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Los Principios del Islam
Abu Al'Ala Al-Maududi (1903-1979)
Índice
- Biografía del Autor.
- Nota introductoria.
- ¿Por qué el «Islam» se llama
así?
- La naturaleza del Islam.
- La naturaleza del «kufr».
- Los beneficios del Islam.
- La fe y la obediencia.
- La fe: ¿Qué significa esto?
- ¿Como adquirir el conocimiento de Dios?
- Fe en lo desconocido.
- El apostolado.
- Resumen histórico.
- El apostolado de Muhammad.
- Arabia -Abismo de tinieblas-.
- El Salvador nacido.
- Un diamante en un montón de piedras.
- Una revolución se produce.
- ¿Por qué esta hostilidad?
- Un hombre transformado a los cuarenta años. ¿Por
qué?
- Su mensaje universal.
- Su contribución al pensamiento humano.
- El mas grande de los revolucionarios.
- El testimonio final.
- La finalidad del apostolado.
- Los artículos de la fe.
- «tawhid» - La fe en Dios único.
- La significación de la «kalima».
- Los efectos del «tawhid» en la vida del hombre.
- La fe en los ángeles de Dios.
- La fe en los libros de Dios.
- La fe en los Profetas de Dios.
- La fe en la vida ulterior después de la muerte.
- ¿Por que esta creencia es tan necesaria?
- La vida después de la muerte: Una apología
racional.
- La oración y la adoración.
- El espíritu del «ibadat», o la adoración.
- «salat».
- El Ayuno.
- El «zakat».
- «hajj» o peregrinación.
- Protección del Islam.
- «jihad».
- El «din» y el «chariah».
- Las fuentes del «chariah».
- «fiqh».
- El «tasawwuf».
- Los principios del «chariah».
- El «chariah» : derechos y deberes.
- Los derechos de Dios.
- Los derechos personales.
- Los derechos ajenos.
- Relaciones con los no Musulmanes.
- Los derechos de todas las criaturas.
- El «chariah»: La ley universal y eterna.
Biografía del Autor
Alabado sea Dios, el Señor del Universo, y la paz y la bendición
de Dios sean con su Apóstol y compañeros y con todo aquel
que siga su camino hasta el día del juicio Final.
Es un honor para mí presentar, al estimado lector, el autor de
este libro.
Su presentación, en el mundo islámico, sería innecesaria
porque es un gran sabio del Islam conocido, sobradamente, por todos. Es
fundador de una gran asociación islámica en Pakistán,
llamada «Asociación Islámica en Pakistán»,
un gran pensador islámico y excelente científico en cuestiones
religiosas y también un gran comentarista del Sagrado Corán
y ha dedicado y dedica toda su vida a la predicación de Dios y a
la defensa de la verdad.
La lucha que ha mantenido, en sus escritos y palabras, contra la tiranía
de los gobernador pakistaníes, ha sido la causa de que haya sido
encarcelado en varias ocasiones y de que hayan conspirado muchas veces
contra él, para de esta manera poder apagar la luz de Dios que lleva
dentro. Pero Dios, el Poderoso, Omnisapiente, le ha protegido, siempre,
de la malicia de sus enemigos para que siga siendo el faro que guía
e ilumina a la gente, porque ha sido, y es, un hombre de gran creencia
y conocimiento.
Sus libros son numerosos, de entre ellos podemos citar:
- La religión valiosa.
- El Islam y la ignorancia (Incredulidad).
- Comentario sobre la sura da la luz.
- Nosotros y la civilización occidental.
- El movimiento del control de natalidad.
- Al-Hiyab (cubrimiento del cuerpo de la mujer).
- La teoría del Islam y su juicio en lo político - jurídico
y estatutos.
- Estudio acerca de la propiedad de la tierra.
- El sistema de vida en el Islam.
- La usura.
- Los cuatro modismos en el Corán.
- ¿Qué es «Al-Qadianiah»?
- Principios básicos para comprender el Corán.
- Principios del Islam.
- El verdadero testimonio.
- El Islam ante el desafío contemporáneo.
Su forma tan extraordinaria de explicar el Islam a las gentes y sus
pruebas evidentes, forman un gran muro ante los enemigos del Islam de este
siglo.
En su famosa revista mensual «Intérprete del Corán»
traté muchos problemas contemporáneos, por los que está
atravesando la sociedad musulmana, hoy día; presentando, a su vez,
las soluciones en varios artículos como:
- La visión del Islam con respecto al Universo y a la vida.
- Leyes de la actual usura y la posición del Islam ante ellas.
- La forma de matar los animales los adeptos del Libro (cristianos y
judíos).
- Filosofía de Hegel y Marx sobre la Historia y la opinión
del Islam sobre esta filosofía.
- Comentario sobre el vestido.
- Los castigos islámicos y su aplicación en la sociedad
musulmana, como base fundamental en el Islam.
Al-Maududi fundé la «Asociación Islámica
en Pakistán», en el año 1360 de la Hégira, equivalente
al 1941 de la era cristiana, en la ciudad de la Lahore, declarando que
no es solamente un partido político, asociación religiosa
e Institución reformadora, sino que es también una asociación
ideológica, en toda la extensión de su palabra y considera
al Islam como un llamamiento universal que abarca toda la vida y que pretende
aplicarlo y practicarlo en toda situación y momento.
El fin de la .«Asociación Islámica en Pakistán».
no es nacionalista ni patriota y su predicación no se limita a un
país determinado, sino que lleva la bandera del Islam con todos
sus fines universales...
Nació Al-Maududi en Pakistán, y ha sido uno de los luchadores
para liberarla del colonialismo.
Todavía, a pesar de su enfermedad, sigue explicando, especialmente
a Pakistán y al mundo en general, que el atraso que se sufre en
todos los campos, en el mundo Islámico, no es más que el
fruto del alejamiento de la religión y de sus enseñanzas.
Todas estas cosas no le ha sido fácil llevarlas a cabo, pues
ha tenido que enfrentarse para ella a muchísimas dificultades y
obstáculos, tanto en el Oriente como en el Occidente.
Ello ha sido la causa de su enfermedad, que ha limitado sus desplazamientos,
pero que, sin embargo, no le ha sido impedimento para seguir sus actividades
por medio de sus escritos y conferencias para orientar a la gente, a pesar
de haber dejado la jefatura de la Asociación; estando actualmente
al frente de la misma el profesor Tufail Muhammad, elegido por dicha Asociación,
y que sigue sus mismos pasos para completar los fines de Al-Maududi.
Estimado lector:
Estas palabras han sido indispensables para hacerte saber que lo que
estás leyendo es de un gran sabio Islámico que tiene una
brillante historia, amplias actividades y sus pensamientos están
extendidos por todos los rincones del mundo.
Pido a Dios -altísimo sea- que su contenido nos beneficie a todos,
y que en el día del juicio Final nos sirva de ayuda el fruto que
de él hayamos sacado.
A nuestro querido profesor Maududi, con todo nuestro agradecimiento
y afecto
Pedimos a Dios que le dé la mejor recompensa.
Dios es nuestro fin.
Nezar A. Sabbagh
Granada, 3 de Ráyab, 1397.
19 de Junio, 1977.
Nota introductoria
La cultura humana no conoce barreras, y el pensamiento
libre siempre queda abierto, recibe, concibe, medita y juzga. Es mucho
mejor para el hombre aprender y hacer crecer en él la cualidad de
distinción entre lo bueno y lo malo que quedarse siempre preso de
su ignorancia.
