua, etc. Desde el día en que abre los ojos, el niño encuentra su alimento en el seno de su madre. Sus padres lo quieren instintivamente, y en su corazón ha sido implantado el instinto protector que les incita a levantar y sacrificar su bienestar por el suyo propio. Así, afectuosamente protegido, el niño alcanza la madurez y en cada etapa de su vida encuentra en la Naturaleza de todo de lo que tiene necesidad. todas las condiciones materiales de supervivencia y de crecimiento le son dadas y puede darse cuenta que el Universo entero está a su servicio y le sirve en cada instante.

Mucho más, el hombre tiene la suerte de disponer de todos los poderes y facultades - físicas, mentales y morales - de las cuales tiene necesidad en su lucha por la vida. Con este propósito Dios ha puesto disposiciones maravillosas: no ha repartido los dones estrictamente igual entre los hombres. Si lo hubiera hecho, esto habría vuelto a los hombres - totalmente independientes los unos de los otros y habría, así, perjudicado el concepto de cooperación y ayuda mutua. Por lo tanto, aunque la Humanidad en su conjunto disponga de esto que tiene necesidad, entre los hombres sin embargo, las facultades están distribuidas desigualmente y con parsimonia. Algunos tienen una gran fuerza física, otros se distinguen por sus capacidades intelectuales. Algunos nacen con una gran aptitud para las artes, la poesía, la filología, otros tienen talentos de oradores o sentido de la estrategia, aptitud para el comercio, espíritu matemático, curiosidad científica, observación literaria, inclinación por la filosofía... Estas aptitudes particulares distinguen a cada hombre, permitiéndole interpretar las sutilezas que escapan al común de los mortales. Estas instituciones, éstas aptitudes y estos talentos son dones de Dios. Están en la naturaleza de los que Dios ha destinado que sean así distinguidos. Estos dones son innatos y no pueden adquirirse por el entrenamiento o la educación.

Si se piensa en esta repartición de los dones divinos, se descubre que ha sido maravillosamente hecha. Las capacidad es que son esencia les para la supervivencia de la cultura humana han sido dadas al hombre medio, mientras que los talentos extraordinarios que no son necesarios más que en una menor medida, han sido dados solamente a un pequeño grupo de personas. Hay un gran numero de soldados, labradores, artesanos, obreros; pero los jefes militares, los sabios, los hombres de estado, y los intelectuales son relativamente poco numerosos. Ocurre lo mismo en todos los dominios. La regla general parece ser la siguiente: Cuanto más desarrollada es una facultad, cuanto más grande es un genio, menos gente hay que lo posean. Los grandes genios que dejan una huella imborrable en la historia humana y cuyas hazañas abren el camino a la Humanidad duran- te siglos, son todavía menos numerosos.

Aquí llegamos a otra pregunta: ¿La Humanidad tiene necesidad de expertos y de especialistas únicamente en el dominio del derecho, de la política, la ciencia, las matemáticas, la técnica, la mecánica, las finanzas, la economía, o bien tiene Igualmente necesidad de hombres que puedan indicarle el recto camino -el camino de Dios y de la Salvación-? Otros expertos hacen conocer al hombre todo lo que existe en el Universo, asá como los medios y los métodos para utilizarlos. Sin duda, hace falta de alguno para que pueda explicar al hombre cuál es el fin supremo de esta creación y el significado de la vida, qué es el hombre mismo, por qué ha sido creado, quién le ha dado los poderes y los recursos de los que dispone, y por qué, cuál es el ideal final de la vida y cómo lo consigue, cuáles son los valores reales y cómo los alcanza. He ahí cuál es la necesidad primordial del hombre y si Ignora esto, no encontrará jamás bases sólidas ni tendrá éxito en esta vida ni en la futura.

Nuestra razón se niega a creer que Dios, que ha previsto para el hombre hasta la más banal de sus necesidades, haya podido omitir poder a esta necesidad, la más grande y la más vital de entre todas. No puede ser asá. Y no es as a Dios ha dado hombres eminentes en las artes y en las ciencias, pero ha suscitado Igualmente hombres con Intuición profunda, clarividentes y aptos en conocer y asimilar. Es a éstos a los que le ha revelado el camino de la piedad y de la virtud. Les ha explicado los fines de la vida y los valores morales y les ha confiado la misión de comunicar la divina Revelación a los demás seres humanos y de enseñarles el recto camino. Estos hombres son los profetas, los mensajeros de Dios.

Los profetas se distinguen en la sociedad humana por sus aptitudes especiales, sus extraordinarias capacidades y sus aptitudes natural es. El genio no se exige más que de él mismo y convence automáticamente a los demás. Por ejemplo, cuando se oye a un verdadero poeta, se reconoce en seguida su genio extraordinario, los que no poseen naturalmente este talento no llegarán nunca a alcanzar esta excelencia incluso procurándolo con todas sus fuerzas. Del mismo modo para los oradores, escritores, jefes, inventores de nacimiento. Cada uno de estos talentos se distingue por su aptitud y sus resultados extraordinarios. Los demás no pueden compararse a ellos. Del mismo modo con el profeta. Su espíritu comprende problemas que se escapan a los demás talentos; explica los asuntos que nadie puede abordar: su intuición aclara cuestiones tan sutiles y tan complicadas que nadie llegaría a comprender, incluso después de años de reflexión y meditaciones profundas. Su razón aprueba todo lo que dice; el corazón siente que esto es verdad; la experiencia y las observaciones de los fenómenos del mundo atestiguan toda la veracidad de sus palabras. Pero si intentamos nosotros mismos hacer lo mismo, sería un fracaso. La naturaleza y las aptitudes del profeta son tan buenas y tan puras que su actitud es siempre digna de confianza, honesta y notable. No hace mal, ni profiere malas palabras. Inculca siempre la virtud y practica él mismo lo que predica a los demás. En ningún caso su vida está en desacuerdo con sus ideales. Ni sus palabras, ni sus actos son dictados por el Interés personal Sufre por el bien de los demás sin esperar recompensa. Su vida entera es un ejemplo de verdad, nobleza, pureza de naturaleza, pensamiento elevado, la forma más exaltada de la humanidad. Su carácter es irreprochable y su vida está exenta de debilidades. Todos estos hechos, todos estos atributos prueban que es el profeta de Dios y que se puede tener fe en él.