Las relaciones humanas contemporáneas están
dirigiéndose más hacia el entendimiento libre que hacia la
introversión e inactividad.
Quizás sea la comunicación de los pueblos
una de las cosas más importantes que hace disminuir la tensión
y reduce las posibilidades de entrenamiento entre sí, discutiendo
su pensamiento, sus creencias y sus tradiciones, logrando así las
mejores soluciones por un mundo equilibrado, iluminado por el amor, la
justicia y la concordia.
España es uno de los países que adopta la
paz como principio, se dirige hacia ella y la guarda celosamente; por eso,
no es extraño que abra sus puertas a quien quiera andar por este
camino, dejando últimamente la libertad de prensa y expresión
libre de obstáculos.
Antes de esto ha sido de entre los países que han
declarado la libertad religiosa, después del Concilio Vaticano II,
porque considera que es un derecho fundamental del hombre que construya
su vida con libre albedrío, según la ciencia que él
prefiera.
El Centro Islámico en Granada, que goza de la autorización
del Gobierno español desde el año 1966 y que una de sus misiones
fundamentales, según sus estatutos, es difundir y estudiar la cultura
islámica, ha visto es su deber fomentar los lazos de entendimiento
y acercamiento entre el pueblo español y los pueblos del mundo islámico.
Creemos que es un paso necesario en este camino que cada
parte conozca a la otra de la mejor y más sincera manera. Por esto,
hemos empezado a traducir una parte de la producción literal islámica
al castellano, intentando, igualmente, hacer el mismo esfuerzo del castellano
al árabe.
Y para ser fieles y transmitir una imagen clara de la
tradición islámica, hemos traducido una serie de algunos
de los libros importantes que enfocan el punto de vista islámico
de una manera correcta.
Pero es obvio que todo autor tiene unos puntos de vista
analíticos respecto a unos temas que forman parte de la experiencia,
vivencia y el saber de este autor. Por ello hemos intentado traducir todo
esto, según los requerimientos de la fidelidad científica,
respetando al estimado lector su opinión y juicio, sin intervención
por nuestra parte.
Esperamos finalmente que, con este esfuerzo, hayamos ofrecido
un valioso servicio a los castellano parlantes, ya que creemos sinceramente
que el pueblo español bien merece saber las diferentes facetas de
la cultura. El pensamiento islámico tendrá su turno en un
futuro prospero y relaciones fructíferas, basado en el respeto y
cooperación entre España y los países del mundo islámico.
El Centro Islámico en Granada queda siempre
dispuesto a aceptar cualquier crítica razonable y real, corrigiendo
todo error comprobado.
Dios es el que otorga el éxito.
Granada, 6 de Ráyab, 1397.
22 de junio, 1977.
Capitulo Uno : ¿Por que el «Islam»
se llama así?
Todas las religiones del mundo sacan su nombre de su fundador o del
pueblo donde han nacido. Por ejemplo, el cristianismo se llama así
por el nombre del que lo ha predicado, Cristo; el budismo por su fundador,
Buda; el zoroastrismo por Zaratustra; el judaísmo, la religión
de los judíos, por el nombre de la tribu de Judá (de la región
de Judea), donde nació. Así sucesivamente. Pero ocurre todo
lo contrario con el Islam que goza de la particularidad única de
no estar asociado a ningún hombre o pueblo particular.
La palabra «Islam» no implica relación de este género
porque no es propiedad de ninguna persona, ni de ningún pueblo o
país particulares. No es producto de un espíritu humano,
y no se limita a una comunidad particular. Es una religión universal
que tiene por fin suscitar y cultivar en el hombre la cualidad y la actitud
del Islam.
El Islam es, en efecto, un atributo. El que lo posea es musulmán,
sea de cualquier raza, comunidad, clan o país del que venga. Según
el Sagrado Corán (el libro sagrado de los musulmanes), se han encontrado
a través de los tiempos y entre todos los pueblos, hombres buenos
y virtuosos que poseían este atributo; ellos eran y son buenos musulmanes.
Esto nos lleva naturalmente a hacer esta pregunta ¿Qué
significa la palabra «Islam»-? ¿Qué es un musulmán?
Islam es una palabra árabe que significa sumisión, obediencia.
En cuanto a religión, el Islam, predica la sumisión y la
obediencia totales a Dios. Es por esto por lo que se llama Islam.
La Naturaleza del Islam
iodo el mundo puede darse cuenta de que nuestro Universo es un Universo
ordenado, donde todas las cosas están regidas por leyes y reglas.
Todo tiene su sitio fijado en un conjunto grandioso que funciona admirablemente.
El sol, la luna, las estrellas todos los cuerpos celestes pertenecen a
un mismo sistema que siguen una trayectoria invariable en virtud de leyes
inmutables. La tierra gira alrededor de su eje y sus revoluciones alrededor
del Sol siguen una trayectoria determinada. Desde el ínfimo electrón
a la impresionante nebulosa, todo el Universo obedece a sus leyes propias
en virtud de las cuales la materia, la energía, y la vida aparecen,
se modifican o desaparecen. El nacimiento, el crecimiento, la vida, la
subsistencia del hombre en la Naturaleza están todas regidas por
un sistema de leyes biológicas que son las que gobiernan el funcionamiento
de todos sus órganos, desde las células más pequeñas
al corazón y al cerebro. En resumen nuestro Universo es un Universo
sometido a una ley, y todo lo que en él forma parte sigue el camino
que le ha sido prescrito.
Este orden cósmico que gobierna el Universo, desde las partículas
a las galaxias, es la ley de Dios, el Creador y el Señor del Universo.
Ya que la creación entera obedece a las leyes divinas, se puede
decir que todo el Universo sigue literalmente la religión del Islam,
porque el Islam no significa más que la sumisión y la obediencia
a Dios, el Señor del Universo. El Sol, la Luna, la tierra y todos
los demás cuerpos celestes son pues «musulmanes», todo
como el aire, el agua, el calor, los minerales, la vegetación, los
animales. Todo en el Universo es musulmán porque todo obedece a
las leyes que le han sido asignadas por Dios. Su lengua incluso que, por
ignorancia niega la existencia de Dios, o adora numerosas divinidades,
es por naturaleza musulmana. Su cabeza, que se inclina ante otros que no
son Dios, es instintivamente musulmana, Su corazón, que por falta
de conocimiento real quiere y reverencia a otros dioses, es instintivamente
musulmán, porque todos están sometidos a la ley divina, sus
funciones y sus movimientos están gobernados por esta ley única.
He aquí pues, en resumen, la verdadera posición del hombre
y del Universo. Examinemos ahora el problema bajo un ángulo diferente.
El hombre posee una doble naturaleza, su vida se desarrolla en dos planos
diferentes. Por una parte, como todas las demás criaturas, está
completamente dependiente de las leyes naturales y no puede librarse de
ellas. Pero por otro lado, el hombre está provisto de razón
y de inteligencia. tiene el poder de pensar y de juzgar, de elegir o rechazar,
de aprobar o desaprobar. Es libre de elegir su religión, su género
de vida y de orientar su existencia en función de las ideologías
de su elección. Puede trazar su propio código de conducta,
o aceptar uno formulado por otros. Ha sido dotado del libre arbitrio y
puede decidir su propio comportamiento. Sobre este segundo plano, al contrario
que las demás criaturas, ha recibido la libertad de pensamiento,
de opinión y de acción. Estos dos aspectos coexisten claramente
en la vida del hombre.
En el primer caso, como todas las demás criaturas, el hombre
nace y quedará musulmán y sigue automáticamente los
mandatos de Dios. En el segundo, tiene la libertad de elegir, de ser o
no ser musulmán, y la manera de ejercer esta libertad es la que
divide a la Humanidad en dos grupos: los creyentes y los incrédulos.
El que elige reconocer a su creador, aceptarle como soberano único,
se somete escrupulosamente a sus mandatos, sigue la ley que le ha revelado
al hombre para su vida individual y social, llega a ser así un perfecto
musulmán. Ha logrado llegar a un Islam completo, decidiendo voluntariamente
obedecer a Dios en el plano donde se le había dado la libertad de
elegir. Ahora su vida entera es una vida de sumisión a Dios y no
tiene conflicto en su personalidad. Es un perfecto musulmán y su
Islam es total porque la sumisión de su ser entero a la voluntad
de Dios es Islam, puramente Islam.
Se ha sometido ahora voluntariamente a El, al cual obedece ya inconscientemente.
Su conocimiento es ahora real, porque ha reconocido al Ser que le ha dado
la facultad de entender y conocer: Su razón y su juicio están
armoniosamente equilibrados porque ha decidido justamente obedecer al Ser
que le ha conferido la facultad de pensar y juzgar. Su lengua también
expresa la verdad, porque alaba al Señor que le ha dado la facultad
de hablar. Ahora su existencia entera es la encarnación de la verdad,
porque sus dos naturalezas, su instinto y su voluntad, obedecen a las leyes
del mismo Dios único -el Señor del Universo-. Está
en armonía con el Universo entero porque adora a Quien todo el Universo
adora. Tal hombre es el representante de Dios en la tierra. El mundo le
pertenece y él pertenece a Dios.
La naturaleza del «kufr»
Al contrario del hombre que venimos describiendo, está el hombre
que aunque por naturaleza es musulmán, vive inconscientemente toda
su vida, no ejerce sus facultades de razón, inteligencia e intuición
para reconocer a su Señor y Creador y no utiliza su libertad de
elección más que para negar su existencia. Tal hombre es
un incrédulo -en la lengua del Islam, un kafir.
kufr significa literalmente «encubrir», «disimular».
El hombre que niega a Dios es llamado kafir (disimulador), porque,
por su incredulidad, oculta lo que es inherente a su naturaleza y a su
alma, ya que su naturaleza está instintivamente orientada hacia
el Islam. Su cuerpo entero, cada miembro, cada fibra de este cuerpo, está
sometido a este instinto. Toda partícula de existencia -animada
o inanimada- cumple su función de acuerdo con la ley del Islam y
desempeña el papel que le ha sido adjudicado. Pero la vida de este
hombre ha sido oscurecida, su espíritu se extravié y es incapaz
de ver la evidencia. No puede discernir su propia naturaleza, y sus actos
y sus pensamientos están en desacuerdo total con ella. La realidad
le es extraña y tantea en las tinieblas. He aquí la naturaleza
del kufr.
El kufr es una forma de ignorancia, o más bien, es la
ignorancia por excelencia. ¿Hay acaso ignorancia más grande
que ignorar a Dios, el Creador, el Señor del Universo? Es un hombre
que observa el vasto panorama de la Naturaleza, su mecanismo soberbio e
inmutable, el concepto grandioso que resplandece en todos los aspectos
de la Creación; observa esta gigantesca máquina, pero ignora
quién la ha hecho y la dirige. Examina su propio cuerpo, este organismo
maravilloso que funciona de una manera tan estupefacta que sirve para conseguir
sus propios fines, pero es incapaz de discernir la Fuerza que lo ha suscitado,
el Ingeniero que ha concebido y producido esta máquina, el Creador
que ha hecho este ser único: el hombre, a partir de materias Inanimadas:
carbono, calcio, sodio... Reconoce el concepto sublime del Universo, pero
no puede distinguir al que lo ha concebido, Admira el funcionamiento armonioso
sin ver en él al Creador. Puede ver en el universo que le rodea
las más brillantes demostraciones de maestría en la ciencia,
la filosofía, las matemáticas o la técnica, pero queda
ciego al Ser que dio origen a este Universo Infinito y nunca se lo explica
totalmente. ¿Cómo un hombre incapaz de distinguir esta realidad
determinada podría alcanzar las verdaderas perspectivas del conocimiento?
¿Cómo un hombre que se ha puesto en el mal camino podría
conseguir el buen destino? No podrá explicar nunca la Realidad,
el Verdadero Camino le será siempre cerrado, y cuando emprenda algo
en el dominio de la ciencia o del pensamiento, no podrá gozar nunca
de las luces de la verdad y de la sabiduría. Continuará andando
a ciegas y balbuceando en las tinieblas de la ignorancia.
Mucho peor; el kufr es un tirano e incluso el peor que existe.
¿Qué es una tiranía?, sino una utilización
injusta y cruel de una fuerza o un poder. Si alguna cosa o alguien se trata
a la fuerza contrariamente a la justicia o a su naturaleza y su voluntad
propias, esto se llama tiranía.
Acabamos de ver que todo el Universo está sometido a Dios su
Creador. Lo que es natural, es obedecer, vivir en conformidad con su voluntad
y su ley (más exactamente, ser musulmán). Dios ha dado al
hombre un poder sobre todo la Creación cuya naturaleza misma exige
que sea utilizada por el único cumplimiento de su voluntad y exclusivamente
por esto. El que desobedece a Dios, el que es kafir, se hace culpable
de la injusticia más grave, utilizando todas las facultades de su
cuerpo y de su espíritu en contra de las tendencias de la Naturaleza,
y llega a ser así el instrumento involuntario del drama de la desobediencia.
Obliga a su cabeza a inclinarse ante otros dioses que no son el verdadero
Dios, alimenta a su corazón del amor, respeto y temor a otra Autoridad,
esto está en contradicción total con los instintos naturales
de estos órganos. Utiliza el poder del que dispone contra la voluntad
explícita de Dios, haciendo así reinar la tiranía.
¿Puede existir tiranía de más crueldad e injusticia
que la de este hombre que explota la Creación y la obliga desvergonzadamente
a seguir un camino contrario a la Naturaleza y la justicia?
El kufr no es simplemente tiranía, es algo peor, pura
rebelión, ingratitud, infidelidad. Después de todo, ¿qué
es el hombre en realidad?, ¿de qué poder y de qué
autoridad dispone?, ¿quién ha creado su cerebro, su corazón,
su alma, su propio cuerpo?, ¿él mismo o Dios? -altísimo
sea-, ¿ha sido él, o Dios quien ha creado el Universo? ¿Quién
ha sometido todas las fuerzas de la Naturaleza al servicio del hombre,
él o Dios? Si todas las cosas han sido creadas por Dios, y sélo
por El únicamente, ¿a quién, pues, pertenecen? ¿Quién
es el justo soberano? Dios, y sélo Dios. Si Dios es el Creador,
el Señor, el Soberano, ¿hay alguien más rebelde que
el hombre que utiliza la Creación de Dios contra sus decretos, que
vuelve su espíritu y su corazón contra Dios, y utiliza todas
sus facultades contra la voluntad del Señor? El servidor que traiciona
a su señor, el oficial que se vuelve contra su país, el que
engaña a su bienhechor, son todos traidores. ¿Pero qué
decir de la traición, de la ingratitud y de la incredulidad del
kafir? Después de todo, ¿cuál es la fuente
verdadera de toda autoridad? ¿Quién ha levantado al hombre
a una posición elevada? iodo lo que el hombre posee y de todo lo
que se sirve o beneficia de los demás, le ha sido dado por Dios.