Cuando queda evidente que tal persona es el verdadero profeta enviado de Dios, es lógico escuchar sus palabras, seguir sus instrucciones, ejecutar sus órdenes. Sería ilógico reconocer a un hombre como verdadero profeta de Dios y después no creer en lo que dice, o no seguir lo que ordena. Porque la aceptación misma de este hombre, como un profeta enviado de Dios, significa que se admite que sus palabras vienen de Dios y que todas sus acciones están en conformidad con la voluntad y el placer de Dios. Desobedecerle es desobedecer a Dios y desobedecer a Dios no lleva más que a la ruina y desolación. Es por esto por lo que el reconocimiento mismo del profeta os obliga a inclinaros ante sus instrucciones y aceptarlas sin murmurar, sean cuales fueren. Tal vez no podréis comprender su sabiduría o la utilidad de tal o cual orden, pero el hecho mismo de que una instrucción venga del profeta es una garantía suficiente de su veracidad y no podría haber lugar para la duda o la sospecha. Si no lo comprendéis esto, no quiere decir que haya error, porque la comprensión del hombre ordinario no es perfecta. tiene sus limitaciones que no pueden ser ignoradas. Es evidente que el que no conoce un arte a fondo, no puede comprender las sutilezas, pero ¡sería estúpido rechazar lo que dice un experto simplemente porque no se comprende perfectamente su juicio! Es preciso anotar que en todas las ocupaciones de este mundo, se tiene necesidad de consejos de un experto, y cuando os dirigís a él, lo hacéis con confianza. Preferís no juzgar por vosotros mismos sino seguir sus consejos. Todo el mundo no puede sobresalir en todas las artes y materias. La gente corriente hace cuanto puede y para las cosas que ignora, emplea toda su sabiduría y su sagacidad en encontrar al hombre cualificado que podrá guiarla y ayudarla; una vez que lo encuentra, acepta y sigue sus consejos. Cuando estáis convencidos de que tal persona es el hombre más cualificado para el problema que os ocupa, solicitáis, sus consejos y mandatos y le dais confianza. La interrupción a cada instante para decir: «Explíqueme esto antes de ir más lejos», sería evidentemente ridículo. Cuando contratáis a un hombre de leyes para un pleito, no os metéis en lo que hace en cada noticia nueva del procedimiento. Es mejor darle confianza y seguir sus consejos. Para un tratamiento medio, vais a consultar al médico, y os conformáis con sus instrucciones. No os interpoléis en las cuestiones médicas y no practicáis vuestros dones de lógica en argumentar con el médico. Es la conducta que conviene adoptar en la vida. Lo mismo debe ocurrir en materia de religión. tenéis necesidad de conocer a Dios, y de encontrar el modo de vida que puede agradarle; y no tenéis medios de adquirir este conocimiento. Os incumbe, por consiguiente, buscar un verdadero profeta de Dios; os hará falta usar un cuidado infinito de discernimiento y de sagacidad en esta búsqueda, porque si escogéis a alguno que no sea un verdadero profeta, os llevará al mal camino. Sin embargo, si después de haber meditado, pensado y reflexionado, acabaseis por decir que tal persona es realmente el profeta enviado de Dios, entonces debéis darle enteramente confianza y obedecer fielmente en todas sus instrucciones.

Ahora está claro que el camino recto es aquel y sélo aquel que el profeta declare venir de Dios. Se comprenderá fácilmente que la fe y la obediencia al profeta son absolutamente vitales para todo el mundo, y que un hombre que rechaza las instrucciones del profeta y trata de abrirse él mismo una ruta, se desvía del recto camino y es seguro su extravío.

En esta materia, los hombres se han sentido culpables de extraños errores. Algunos han admitido que el profeta era íntegro y digno de confianza, per o no tienen el iman (la fe en él) ni siguen sus consejos para dirigir su vida. Son no solamente kafir sino que también se comportan de una manera muy imprudente e ilógica: pues no escuchar al profeta después de haberlo reconocido como tal, significa que se comprometen voluntariamente en el error. ¡Puede haber locura más grande!

Otros han declarado: «No necesitamos al profeta para guiarnos, podemos encontrar por nosotros mismos el camino de la verdad». Esto es igualmente un punto de vista erróneo. Habéis estudiado probablemente la geometría, y sabéis que entre dos puntos no puede pasar más que una sola línea recta, y que todas las demás líneas son curvas o no tocan los dos puntos a la vez. Lo mismo ocurre para el camino de la verdad, que en el lenguaje del Islam se llama as cirata l mustaquim («el camino recto»). Este camino parte del hombre y va derecho a Dios, y no existe más que uno solo y único; todos los demás caminos son aberraciones. Este camino recto ha sido trazado por el profeta y no puede haber otro. El hombre que desdeña este camino y busca otra vías, es víctima de su propia imaginación. Elige una vida y se imagina que es la buena, pero se pierde pronto en los meandros y el laberinto de su imaginación. ¿Qué pensaríais si cuando alguien se extravía y una persona caritativa le enseña el camino a seguir, Ignora completamente el consejo y declara: «Yo no tengo que cumplir vuestros mandatos y no tomaré el camino que me habéis indicado, pues yo mismo voy a salir al azar en esta región desconocida y trataré de alcanzar mi destino a mi manera»? Este modo de actuar sería verdaderamente estúpido cuando se dispone de las directivas luminosas de los profetas. Si todo el, mundo tratase de partir de cero, esto sería una enorme pérdida de tiempo y de energía. Si no hacemos nunca esto en el dominio de la ciencia o de las artes; ¿por qué hacerlo en el dominio de la religión?