Con respecto a sus padres el hombre tiene en la tierra las obligaciones
más grandes, ¿pero quién ha puesto en el corazón
de los padres este amor a sus hijos, y quién le inspira a hacer
todo lo que está en su poder para el bienestar del ellos? ¿De
dónde viene el deseo innato y la posibilidad que la madre tiene
para alimentar a sus hijos? Es evidente, que es Dios el más grande
bienhechor del hombre. Es su Creador, el que le alimenta y le hace vivir,
así como su Señor y Soberano. Tal es la posición de
Dios frente al hombre, y no hay traición ni ingratitud más
grande que la del kufr, que lleva al hombre a rechazar a su verdadero
Señor.
Sería ridículo pensar que al adoptar la actitud del kufr,
el hombre hace daño a Dios todopoderoso. De ningún modo.
¿Qué daño podría hacer el hombre, que es una
pizca de polvo insignificante en la superficie de un planeta minúsculo
girando en este universo infinito, al Soberano del mundo, cuyo reino es
tan vasto que con la ayuda de los más potentes telescopios no nos
permite adivinar sus limites?; cuyo poder ordena la trayectoria celeste
de la Tierra, la Luna, el Sol, y las miríadas de estrellas. Que
provee todas las necesidades, pero no tiene necesidad de nadie para proveer
las suyas. La rebelión del hombre contra Dios no puede hacerle ningún
daño, al contrario, esta desobediencia no hace más que precipitar
al hombre al camino de la ruina y de la desgracia.
La consecuencia inevitable de esta sublevación y de esta negación
de la Realidad, es el descalabro en los ideales últimos de la vida.
Un rebelde no encontrará jamás el camino del verdadero conocimiento.
Porque al saber que es incapaz de descubrir a su propio Creador, no puede
descubrir ninguna verdad. El espíritu y la razón de tal hombre
se extraviarán siempre. ¿Cómo la razón que
no puede reconocer a su Creador, podría dilucidar los misterios
de la vida? Tal hombre no sufrirá más que fracasos en todos
los dominios. Su vida moral, cívica, social, familiar, su lucha
por asegurar su subsistencia, todo estará afectado. No difundirá
más que confusión y desorden en la tierra. Sin el menor remordimiento,
derramará la sangre, violará los derechos de sus semejantes,
será cruel con ellos, suscitará el desorden y la destrucción
en el mundo. Sus pensamientos y sus ambiciones perversas, su ausencia de
discernimiento, su sentido de los valores falseado, sus actividades malignas,
serán nefastas tanto para él como para sus allegados. Tal
hombre puede arruinar la paz y el equilibrio de la vida en la tierra. En
la vida ulterior, será tenido por culpable de los crímenes
que haya cometido contra él mismo. Su cuerpo entero, su cerebro,
sus ojos, su nariz, sus manos, sus pies se lamentarán del mal uso
que hubiera hecho. Cada célula de su cuerpo le reprenderá
ante Dios que, es la verdadera fuente de la justicia, y se le aplicará
la sentencia que merece. Tal es la infamante consecuencia del kufr.
Va al fracaso total, tanto en esta vida como en la vida posterior.
Los beneficios del Islam
Después de haber examinado las terribles consecuencias del kufr,
veamos ahora lo que podemos ganar adoptando la actitud del Islam.
En el mundo que os rodea, como en vosotros mismos, podéis ver
innumerables manifestaciones del poder devino. Este Universo grandioso,
que funciona desde toda la eternidad en un orden incomparable según
una ley inmutable, testimonia por él mismo que el que lo ha concebido
es un ser todopoderoso, dotado de poder, de conocimientos infinitos, de
recursos ilimitados cuya sabiduría es perfecta y al cual nadie osa
desobedecer. Está en la naturaleza misma del hombre, como en todas
las cosas en el Universo, que le obedecen. En efecto, el hombre obedece
Inconscientemente a su ley, día tras día, porque desobedeciendo
se expone a la muerte y al aniquilamiento. Es la ley de la Naturaleza que
debemos observar constantemente.
Dios ha dado al hombre la posibilidad de instruiste, pensar, y meditar,
y el conocimiento del bien y del mal; pero le ha conferido, por otra parte,
una relativa libertad de voluntad y acción. Es en el ejercicio de
esta libertad como el hombre es puesto a prueba: su saber, su intelecto,
su discernimiento, su libertad de voluntad y acción son todos probados.
En esto, el hombre no ha sido obligado a adoptar un camino particular,
porque esta obligación falsificaría el sentido mismo de esta
puesta a prueba. Si durante un examen, estáis obligados a dar una
respuesta determinada a una pregunta determinada, el examen sería
Inútil. Vuestro mérito no puede ser convenientemente juzgado,
más que cuando podáis responder libremente a las preguntas,
según vuestro conocimiento y vuestra comprensión personales.
Si vuestra respuesta es correcta, habréis salido bien y podréis
continuar progresando. Si vuestra respuesta es mala, vuestro fracaso os
Impedirá progresar; del mismo modo ocurre en lo que concierne a
la situación del hombre en el mundo. Dios le ha dado la libertad
de voluntad, y acción, de manera que puede elegir libremente el
modo de vida que estime ser el bueno: el Islam o el kufr.
Se encuentra, pues, por un lado al hombre que no comprende ni su propia
naturaleza, ni la del Universo. Ignora quién es su Soberano verdadero,
y cuáles son sus atributos, y utiliza mal su libertad tomando el
camino de la desobediencia y de la rebelión. Tal hombre ha fracasado
en el examen de su conocimiento, de su inteligencia y de su sentido del
deber, y no merece una suerte mejor que la discutida anteriormente.
Por otro lado se puede encontrar al que sale victorioso de esta puesta
a prueba. Utilizando correctamente su saber y su espíritu, reconoce
a su Creador, tiene fe en El, y sin estar de ningún modo forzado,
elige obedecerle. Sabe distinguir el bien del mal, y aunque sea enteramente
libre de no hacerlo, elige el bien. Comprende su propia naturaleza, se
conforma con sus leyes y sus realidades y aunque tenga toda latitud de
caminos para seguir, no Importa cuáles, adopta el de la obediencia
y lealtad a Dios, su Creador. Ha superado la prueba, porque ha utilizado
convenientemente su espíritu y todas sus facultades: sus ojos para
discernir la realidad, sus oídos para escuchar la Verdad, su espíritu
para concebir sanas opiniones, y pone todo su corazón y toda su
alma en seguir la justa vía que ha elegido también.
Elige la verdad, ve la realidad, se somete con toda gratitud a su Señor
y Soberano. Es un hombre inteligente, sincero, que tiene el sentido del
deber, que ha optado por la luz antes que por las tinieblas, y después
de haber distinguido la realidad, ha respondido a su llamamiento con entusiasmo.
Su conducta prueba asá, que no solamente busca la verdad, sino que
sabe reconocerla y quererla. Este hombre triunfará en esta vida
como en la otra, porque ha cogido el camino recto y no dejará de
seguirlo en todos los dominios del conocimiento y de la acción.