Es una aptitud bastante común y reflexionando un poco, se ve cuán errónea y defectuosa es. Pero si se piensa en el la un poco más profundamente se advierte que el que niega tener confianza en el verdadero profeta no descubrirá el camino recto, directo o no, que lleva a Dios Esto, porque el que niega seguir los consejos de un hombre apasionado de la verdad, adopta por lo mismo una actitud tan perversa que las perspectivas de la verdad le serán extrañas y llega a ser la víctima de su propia obstinación, de su arrogancia, de sus prevenciones y de su perversidad. Esta negación viene a menudo de un amor propio mal situado, de una conservación ciega, -y de una adhesión obstinada a las tradiciones ancestrales, o de un abandono en los bajos instintos cuya satisfacción se hacen imposibles si se somete a la enseñanza de los profetas. Si un hombre se encuentra en tal estado de espíritu, el camino de la verdad le será cerrado. Tal enfermedad no puede ver las cosas con los colores de la realidad. No descubrirá ningún camino hacia la salvación. Pero por otra parte, si un hombre es sincero, ama la verdad, y no es esclavo de ninguno de los complejos que venimos citando, el camino de la realidad se abrirá ante él, y no tiene ninguna razón de rechazar las palabras del profeta. Al contrario, descubre en las enseñanzas del profeta el eco mismo de su propio alma, y se descubre, descubriendo al profeta.

Por encima de todo, el verdadero Profeta es suscitado por Dios mismo. Es si quien le ha enviado a la Humanidad para transmitir su mensaje a su pueblo. Dios mismo nos ordena tener fe en el profeta y escucharle. Pues el que niega creer en él, niega, de hecho, seguir los mandamientos de Dios y llega a ser un rebelde. Es indiscutible que el que niega reconocer la autoridad del representante del Soberano, niega, en efecto, la del Soberano mismo Esta de obediencia hace de él un rebelde. Dios es el Señor del Universo, el verdadero Soberano, el Rey de reyes, y es el deber más estricto de todo hombre, reconocer la autoridad de sus mensajeros y de sus apóstoles, y de obedecerles como a sus profetas acreditados. El que se aparte del profeta de Dios es seguramente un kafir, ya sea creyente en Dios o in l crédulo.

Resumen histórico

Examinemos ahora la historia del apostolado. Veamos cuáles fueron los primeros eslabones de esta larga cadena de profetas que concluye con el apostolado del último de los profetas, Muhammad -la paz sea con él-.

La raza humana tiene su origen en un hombre: Adán. Es a partir de él y de su posterldad como la familia humana se extendié y multiplicó. Todos los seres humanos de este mundo son descendientes de esta pareja original: Adán y Eva. La Historia y la Religión están de acuerdo en este punto. Las investigaciones científicas sobre el origen del hombre no han podido demostrar jamás que en el origen hubieran aparecido diferentes hombres, simultáneamente o en tiempos diferentes, en distintas partes del globo terrestre. La mayoría de los sables suponen que un primer hombre habría existido desde el principio y que la raza humana entera vendría de este mismo hombre.

Adán, el primer hombre en la tierra, fue igualmente el primer profeta de Dios, al cual revelé su religión -el Islam- y le ordené transmitirla a sus descendientes: de enseñarles que Dios es Único, el Creador, el Soberano del mundo; que es el Señor del Universo, y Si únicamente debe ser adorado y obedecido; que es a si al que deberán volver un día; nada más que a Él deben pedirle ayuda, que deberían llevar una vida piadosa y honesta que agrade a Dios. Si viven así, serán benditos por Dios y recompensados como merecen, pero si se apartan de Si, y le desobedecen, serán perdedores tanto en esta vida como en la otra, y severamente castigados por esta incredulidad y esta desobediencia.

Los mejores entre los descendientes de Adán siguieron el camino recto indicado por su padre, pero los perversos abandonaron sus enseñanzas y se desviaron gradualmente en direcciones erróneas. Algunos se pusieron a adorar al Sol, la Luna y las estrellas; otros a los árboles, los animales y los ríos. Otros creen que el aire, el agua, el fuego, la salud, todos los beneficios y la fuerza de la Naturaleza eran atributos de diversos dioses y que era preciso adorarlos a todos para atraerse sus gracias. De esta manera, la ignorancia produjo numerosas formas de chirk o politeísmo e idolatría y las religiones se multiplicaron. Era la época en que la descendencia de Adán se había extendido por la superficie del globo terrestre y había formado varias razas y naciones. Cada nación se constituía su propia religión, con sus ritos y sus cultos propios. Dios -el único Señor y Creador de la Humanidad y del Universo- era olvidado completamente. Mucho peor, los descendientes de Adán olvidaron hasta el género de vida que les había sido prescrito por Dios y que su gran antepasado les hubiera enseñado. Habían seguido sus propias tendencias. Las malas prácticas y las erróneas ideas se multiplicaron. Los hombres comenzaron a no saber distinguir el bien del mal. Muchas cosas malas fueron consideradas como buenas y muchas cosas buenas eran, no solamente ignoradas sino, consideradas como malas.

En este estado, Dios comenzó a suscitar profetas en cada nación, para que predicaran el Islam. Cada uno recordaba a su pueblo la lección que había olvidado. Les enseñaron la adoración de Dios, pusieron fin a la idolatría y a la práctica de chirk (asociar otras divinidades con Dios) limpiándose de todas las costumbres salidas de la ignorancia, les inculcaron el modo de vida que conviene practicar para agradar a Dios, y les dieron códigos de leyes para vivir en sociedad. Los profetas de Dios fueron suscitados en todos los países, entre todos los pueblos. Todos profesaban la misma religión -el Islam-.

Sin duda, los métodos de enseñanza y los códigos de leyes de los diversos profetas diferían según las necesidades y el nivel de cultura del pueblo al cual eran destinados. Las enseñanzas particulares de cada profeta eran determinadas por los males que debían ser confrontados y que trataban de estirpar. Los métodos de reforma diferían también por ser mejor de combatir tal o tal idea. Si una nación no hubiera alcanzado más que un estado todavía bastante primitivo de su civilización y de su desarrollo intelectual, las leyes y los principios de los profetas eran simples; se modificaban y se mejoraban en función de la evolución del progreso de la sociedad. Estas diferencias, sin embargo, son puramente formales y superficiales. Las enseñanzas fundamentales de todas las religiones eran las mismas: creencia en la unidad de Dios, vida piadosa, virtuosa y apacible, creencia en una vida después de la muerte con su justo sistema de recompensa y de castigo.

La actitud del hombre hacia los verdaderos profetas de Dios ha sido muy extraña. Al principio los maltrataban y rehusaban escuchar y seguir sus enseñanzas. Algunos profetas fueron desterrados; otros asesinados; otros frente a la indiferencia del pueblo, continuaron predicando toda su vida, para no ganar más que un puñado de discípulos. En medio de la oposición, de la burla y de las humillaciones fastidiosas a las cuales estaban perpetuamente sometidos, estos apóstoles de Dios no abandonaron la predicación. Su determinación paciente triunfé finalmente: su enseñanza no quedé sin efecto. Importantes grupos de pueblos v naciones aceptaron su mensaje y se convirtieron a sus ideas. Los errores nacidos de siglos de desviación, de ignorancia y malas prácticas tomaron, entonces, otra forma: mientras que los profetas estuvieron con vida, sus enseñanzas fueron seguidas y aceptadas, pero después de su muerte, las naciones volvieron a introducir sus viejos errores en sus religiones y alteraron los mandatos de los profetas. Adoptaron formas nuevas de adoración; algunos se pusieron a adorar incluso a su profeta, acabando ya en las encarnaciones de Dios, ya los hijos de Dios; otros asociaron incluso a sus profetas con Dios en la divinidad. En resumen, las distintas aptitudes que adopta el hombre a este respecto eran un disfraz de su razón y una burla; idolatraba a las personas incluso a los que su misión sagrada había sido - destruir a los ídolos. Mezclando la religión, las costumbres y los ritos de la ignorancia, las anécdotas falsas y sin fundamento y las leyes inventadas por ellos mismos, los hombres cambiaron y pervirtieron, a tal punto la ideología de los profetas, que después de varios siglos, había llegado a ser una mezcla de realidad y ficción, y las enseñanzas de los profetas desaparecieron en un conglomerado de perversiones y defección, hasta el punto que era imposible distinguir la semilla de la cascara. No contentos de corromper la enseñanza de los profetas, introdujeron anécdotas inventadas y tradiciones apócrifas en la vida de los profetas y desfiguraron, hasta tal punto, sus biografías que llegó a ser imposible hacer de ellos un informe exacto y digno de fe. A pesar de estas corrupciones ulteriores, el trabajo de los profetas no fue completamente inútil. Entre todas las naciones, a pesar de todas las interpolaciones y alteraciones, quedaron algunas huellas de la verdad. La idea de Dios y de la vida que hay después de la muerte, algunos principios de bondad y moralidad han sido definitivamente adoptados y asimilados bajo una forma u otra por todos los pueblos. Los profetas han preparado, pues, moralmente a sus pueblos respectivos en recibir una religión universal -una religión en perfecta armonía con la naturaleza humana-, que fue el resumen de todo lo que había de bueno en las creencias y las sociedades anteriores, y generalmente aceptable por la Humanidad entera.

Como hemos dicho ya, al principio aparecieron diferentes profetas en cada nación, y su enseñanza era concebida especial y específicamente por cada pueblo. La razón era que en esta época de la historia, las naciones vivían separadas y hasta tal punto aisladas las unas de las otras que cada una quedaba confinada en el interior de sus límites geográficos y las posibilidades de intercambio eran prácticamente inexistentes. En tales circunstancias era extremadamente difícil propagar una fe mundial común, con su sistema común de leyes y reglas para la vida en esta tierra. Por lo demás, las condiciones generales de las naciones de la Antigüedad variaban enormemente entre ellas. La ignorancia era inmensa y había producido, según los pueblos, formas diferentes de aberraciones morales y corrupción de la fe. Era, pues, necesario que diferentes profetas fuesen suscitados para predicarles la verdad y ganarles el camino de Dios; para eliminar progresivamente las maldades y las aberraciones, sacarles de su ignorancia, enseñarles a practicar los nobles principios de una vida simple, piadosa y honesta, y también educarles en las artes y las profesiones de la vida. Dios sélo sabe cuántos siglos transcurrieron para educar al hombre y hacerle progresar mentalmente, moralmente y espiritualmente. En todos los aspectos el hombre no deja de progresar, y finalmente llegará el tiempo en que deje el estado de infancia, y alcance la madurez.

Con el progreso y el desarrollo del comercio, de la industria y de las artes, las relaciones se establecieron entre las naciones. De la China y del Japón, de las lejanas tierras de Europa y ¡frica, itinerarios regulares se abrieron tanto por tierra como por mar. Muchas gentes aprendieron a leer y escribir: la instrucción aumenté. Las ideas y el saber comenzaron a comunicarse de país a país. Aparecieron grandes conquistadores: Extendieron sus conquistas, constituyeron vastos imperios y reunieron bajo el mismo dominio naciones muy diferentes. De este modo los pueblos se aproximaron y las diferencias se esfumaron.

Las condiciones se encontraban así reunidas para que una fe única, que preconizase un modo de vida universal, respondiendo a todas las necesidades humanas, morales, espirituales, sociales, culturales, políticas, económicas y otras de los hombres, y que comprendiese a la vez elementos religiosos y seculares, fuese enviada por Dios a la Humanidad entera Hace más de dos mil años la Humanidad tenia un estado de desarrollo mental que aspiraba a una religión universal. El Budismo, que no comprendía más que algunos principios morales, pero no era un sistema de vida completo, tuvo su origen en la India, se extendié hasta Japón y Mongolia por una parte y a Afganistán y a Bukhara por otra parte Sus misiones recorrieron el mundo. Algunos siglos más tarde apareció el cristianismo. Aunque la religión enseñada por Jesucristo -la paz sea con él- no fue otra más que el Islam, sus discípulos y partidarios la redujeron a una mezcolanza llamada cristianismo, y esta religión manifiestamente destinada solamente a los israelitas, fue extendida por Persia, Asia Menor, Europa y ¡frica. Estos acontecimientos prueban claramente que las condiciones de esta época exigían una condición común a toda la Humanidad y la necesidad se hacia sentir tan fuerte que a falta de religión verdadera y completa los hombres comenzaron a abrazar las religiones existentes, todas imperfectas, fueran cuales fueran.