El que conoce a Dios y sus atributos, conoce el alfa y el omega de la realidad.
No podrá desviarse porque su primer paso está sobre el buen
camino y está seguro del destino del viaje de la vida.
En el campo de la Filosofía, meditará sobro los secretos
del Universo y tratará de sondear sus misterios, pero al contrario
de la filosofa infiel kafir, no se extraviará en el laberinto
de la duda y del escepticismo. La visión divina aclarará
su camino y dirigirá sus pasos en buena dirección.
En el campo de la ciencia, Intentará conocer las leyes de la
Naturaleza, descubrir los tesoros ocultos en la tierra, dirigir todas las
fuerzas hasta las Ignoradas por el espíritu y la materia, todo esto
para el bienestar de la Humanidad. tratará de explorar todas las
fuentes del saber y del poder, y de someterse a todo lo que existe en la
tierra y en los cielos para el provecho del hombre.
En cada estadio de su búsqueda, su conciencia de Dios le impedirá
hacer un destructivo y mal uso de la ciencia y de los métodos científicos.
No soñará nunca con alabarse de ser el señor de
estas fuerzas, el conquistador de la Naturaleza, atribuyéndose así
las prerrogativas divinas; ni sostener ambiciones subversivas sobre el
Universo, sometiendo al género humano y estableciendo su supremacía
sobre todos, sin retroceder ante los medios más viles. Tal actitud
de rebelión y desafío no podría ser la de un musulmán.
Sélo un sabio kafir puede ser la presa de tales ilusiones
y sucumbir exponiendo a todo el género humano a los peligros de
la destrucción total y del aniquilamiento. Un sabio musulmán,
por el contrario, se comportaría de una manera deferente. Cuanto
más claro viera en el campo de la ciencia, más seria reforzada
su fe en Dios. Inclinaría su cabeza ante El con gratitud; ya que
su Soberano le ha bendecido concediéndole un poder y una ciencia
muy grandes, deberá obrar por su propio bien y el de la Humanidad.
En vez de ser orgulloso, será humilde, en vez de exaltarse de su
propio poder, realizará grandes cosas para el bien común.
No se entregará a una libertad desenfrenada. Será guiado
por los principios de la moralidad y de la revelación Divina. De
este modo la ciencia entre sus manos, en lugar de ser un instrumento de
destrucción, llegará a ser un medio de bienestar de los hombres
y de la regeneración moral. Es de este modo, como expresará
su gratitud a su Soberano por los dones y las bendiciones que ha derramado
sobre el hombre.
Del mismo modo, en el campo de la historia, de la economía, de
la política, del derecho, y de todas las demás ramas del
arte y de las ciencias: un musulmán no sélo no se dejará
adelantar por un kafir en la búsqueda, sino que sus puntos
de vista y por consiguiente, sus «modus operandis», diferirán
mucho. Un musulmán estudiará cada rama del conocimiento en
su justa perspectiva, se esforzará en alcanzar un justo objetivo
y llegará a justas y sanas conclusiones. En la historia sacará
lecciones correctas de las experiencias pasadas y descubrirá las
causas verdaderas de las grandezas y decadencias de las civilizaciones.
tratará de sacar provecho de todo lo que fue bueno y justo en el
pasado, y evitará cuidadosamente todo lo que hubiera conducido al
declive y aniquilamiento de las naciones. En política, su único
objetivo será la instauración de un régimen de paz,
de justicia, de fraternidad y de bien, en la que el hombre sea un hermano
para el hombre y respete su cualidad de hombre, donde no reine ninguna
forma de explotación o esclavitud, donde los derechos del individuo
son respetados y donde el poder del Estado es considerado como un depósito
sagrado de Dios, que debe ser utilizado para el bienestar común.
En lo que concierne al derecho, el musulmán tratará de hacer
de él, el instrumento real de la justicia, para la protección
de los derechos de todos -particularmente, de los débiles-. Velará
para que cada uno reciba la parte que se merece y que ninguna injusticia
u opresión sea Infligida sobre cualquiera. Respetará la ley,
la hará respetar y velará para que la justicia sea repartida
equitativamente.
La vida moral de un musulmán estará siempre llena de piedad,
devoción y rectitud. Vivirá en el mundo con la convicción
de que Dios sélo es nuestro Soberano, que todo lo que él
y los demás puedan poseer les ha sido dado por Dios, que los poderes
de los que dispone no son más que un depósito de Dios, que
la libertad que le ha sido conferida debe ser utilizada con discernimiento
y que es para su propio beneficio el servirse de ella según la voluntad
divina. tendrá siempre presente en el espíritu que debe un
día volver a su Señor y le dará cuentas de toda su
vida. El sentimiento de responsabilidad quedará siempre firmemente
implantado en su espíritu y no se portará nunca irresponsable
ni Indiferente.
Pensad en la excelencia moral del hombre que vive con tales disposiciones.
Su vida será una vida de pureza, de piedad, de amor, de altruismo.
Será una bendición para la Humanidad, su espíritu
no será turbado por malos pensamientos y ambiciones perversas. Se
abstendrá de ver, de entender y de hacer el mal. Dominará
su lengua y no proferirá jamás mentira. Mantendrá
su vida de una manera justa y honesta y preferirá el hambre a una
alimentación adquirida por la explotación o la Injusticia.
No será nunca cómplice de la opresión o de la violación
de la vida humana y del honor, sea cual fuere la forma. No cederá
jamás ante el mal, sea cual fuere el precio que tenga que pagar
por esto. Será la bondad y la nobleza misma, y defenderá
el derecho y la verdad, incluso al precio de su propia vida. Aborrecerá
todas las formas de injusticia, se erigirá defensor de la verdad
que las adversidades no pudieron derribar. Tal hombre tendrá un
poder con el que es preciso contar. Él solo puede triunfar porque
nada en el mundo podrá detenerlo o entorpecer su camino.
Será el hombre más honrado y más respetado y nadie
le podrá superar en este campo. ¿Cómo podría
alcanzar la humillación a un hombre que para solicitar un favor
no tiende la mano, ni inclina la cabeza ante cualquiera, excepto ante Dios
todopoderoso, el Soberano del mundo?
Será el hombre más poderoso y más eficaz. Nadie
puede ser más poderoso que él -porque no teme a nadie salvo
a Dios, y no busca bendiciones de nadie más que de Él -.
¿Qué poder podría apartarle del camino recto? ¿Qué
riqueza podría comprar su fe? ¿Qué fuerza podría
atormentar su conciencia? ¿Qué poder podría influenciar
su actitud?
Será el hombre más rico. Nadie en el mundo podría
ser más rico o más independiente que él- porque vivirá
una vida de austeridad y contemplación. No será sensual,
ni débil, ni avaricioso. Se contentará con lo que gane honestamente,
e incluso si montones de riquezas mal adquiridas se ponen ante él,
las rechazará con menosprecio. tendrá la paz y la satisfacción
del corazón-. ¿Hay riqueza más grande que ésta?
Será el hombre más reverenciado, más querido y
más popular. Nadie puede ser más digno de amor que él
-porque vive una vida de caridad y bondad-. tendrá justicia con
todos, cumplirá sus funciones honestamente y trabajará sinceramente
para el bien de todos. Atraerá naturalmente a todos los corazones
de las gentes, su amor y su estima. Todo el mundo le honrará y le
tendrá confianza. Nadie es más digno que él -porque
no es perjuro, sino todo lo contrario: un modelo de rectitud, fidelidad
a su palabra y honradez en sus acciones-. Será bueno y justo en
todos sus hechos, porque sabe que Dios es Ubicuo, siempre vigilante. No
hay palabras para describir todo el mérito de tal hombre. ¿Cómo
alguien podría no tener en él confianza? Tal es la vida de
un verdadero musulmán.