En un estado tan crucial de la civilización, cuando el mismo espíritu humano exigía una religión mundial, un profeta fue suscitado en Arabia para el mundo entero y para todas las naciones. La religión que le fue encargada de propagar era de nuevo el Islam, pero esta vez bajo la forma de un sistema completo, acabado, aplicándose a todos los aspectos de la vida material e individual del hombre. Fue hecho profeta de toda la raza humana y su misión se extendió por el mundo entero. Es Muhammad, el profeta del Islam -la paz sea con él-.

El apostolado de Muhammad

Echemos una mirada al mapa del mundo. Nos daremos cuenta que no había país más apropiado que Arabia para esta religión universal que llegó a ser tan necesaria. Arabia está situada entre Asia y ¡frica, no demasiado lejos de Europa. En la época de Muhammad, la parte meridional de Europa estaba habitada por naciones civilizadas y culturalmente desarrolladas: y así, estos pueblos se encontraban a casi igual distancia de Arabia que los pueblos de la India. Esto daba a Arabia una posición central.

Si estudiáis la historia de esta época, veréis Igual mente que ningún otro pueblo era más apropiado para recibir el apostolado que los árabes.

Las grandes naciones del mundo habían combatido sin suerte por la supremacía mundial, y en esta larga e incesante lucha, habían agotado todos sus recursos y su vitalidad. Los árabes eran un pueblo nuevo y viril. EI pretendido progreso social habla producido malas costumbres entre las naciones desarrolladas mientras que entre los árabes no existía tal organización social, estaban por consiguiente desprovistos de la pereza, del envilecimiento, y de los vicios nacidos del lujo y de la sociedad sensual. Los árabes paganos del siglo VII no habían sido afectados por las malas influencias de los sistemas sociales y de la civilización artificial de las grandes naciones del mundo. Poseían todas las cualidades humanas sanas de un pueblo no alcanzado por el «progreso social» del tiempo. Eran valerosos, generosos, fieles a la palabra dada, espíritu de libertad, políticamente independientes, libres de toda hegemonía. Vivían una vida frugal, sin conocer el lujo o la licencia. Sin duda, tenían también aspectos reprensibles en su vida Igualmente, como veremos más tarde; pero la razón de ello era que desde milenios ningún profeta se había manifestado entre ellos, ningún reformador para civilizarlos y expulgar su vida moral de todas sus impurezas. Siglos de vida libre e independiente en desiertos de arena, los habían vuelto extremadamente Ignorantes. Estaban por consiguiente tan endurecidos y arraigados en sus tradiciones de ignorancia que humanizarles no era la tarea de un hombre ordinario. Pero, por otro lado, si alguno dotado de poderes extraordinarios iba a invitarles a reformarse, y darles un noble ideal y un programa completo, estaban dispuestos a escuchar su llamamiento y obrar con buena voluntad hacia tal fin, sin retroceder ante ningún sacrificio por esta causa. Estaban dispuestos a hacer frente, sin el menor sentimiento, a la hostilidad del mundo entero por la causa de su misión. Sinceramente, tal pueblo era, joven, lleno de fuerza viril, que era necesario para extender las enseñanzas del profeta universal: Muhammad -la paz sea con él-.

Considerad luego la lengua árabe; si la estudiáis, si habéis estudiado la literatura árabe, os habréis convencido de que no hay lengua más apropiada para expresar ideales elevados, para explicar los problemas más sutiles y más delicados del conocimiento divino, para tocar el corazón del hombre e inclinarlo a la sumisión de Dios. Frases cortas son suficientes para expresar todo un mundo de Ideas y al mismo tiempo grabar tal señal en el corazón que fácilmente lleva a las lágrimas y al éxtasis. Son dulces como la miel, tan armoniosas que hacen vibrar, con su música, todas las fibras del cuerpo humano. Es una lengua tan rica y tan poderosa que era necesario para el Corán, la Sagrada Palabra de Dios.

Es pues una manifestación suplementaria de la gran sabiduría divina haber elegido la tierra de Arabia como lugar de nacimiento del profeta universal. Veamos ahora cuán única y extraordinaria era la personalidad bendita que Dios eligió para esta misión del profeta universal.

Si se pudieran cerrar los ojos y trasladarse al mundo de hace mil cuatrocientos años, se vería que era un mundo completamente diferente del nuestro, que no ofrece el menor parecido con el caos que nos rodea. Las ocasiones de cambiar de ideas eran raras; los medios de comunicación, primitivos e insuficientes; el conocimiento humano, reducido y estrecho en su concepto, bañado en una atmósfera de superstición y de ideas locas y pervertidas.

Las tinieblas reinaban. Los conocimientos de la época no eran suficientes para iluminar el horizonte del espíritu humano. No había ni radio, ni teléfono, ni televisión, ni cine. Los trenes, los coches y los aviones no eran incluso concebibles y se ignoraba completamente la imprenta y la edición. Manuscritos, obras de los copistas, abastecían solos el ramo material literario para ser transmitido de una generación a otra. La instrucción era un lujo, reservado a los más afortunados, y las escuelas eran extremadamente raras. La Idea de los conocimientos humanos era poco Importante . El hombre ten la un concepto estrecho y sus ideas sobre él mismo y sobre la Creación se limitaban a su horizonte limitado. Incluso un sabio de ésta época estaba desprovlsto de algunos conceptos del saber poseído por la mayoría de los mortales hoy día. Las gentes no cultivadas eran menos refinadas que el hombre de la calle de ahora.

Verdaderamente la Humanidad estaba sumergida en la ignorancia y la superstición. El débil reflejo de conocimiento que existía, entonces, parecía librar un combate perdido de antemano contra las tinieblas que triunfaban alrededor. Lo que es hoy considerado como un nivel medio de instrucción, podía difícilmente ser alcanzado en aquellos tiempos, incluso después de años de búsqueda y de reflexión pacientes. Las gentes emprendían viajes arriesgados y pasaban toda su vida en adquirir la poca instrucción que es hoy patrimonio de todos. Las cosas que se llaman ahora mitos y supersticiones eran, en esta época, verdades indiscutibles. Los actos considerados hoy como aborrecibles y bárbaros eran entonces hechos normales. Métodos odiosos en nuestro actual sentido de la moral, constituían la base misma de la moralidad, y no se podía imaginar, en este tiempo, que pudiera existir otro género de vida. La incredulidad había tomado tales proporciones y se había extendido de tal modo que las gentes no consideraban como elevado y sublime más que lo sobrenatural, lo extraordinario, lo misterioso e incluso lo insensato. Habían adquirido tal complejo de inferioridad que no podían imaginar que un ser humano pudiera poseer un alma - divina o que un santo fuese hecho hombre.