Si habéis comprendido la verdad natural de un musulmán,
estaréis convencidos de que no puede vivir en la humillación,
esclavitud o sumisión. Está destinado a ser el dueño,
y ningún poder de la tierra puede dominarlo o subyugarlo. Porque
el Islam le inculca las cualidades que no están eclipsadas por ningún
encanto ni ninguna ilusión.
Después de haber vivido una vida respetable y honorable en la
tierra, volverá a su Creador, que derramará sobre él
sus bendiciones, porque ha cumplido su deber honradamente, y ha cumplido
su misión con triunfo en la puesta a prueba. Ha salido bien de la
vida terrestre y conocerá en la ulterior la paz, la alegría
y la felicidad eternas.
Este es el Islam, la religión natural del hombre, la religión
que no está asociada a ninguna persona, pueblo, período o
lugar. Es la vía de la Naturaleza, la religión del hombre.
Desde todo los tiempos, en todos los lugares y en todos los pueblos, todos
los que reconocieron a Dios y amaron la verdad han creído en esta
religión y estuvieron conformes en ella. Aunque hubieran llamado
a este modo de vida Islam o de otra forma. Cualquiera que fuese su nombre,
significaba Islam, e Islam únicamente.
Capitulo Dos : La fe y la obediencia
Islam significa obediencia a Dios. Ni que decir tiene que la obediencia
no puede ser total más que si el hombre conoce ciertos hechos esenciales
y esta firmemente convencido de ellos. ¿Cuáles son los principios
que un hombre debe conocer para dirigir su vida según las directivas
divinas? Eso es lo que nos proponemos discutir en este capítulo.
Primeramente hace falta tener una fe inquebrantable en la existencia
de Dios. ¿Podría el hombre obedecerle, si no está
íntimamente persuadido de su existencia?
Luego, es preciso conocer los atributos de Dios. Es el conocimiento
de estos atributos lo que permiten al hombre cultivar en él mismo
las cualidades más nobles y llevar una vida de virtud y bondad.
Si se ignora que Dios existe, que es el único Creador y Señor
del Universo, y que no comparte con ninguna otra divinidad la más
ínfima partícula de su poder y de su autoridad, entonces
se puede llegar a ser víctima de los falsos dioses, y rendirle culto
para obtener sus gracias. Pero si se conoce el atributo devino «Tawhid».
(unidad de Dios), no se arriesgará a sucumbir por esta ilusión.
Del mismo modo, si el hombre sabe que Dios es Ubicuo y Omnisapiente, que
ve, oye y sabe todo lo que hacemos en público y privado - hasta
nuestros pensamientos más ocultos -. Entonces, ¿cómo
podría permitirse desobedecer a Dios? Se dará cuenta de que
es observado continuamente y se comportará correctamente. Pero el
que ignora estos atributos de Dios puede desviarse en la vía de
la desobediencia.
Esto ocurre del mismo modo para todos los atributos de Dios. El hecho
es que las cualidades y los atributos que un hombre debe poseer, si quiere
seguir el camino del Islam, no pueden ser cultivados y desarrollados más
que gracias a un profundo conocimiento de los atributos de Dios. Es el
conocimiento de estos atributos el que purifica el espíritu y el
alma del hombre, sus ciencias, su moral, sus acciones. Un conocimiento
superficial o puramente teórico de estos atributos no basta para
la tarea que le aguarda - debe poseer un conocimiento, Inquebrantable,
firmemente enraizado en el corazón y en el espíritu, para
estar al cubierto de dudas insidiosas y desviaciones.
Además hace falta conocer detalladamente el género de
vida que puede agradar a Dios. Si el hombre Ignora lo que a Dios le complace
o no le complace, ¿cómo puede elegir lo uno y renunciar lo
otro? Si no tiene ningún conocimiento de la ley divina, ¿cómo
puede seguiría? Pues, el conocimiento de la ley divina y del código
revelado es Igualmente esencial a este respecto.
Pero no basta, el simple conocimiento no es suficiente. El hombre debe
tener una confianza, un convencimiento pleno y completo de lo que es la
ley divina y que su salvación depende únicamente de la observación
de este código. Porque el conocimiento sin la convicción,
no llevará a estimular al hombre hacia el recto camino y se arriesgará
a perderse en el camino de la desobediencia.
Finalmente, es necesario conocer las consecuencias de la obediencia
y de la fe, y las de la incredulidad y desobediencia. El hombre debe saber
qué bendiciones serán derramadas sobre él si elige
el camino de Dios y lleva una vida pura, virtuosa y sumisa. Debe también
conocer cuáles serán las consecuencias nefastas de un camino
de desobediencia y rebelión. De este modo el conocimiento de la
vida ulterior, que nos aguarda después de la muerte, es absolutamente
esencial. El hombre debe tener una fe Inquebrantable en el hecho de que
la muerte no significa el fin de la vida; que habrá resurrección,
que pasará ante el tribunal supremo presidido por Dios mismo; que
en el día del juicio, la justicia prevalecerá; que las buenas
acciones serán recompensadas y las malas castigadas. Cada uno de
ellos tendrá lo que merece y no tendrá medios de escapar
de ello. Esto debe llegar obligatoriamente. Este sentimiento de responsabilidad
es enteramente esencial para una obediencia incondicional a la ley de Dios.
Un hombre que no tiene ninguna idea de la otra vida puede considerar
que su obediencia y desobediencia no tienen importancia. Puede creer que
lo que obedece como lo que desobedece tendrá el mismo fin: después
de la muerte volverán todos al polvo. Con tal mentalidad, ¿cómo
se puede esperar a que éste se someta a todas las dificultades y
restricciones que derivan inevitablemente de una vida de obediencia activa,
y evita estos pecados, cuya realización no le lleva aparentemente
a ninguna pérdida moral o material en este mundo? Con esta mentalidad
un hombre no puede aceptar someterse a la ley de Dios. Aún más,
un hombre que no está firmemente convencido de la existencia de
la vida ulterior y del tribunal divino no quedará seguro y resuelto
en las aguas agitadas de la vida, en medio de todas las seducciones del
pecado, del crimen y del mal, porque la duda y la vacilación privan
al hombre de su voluntad de obrar. No se puede quedar seguro en su conducta
más que si está seguro de sus convicciones, no puede seguir
este camino de todo corazón más que si está seguro
de tener interés en hacerlo y si sabe qué desventajas se
seguirán en caso de desobediencia. Asá, para llevar su vida
en el camino de la obediencia a Dios, hace falta un convencimiento profundo
de las consecuencias de la fe o de la Incredulidad, así como de
la vida ulterior.
Tales son, por consiguiente, los hechos esenciales que se deben conocer
si se quiere vivir la vida de obediencia, es decir el Islam.
La fe: ¿Qué significa esto?
La fe es lo que hemos llamado en la discusión anterior «conocimiento»,
«convicción». La palabra árabe iman que
traducimos por fe, quiere decir literalmente «conocer, creer, estar
convencido sin duda alguna». La fe es, pues, una segura convicción
nacida del conocimiento. El hombre que sabe, y está firmemente convencido
de la unidad de Dios, de sus atributos, de su ley revelada, del código
divino, de la recompensa y del castigo, este hombre, es pues llamado mumin
(«fiel»). Esta fe lleva Invariablemente al hombre a una vida
de obediencia y de sumisión a la voluntad de Dios. El que lleva
esta vida de sumisión es llamado musulmán.
Esto debería demostrar claramente que sin la fe (iman),
nadie puede ser un verdadero musulmán; es un punto esencial; o más
bien, es el punto de partida. La relación entre el Islam y el iman
es la de un árbol con su semilla. Lo mismo que un árbol no
puede crecer sin una semilla, del mismo modo, no es posible al hombre que
no tiene fe llegar a ser musulmán. Sin embargo, alguna vez se encuentra
un árbol que a pesar de la semilla sembrada no brota, y esto puede
ser por cantidades de razones, o incluso si -brota, su crecimiento es arriesgado
o retardado. Del mismo modo se puede encontrar un hombre que tiene fe,
pero debido a determinadas debilidades, puede no llegar a ser un musulmán
seguro y verdadero. Vemos pues que la fe es el punto de partida y conduce
al hombre a la vida de sumisión a Dios, y que nadie puede llegar
a ser musulmán sin la fe. Al contrario, un hombre puede tener fe,
pero por la debilidad de su voluntad, de una mala educación, o de
malas compañías, puede no llevar la vida de un verdadero
musulmán. Desde el punto de vista del Islam y del iman, todos
los hombres pueden ser clasificados en cuatro categorías:
- Los que tienen fe inquebrantable, una fe que los hace someterse a Dios
de todo corazón y sin restricciones. Siguen el camino del bien y
consagran todo su corazón, toda su alma en agradar a Dios, haciendo
todo lo que a Si le gusta y evitando todo lo que no le gusta. En su devoción,
son aún más fervientes, y no es como el hombre ordinario
en la persecución de la riqueza y de la gloria. Tales hombres son
verdaderos musulmanes.
- Los que tienen fe, creen en Dios, en su ley, en el juicio final, pero
sin embargo, la fe no es lo bastante fuerte y profunda para ponerla totalmente
sometida a Dios. Están por debajo del rango de verdaderos musulmanes.
Son falibles de ser culpables, pero no rebeldes. Reconocen a Dios y su
ley y aunque la quebrantan, no se rebelan contra si. Admiten su supremacía
y su propia culpabilidad. Por lo tanto, son culpables y merecen un castigo,
pero siguen musulmanes.
- Los que no tienen ninguna fe. Estos hombres niegan reconocer la soberanía
de Dios y son rebeldes. Aunque su conducta no sea mala y no extiendan la
corrupción y la violencia, quedan rebeldes y sus acciones, en apariencia
buenas, tienen poco valor. Tales hombres son como los fuera de la ley.
Aunque un fuera de la ley comete determinados actos que están en
conformidad con la ley del país, no llegando a ser por esto un ciudadano
leal y obediente, del mismo modo, el bien aparente de los que se rebelan
contra Dios no puede compensar la gravedad del mal real, la rebelión
y la desobediencia.
- Los que no tienen fe y no hacen ningunas buenas acciones. Extienden
el desorden en el mundo y perpetran toda clase de violencias y de opresiones.
Son las criaturas más abominables porque son rebeldes, perversos
y criminales.
Esta clasificación de la Humanidad enseña claramente que
el verdadero triunfo y la salvación del hombre dependen del iman
(la fe). La vida de obediencia (Islam) nace de la semilla del iman.
Este Islam puede ser perfecto o imperfecto. Pero sin iman no hay
Islam. De donde, si no hay Islam hay kufr. Su forma y su naturaleza
pueden variar, pero de todas formas, esto será el kufr y
no otra cosa.
Esto señala la Importancia del iman frente a la vida de
sumisión total y verdadera a Dios.
¿Como adquirir el conocimiento de Dios?
La pregunta que surge ahora es: ¿Cómo adquirir el conocimiento
y la fe en Dios, en sus atributos, su ley, y el juicio final?
Hemos hecho ya alusión en las innumerables manifestaciones de
Dios en torno a nosotros y en nosotros mismos testifican que hay un Creador,
y un Creador único, que es el que controla y dirige este Universo.
Estos testimonios reflejan los divinos atributos del Creador: su gran sabiduría,
su ciencia universal, su omnipotencia, su misericordia, su fuerza, en una
palabra, todos sus atributos están en todas partes visibles en sus
obras. Pero el espíritu y las facultades del hombre se han extraviado
a fuerza de observar y asimilar estas cosas, que son a pesar de todo, claras
y manifiestas, aunque sus ojos estuviesen abiertos para leer lo que fue
escrito en la Creación. Por eso los hombres se han desviado. Algunos
han dicho que existen dos dioses, otros han empezado a creer en la trinidad,
y otros todavía se encuentran en el politeísmo. Algunos se
han -puesto a adorar a las fuerzas de la Naturaleza, otros han dividido
la persona divina en múltiples unidades: dios de la lluvia, del
aire, del fuego, de la vida, de la muerte... Aunque - las manifestaciones
de Dios fuesen perfectamente evidentes, la razón humana ha dudado
muchas veces y no ha rehusado ver la r calidad en su verdadera perspectiva.
Ha encontrado decepción sobre decepción y no ha venido a
parar más que a una confusión espiritual. Debemos denunciar
aquí y duramente estos errores del juicio humano.
Del mismo modo en lo que concierne a la vida después de la muerte,
los hombres han anticipado teorías erróneas, por ejemplo,
que después de la muerte el hombre vuelve a polvo y no volverá
jamás a la vida, o que el hombre está sometido a todo un
proceso de regeneración continua en este mundo y que es castigado
o recompensado en los ciclos de la vida venidera.
La dificultad es todavía más grande cuando llega a la
pregunta del modo de vida. Formular un código completo y equilibrado,
que pueda agradar a Dios únicamente con nuestra razón humana,
es una tarea ex tremendamente difícil. Incluso si un hombre estuviera
provisto de las más elevadas facultades de razón y espíritu
y si tuviera una sabiduría incomparable y la experiencia de numerosos
años de reflexión, sus probabilidades de formular intentos
perfectamente justos en la vida son muy reducidos. Incluso si después
de años de reflexión lo consiguiera, no estará nunca
seguro de haber descubierto realmente la verdad y haber adoptado el buen
camino.
Aunque la prueba más justa y más perfecta de la sabiduría
humana, de su razón, y de su conocimiento hubiera sido la de abandonar
el hombre sus propios recursos sin ninguna directriz exterior, a fin de
que descubra sélo el justo modo de vida que le conviene adoptar
en la Tierra, y que los que por sus pruebas y experiencias personales hubieran
podido descubrir la verdad y la virtud hubiesen ganado su salvación
mientras que los otros se hubieran perdido; Dios ha evitado, sin embargo,
a sus criaturas humanas una prueba tan difícil. Por su gracia y
su benevolencia, ha suscitado para la Humanidad hombres elegidos de entre
los hombres a los cuales ha revelado sus atributos, su ley, y el justo
código de vida, les ha hecho conocer el significado y el fin de
esta vida, asió como el de la vida ulterior, y les ha mostrado también
el camino que lleva al triunfo y a la felicidad eternos. Estos hombres
elegidos son los Mensajeros de Dios -sus profetas-. Dios les ha comunicado
el conocimiento y la sabiduría por medios del wahi («la
revelación») y el libro que contiene las revelaciones divinas
es llamado el Libro de Dios o la Palabra de Dios. La prueba de la sabiduría
y del espíritu del hombre reside, pues, en esto: después
de haber observado cuidadosamente su vida pura y piadosa y sus enseñanzas
llenas de nobleza, ¿sabría reconocer al Mensajero de Dios?