Arabia -Abismo de tinieblas-

En esta era de incultura había un país donde las tinieblas eran aún más espesas que en cualquier parte. Los países vecinos, Persia, Bizancio, Egipto, eran más civilizados y cultivados, pero, Arabia no estaba de ningún modo influenciada por su cultura. Estaba aislada por vastos océanos de arena. Los mercaderes árabes que emprendían largos periplos de varios meses, comerciaban con estos países, pero no podían adquirir el saber durante estos viajes. En su país no había ni escuelas, ni bibliotecas, nadie parecía interesarse por el desarrollo de la ciencia. Las raras personas que sabían leer y escribir no estaban bastante instruidas como para interesarse en las artes y en las ciencias existentes. Tenían un lenguaje muy desarrollado, capaces de expresar los más sutiles matices del pensamiento humano, y un gusto literario refinado, pero el estudio de vestigios de su literatura, indica en cambio que su saber era limitado, su nivel de civilización bajo y estaban impregnados de supersticiones, sus pensamientos y costumbres eran bárbaros y feroces, sus conceptos morales rudos y envilecidos.

Era un país sin gobierno. Cada tribu reclamaba la soberanía y se consideraba como independiente. No había otra ley que la de la rudeza. El botín, el incendio, el homicidio del débil y del inocente estaban a la orden del día. La vida humana, la propiedad, y el honor estaban constantemente amenazados. Las diferentes tribus guerreaban entre ellas. El más banal Incidente era suficiente para suscitar una querella que degeneraba en combate furioso o a veces incluso en conflicto a escala de un país, que duraba decenios de años. Un beduino no veía la necesidad de perdonar a un miembro de otra tribu, que pensaba él tenía perfectamente el derecho de matar y saquear.

Todas las nociones de moral, cultura, civilización que podían tener, eran primitivas y toscas. Distinguían difícilmente lo puro de lo impuro, lo legal de lo ideal, lo civil de lo incivil. Tenían una vida ruda, costumbres bárbaras, se complacían en el adulterio, el juego y la bebida. El botín y el pillaje eran su divisa, el asesinato y la rapiña cosas cotidianas y banales. Se presentaban desnudos en público sin el menor pudor. Incluso las mujeres iban desnudas a la procesión al rededor de la kaba. Por estúpidas nociones de prestigio, enterraban vivas a sus hijas. Se casaban con sus madrastras después de la muerte de su padre. Ignoraban hasta los rudimentos de la rutina cotidiana de la alimentación, del vestido y de la higiene.

En lo que concierne a sus creencias religiosas sufrían de los mismos males que atacaban al resto del mundo. Adoraban a las piedras, los árboles, los ídolos, los espíritus, en resumen, todo lo que se puede imaginar, salvo a Dios. Recordaban vagamente que Abraham e Ismael eran sus antepasados, pero no sabían prácticamente nada de lo que habían predicado, ni del Dios que habían adorado. Las historias de Aad y de Thamud se encontraban en sus tradiciones populares, pero no contenían ningún rasgo de las enseñanzas de los profetas Hud y Salih. Los judíos y los cristianos les habían transmitido algunas leyendas tradicionales, refiriéndose a los profetas israelitas que daban una imagen lamentable de estas nobles almas. La ficción de su propia imaginación había adulterado sus enseñanzas y borrado la noble postura de sus vidas. Hoy, aún, se puede tener una idea de los conceptos religiosos de estas gentes echando un vistazo a las tradiciones Israelitas que los comentaristas islámicos del Corán nos han transmitido. El cuadro que se ha hecho del apostolado y del carácter de los profetas israelitas es la antítesis de todo lo que estos nobles defensores de la verdad habían creído.

El Salvador nacido

Es en esta época y en este país tan inculto donde nació un hombre. Sus padres mueren cuando él era todavía un niño, y algunos años más tarde, su abuelo muere. Con este hecho es privado de la poca Instrucción y educación que podía recibir un niño árabe de esta época. Durante su infancia guardé rebaños de carneros y cabras con otros pequeños beduinos. Cuando llegó a adulto, entré en el comercio. No tenía relaciones más que con árabes, de los que acabamos de describir su situación. No es instruido en absoluto y es completamente analfabeto. Nunca tuvo la posibilidad de estar en compañía de gente Instruida, porque tales hombres no existían en Arabia. Tuvo algunas ocasiones de salir de su país, pero estos viajes se limitaban a Siria, y no son más que ordinarios viajes comerciales emprendidos por las caravanas árabes. Si encontré gentes instruidas allí, o si tuvo ocasión de observar diversos aspectos de la civilización, estos encuentros y estas observaciones fortuitas no juegan ciertamente, ningún papel en la formación de su personalidad, pues tales incidentes tan fragmentarios no habrían jamás podido tener sobre cualquiera una influencia profunda hasta el punto de hacerle abandonar su medio ambiente, transformarlo completamente y elevarlo a tales alturas de originalidad y de gloria sin que quede ninguna afinidad entre él y la sociedad de la que salió. Estas observaciones no pueden nunca ser la base del inmenso conocimiento suficiente para transformar un beduino analfabeto en un jefe, no solamente de su propio país, sino del mundo entero y para todos los tiempos futuros. Sea cual fuere la influencia cultural e intelectual que se le pueda atribuir a estos viajes, no podían en ningún caso sugerirle estos conceptos y estos principios de moral religiosa, de cultura y de civilización totalmente inexistentes en el mundo de esta época, ni crear este modelo sublime y perfecto de carácter humano, que no se podía encontrar entonces.

Un diamante en un montón de piedras

Consideremos ahora la vida y la obra de este hombre notable, no solamente en el contexto de la sociedad árabe, sino también en el del mundo entero tal como era entonces.

Este hombre es completamente diferente a las gentes entre las cuales nació, y con las que pasé su juventud y sus primeros años de hombre adulto.

No mintió nunca. Su pueblo es unánime en testimoniar su lealtad. Incluso sus peores enemigos no le acusaron nunca de haber proferido una sola mentira en su vida. Habló cortésmente y no empleé nunca un lenguaje obsceno o injurioso. Tuvo una personalidad y modales encantadores y conquistadores que cautivaron el corazón de los que le encontraban. En sus relaciones con sus semejantes, siguió siempre los principios de la justicia. Hizo comercio durante años pero no hizo jamás una sola transacción indigna. Los que negociaron con él tenían toda confianza en su integridad. La nación entera le llamaba al-amin («el sincero y digno de confianza»). Incluso sus enemigos depositaban sus bienes, los más preciosos, en su casa para seguridad, y se mostraba digno de confianza. Es el símbolo mismo de la modestia. Nació y se educó entre un pueblo que consideraba la embriaguez y el juego como virtudes, pero no bebió jamás ni se dejé ir a jugar. Su pueblo es brutal, Inculto y sucio, pero él personificaba en sí mismo la cultura más alta y la apariencia más refinada. Rodeado de gentes crueles, tuvo un corazón que desbordaba ternura humana. Ayudé a la viuda y al huérfano, es hospitalario para los viajeros. No hace daño a nadie, sino sufre más bien por los demás. Viviendo entre gentes para los que la guerra es el pan cotidiano, es espíritu de paz de manera que su corazón sangra por ellos cuando toman las armas y se asesinan. El queda por encima de las querellas de tribus, y es siempre el primero en proponer la reconciliación. Educado en una raza idólatra, tiene un espíritu tan clarividente y un alma tan pura que sabe que nada en los cielos ni en la tierra es digno de adoración, salvo el Único y Verdadero Dios. No se inclina ante ninguna criatura, no participa en las ofrendas hechas a los ídolos, esto desde su más tierna infancia. Aborrece instintivamente toda forma de adoración que no se aplique a Dios. En resumen, la personalidad brillante y extraordinaria de este hombre aparece, en medio de un contorno tan obscuro, como un faro iluminando la noche espesa, o un diamante resplandeciente en un montón de guijarros.

Una revolución se produce

Después de haber vivido durante mucho tiempo una vida tan casta, tan pura y elevada, su existencia es repentinamente trastornada. Se siente cansado do las tinieblas y de la ignorancia que le rodea. Quiere escapar de estos abismos de corrupción, inmoralidad, idolatría, y desorden, que le rodean por todas partes. Todo, alrededor de él, hiere su alma. Se retira a las colinas, lejos del tumulto de la sociedad. Pasa días y noches meditando en la más completa soledad. Ayuna para que su alma y su corazón lleguen a ser aún más puros y más nobles. Anduvo errante y medité profundamente. Busca una luz que pueda disipar las tinieblas que le rodean. Quiere captarlas para mentalizar al mundo corrompido de su tiempo, y poner los cimientos de un mundo mejor.

He aquí que una notable revolución se produce en él. De pronto su corazón es iluminado por la luz divina, que le da el poder que había soñado poseer. Deja la soledad de su gente, vuelve hacia el pueblo, y se dirige a ellos en estos términos:

«Los ídolos que adoráis son una pura superchería, dejad de adorarlos. Ningún ser humano, ninguna estrella, ningún árbol, ninguna piedra, ningún espíritu, merece recibir culto. No inclinéis vuestras cabezas ante ellos. El Universo entero, y todo lo que contiene, pertenece al único Dios todopoderoso. El solo es vuestro creador, vuestro mantenedor, y por consiguiente vuestro verdadero Soberano. Es ante Él donde debéis inclinaros, rezad, y haced acto de obediencia. Así pues, no adoréis más que a si, y no obedezcáis más que a sus únicos mandatos. El botín, el pillaje, el asesinato, el robo, la injusticia y la crueldad, todos los vicios que practicáis son crímenes a los ojos de Dios. Abandonad vuestros modales inicuos. Dios los aborrece. Decid la verdad, sed justos, no robéis, tomad solamente la parte que os corresponde. Dad lo que es debido a los demás con justicia, sois seres humanos y todos los seres humanos son iguales a los ojos de Dios. Nadie ha nacido señalado con el sello de la Infamia o de la nobleza. Sólo es noble y honorable el que cree en Dios, es piadoso, y sincero tanto en sus palabras como en sus actos. Las distinciones de nobleza, gloria y raza no son criterios de grandeza y honor. El que cree en Dios y hace justas acciones es el más noble de los hombres. El que está desprovisto de amor por Dios, que se ha habituado a malos modales, es maldecido. Hay un día fijado después de vuestra muerte en que tendreis que comparecer ante vuestro Señor. Seréis llamados a rendir cuentas de todas vuestras acciones, buenas y malas, y no podréis ocultar nada. Toda la historia de vuestra vida será como un libro abierto ante Él. Vuestra suerte dependerá de vuestras acciones, buenas o malas. Ante el tribunal del verdadero juez -Dios Omnipotente- no habrá recomendaciones ni favoritismos. No podéis pagarle. No se os tendrá en cuenta vuestro ltendréis el de vuestros antepasados. Sélo la fe verdadera y las buenas acciones serán consideradas en este momento. El que esté bien dotado de ellas tendrá en el cielo la felicidad eterna, mientras el que esté desprovísto será precipitado en las llamas del infierno».

Tal fue el mensaje que llevé. La nación se volvió contra él, los insultos y las piedras volaban hacia su augusta persona. Soporté toda clase de torturas y crueldades, y no durante un día o dos solamente, sino durante trece largos años. Finalmente fue exiliado. Pero incluso allí no se le concedió tregua. Fue atormentado de múltiples maneras en su refugio. Toda Arabia se levanté contra él. Es perseguido y acosado sin descanso durante ocho años enteros. Soporté todo eso sin que su posición varíase ni una pulgada. Es atrevido, cerrado e inflexible en su convicción.

¿Por qué esta hostilidad?

¿Por qué su pueblo llegó a ser su enemigo irreconciliable? ¿Se habían peleado a causa del oro, plata, o de otras riquezas de la tierra? ¿Era debido a alguna lucha de sangre? ¿Es que reclamaba alguna cosa de ellos? No. Toda esta hostilidad venia por el solo hecho de que se les había exigido adorar al Único y Verdadero Dios, y llevar una vida de rectitud, piedad, y bondad. Había predicado contra la idolatría había denunciado su modo de vida única. Había minado la autoridad del clero. Había fustigado contra todos las distinciones de inferioridad o de superioridad entre los seres humanos, y había condenado los prejuicios de clan y de raza, siendo como los signos de un espíritu ignorante; quería cambiar la estructura completa de la sociedad, que databa desde los tiempos inmemoriales. A su vuelta sus compatriotas le dijeron que los principios de su misión eran contrarios a sus tradiciones ancestrales y le exigieron renunciar, bajo pena de las peores consecuencias. Se puede preguntar: ¿Por qué soporté todas estas dificultades? Su nación le ofreció tomarle por rey y depositar a sus pies todas las riquezas del país, a condición de que abandonara su predicación y su mensaje.

Pero prefirió rechazar todas las proposiciones, incluso las más tentativas y sufrir por su causa. ¿Por qué? ¿Tenía algún provecho de ver a estas gentes volverse piadosas e integras?

¿Por qué no se preocupaba de las riquezas? ¿Del lujo, del reinado, de la gloria, de la fortuna? ¿Es que buscaba bienes materiales tan elevados. que estas proposiciones parecían insignificantes en comparación? ¿Es que estas ventajas eran tan atrayentes como para preferir sufrir el fuego, la espada, soportar con impasibilidad las torturas del cuerpo y del alma durante años? Es preciso meditar largamente sobre este punto para encontrar una respuesta.

¿Se puede imaginar un más alto ejemplo de sacrificio, de simpatía, de generosidad de corazón para sus semejantes, que el de este hombre que ofreció su propia felicidad por el bien de los demás, mientras que estas gentes le lapidaron, insultaron, le desterraron, no le perdonaron, incluso en su exilio, y que a pesar de todo negó parar de luchar por su bienestar?

Si hubiera estado de mala fe, ¿hubiera podido soportar tantos sufrimientos por una causa inconsistente? ¿Es que un especulador o un extravagante indigno hubiera podido dar pruebas de tal firmeza, aferrarse a su ideal hasta el fin, quedar sereno y determinado frente a todos los peligros y torturas imaginables, cuando un país entero se dirige en armas contra él? Esta fe, esta perseverancia, esta resolución con los cuales guiaba su movimiento al triunfo final, son por consiguiente pruebas elocuentes de la verdad suprema de su causa.

Si hubiera tenido el menor vestigio de duda e incertidumbre en su corazón, no habría podido jamás afrontar la tempestad que se desencadené durante veintiún largos anos.

Esto es uno de los aspectos de la revolución que se desarrollé en él. El otro aspecto es aún más maravilloso.

Un hombre transformado a los cuarenta años. ¿Por qué?

Durante cuarenta años, él vivió como un árabe entre los árabes. Durante este período, no se distinguió ni como jefe de estado, ni como predicador, ni como orador. Nadie le había oído proferir gestos de sabiduría y de conocimiento como comenzó a hacerlo más tarde. No se le había visto jamás discurriendo sobre los principios de metafísica, ética, derecho, economía y sociología. No so lamente no era un gran general, sino que no era incluso un simple soldado. No había dicho jamás una palabra sobre Dios, los ángeles, los libros revelados, los profetas antiguos, las naciones desaparecidas, el día del juicio, la vida después de la muerte, el cielo y el infierno. Es verdad que poseía un excelente carácter y modales encantadores, estaba altamente cultivado, sin embargo no había en él nada notable que hubiera podido dejar presagiar alguna cosa grande y revolucionaria, de su parte, en el futuro. Era conocido entre sus amistades como un ciudadano sabio, tranquilo, amable, respetuoso de las leyes y bien preparado. Cuando volvió de la cueva con un nuevo mensaje, estaba completamente transformado.

Cuando se puso a predicar su mensaje, toda Arabia quedé estupefacta, asombrada por su maravillosa elocuencia y sus talentos de orador. Era tan impresionante y cautivante que sus peores enemigos tenían miedo de oírle, miedo que no impresionara profundamente su corazón, y les hizo abandonar sus viejas religiones y sus viejos conceptos. Era tan incomparable que nadie, entre los poetas, los predicadores y los oradores árabes de la más alta categoría llegó a producir alguna cosa aproximándose a la belleza de su lenguaje y al esplendor de su dicción cuando desafié a sus adversarios de producir, incluso en grupo, el menor versículo comparable a lo que él recitaba.

Su mensaje universal

Además de eso, apareció entonces ante su pueblo como un filósofo único, un reformador notable que imprimió su sello en la cultura y la civilización, un político ilustre, un gran jefe, un juez de la más alta eminencia, y un incomparable general. Este beduino ilustre, este habitante del desierto, hablaba con un conocimiento y una sabiduría como no se había visto jamás antes, y que no se debía igualar más tarde. Expuso delicados problemas de metafísica y de teología, pronuncié discursos sobre los principios de la caída y del declive de las naciones y de los imperios, citando en apoyo de sus tesis los datos histéricos del pasado. Examiné las obras de los antiguos reformadores, juzgó las diversas religiones del mundo, dio juicios sobre las diferencias y las querellas entre las naciones. Decreté cánones éticos y culturales. Formulé leyes sociales, económicas sobre la conducta de grupo, las relaciones internacionales, tan sabias, que incluso los pensadores y sabios eminentes no pueden apreciarlas a su justo valor más que después de haber hecho largas búsquedas y adquirido una vastas experiencias de los hombres y de las cosas. Las bellezas de este mensaje no aparecen más que progresivamente a medida que el buscador avanza en el conocimiento teórico y la experiencia práctica.

Este mercader silencioso y amante de la paz, que antes no había manejado jamás la espada, que no tenía ninguna formación militar, que no había participado más que una vez en una batalla y solamente de espectador, se transformé repentinamente en un soldado tan valeroso que no retrocedió nunca incluso en el mismo corazón de las batallas más encarnizadas; llegó a ser un gran general que conquisté A