El que tenga buen sentido y una sana sabiduría reconocerá
la veracidad de las instrucciones dictadas por el Mensajero; si rechaza
al Mensajero de Dios y sus enseñanzas, esta negación indicará
que es completamente incapaz de descubrir la verdad y la justicia, y que
ha fracasado en esta prueba. Tal hombre no será nunca capaz de descubrir
la verdad sobre Dios y sobre su ley o sobre la vida ulterior.
Fe en lo desconocido
Es una experiencia cotidiana que cuando no conocéis alguna cosa,
buscáis a alguno que la conoce, os fiáis de su consejo y
os lo creéis. Si caéis enfermos y no podéis curaras
vosotros mismos, buscáis a un médico, aceptáis y seguís
sus instrucciones sin discutir. ¿Por qué? Porque está
cualificado para dar un consejo médico, tiene experiencia y ha cuidado
y curado a un determinado número de enfermos. Por consiguiente,
os conformáis con su consejo, hacéis todo lo que os aconseja
hacer, y evitáis todo lo que os prohibe. Del mismo modo, en materia
de pleitos confiáis en vuestro abogado, y actuáis según
sus mandatos. Lo mismo en materia de educación con vuestro profesor.
Cuando decidís dirigirás a un lugar, y no conocéis
el camino, preguntáis a alguien que lo sabe y seguís la dirección
que os indica. En resumen, la actitud razonable que adoptáis todos
a lo largo de vuestra vida, a propósito de las cosas que ignoráis,
es que consultáis con alguien que está al corriente. aceptáis
su consejo y actuáis en consecuencia. Como vuestro propio conocimiento
es insuficiente, buscáis cuidadosamente a alguien mejor informado
y aceptáis sus opiniones. tenéis gran cuidado para elegir
a la persona competente, pero una vez que la habéis elegido, aceptáis
sus consejos sin discutir. Esto se llama «la fe en lo desconocido»
pues aquí habéis puesto confianza en alguien que sabe sobre
materias que desconocéis. Esto es precisamente el imán
u bil ghaib.
El imán u bil ghaib significa que podéis llegar
al conocimiento de lo que ignoráis por medio de alguien que sabe.
No conocéis a Dios y sus verdaderos atributos. Ignoráis que
sus ángeles dirigen el mecanismo del Universo según sus órdenes
y que os rodean por todas partes. No sabéis exactamente qué
modo de vida es susceptible de agradar a vuestro Creador; estáis
en la ignorancia de lo que concierne a la vida ulterior. El conocimiento
sobre todas estas materias, os será dado por los profetas que están
en contacto directo con el Ser divino y han recibido el conocimiento correcto.
Son sinceros, íntegros, dignos de confianza, piadosos, y su vida
de pureza absoluta es un testimonio irrevocable de la vivacidad de sus
consejos y sobre todo, la sabiduría y la fuerza de su mensaje os
obligan a admitir que dicen la verdad y que todo lo que predican merece
ser creído y seguido. Esta convicción, que es la vuestra,
es el imán u bil ghaib la! actitud capaz de discernir la
verdad y de reconocerla (es decir, «imán u bil ghaib»)
es esencial para la obediencia a Dios, y para actuar de acuerdo con su
voluntad, porque no tenéis otro intermediario más que el
Mensajero de Dios para alcanzar el verdadero conocimiento, y sin conocimiento
verdadero no podréis avanzar seguros en el camino del Islam.
Capitulo Tres : El apostolado
Nuestra discusión ha puesto en evidencia los puntos siguientes:
- Es justo que el hombre viva una vida de obediencia a Dios, y por esto,
el conocimiento y la fe son absolutamente necesarios; conocimiento de Dios
y sus atributos, de lo que le gusta y no le gusta, de su camino y del día
del juicio final; y una fe Inquebrantable en la veracidad de este conocimiento
-esto es iman.
- Dios ha querido evitar al hombre tener que conquistar este conocimiento
al precio de un esfuerzo personal. No ha puesto al hombre ante esta prueba
difícil, pero ha revelado este conocimiento a los profetas elegidos
entre los hombres, ordenándoles transmitir su voluntad a las otras
criaturas humanas y enseñarles el camino recto. Esto ha evitado
al hombre terribles calamidades.
- Por último el deber de todos los hombres y mujeres, es reconocer
un profeta, y después asegurarse que es verdaderamente el enviado
de Dios, tener fe en él y en su enseñanza, y obedecerle escrupulosamente
y seguir sus pasos. Este es el camino de la Salvación.
En este capítulo discutiremos la naturaleza, de la historia y
los demás aspectos del apostolado.
Su naturaleza y su necesidad
Podéis ver que Dios ha provisto al hombre muy graciosamente de
todo lo que tiene necesidad en este universo. El recién nacido viene
al mundo con ojos para ver, oídos para oír, nariz para sentir
y respirar, manos para tocar, pies para caminar, y un espíritu para
pensar y reflexionar. todas las facultades y poderes que pueda necesitar
cuando sea un hombre, han sido maravillosamente colocados en su pequeño
cuerpo. Las menores necesidades han sido previstas, nada ha sido olvidado.
Del mismo modo ocurre al universo donde vive. Todo lo que es esencial
a su existencia está dotado de ello en abundancia - aire, luz, calor,
agua, etc. Desde el día en que abre los ojos, el niño encuentra
su alimento en el seno de su madre. Sus padres lo quieren instintivamente,
y en su corazón ha sido implantado el instinto protector que les
incita a levantar y sacrificar su bienestar por el suyo propio. Así,
afectuosamente protegido, el niño alcanza la madurez y en cada etapa
de su vida encuentra en la Naturaleza de todo de lo que tiene necesidad.
todas las condiciones materiales de supervivencia y de crecimiento le son
dadas y puede darse cuenta que el Universo entero está a su servicio
y le sirve en cada instante.
Mucho más, el hombre tiene la suerte de disponer de todos los
poderes y facultades - físicas, mentales y morales - de las cuales
tiene necesidad en su lucha por la vida. Con este propósito Dios
ha puesto disposiciones maravillosas: no ha repartido los dones estrictamente
igual entre los hombres. Si lo hubiera hecho, esto habría vuelto
a los hombres - totalmente independientes los unos de los otros y habría,
así, perjudicado el concepto de cooperación y ayuda mutua.
Por lo tanto, aunque la Humanidad en su conjunto disponga de esto que tiene
necesidad, entre los hombres sin embargo, las facultades están distribuidas
desigualmente y con parsimonia. Algunos tienen una gran fuerza física,
otros se distinguen por sus capacidades intelectuales. Algunos nacen con
una gran aptitud para las artes, la poesía, la filología,
otros tienen talentos de oradores o sentido de la estrategia, aptitud para
el comercio, espíritu matemático, curiosidad científica,
observación literaria, inclinación por la filosofía...
Estas aptitudes particulares distinguen a cada hombre, permitiéndole
interpretar las sutilezas que escapan al común de los mortales.
Estas instituciones, éstas aptitudes y estos talentos son dones
de Dios. Están en la naturaleza de los que Dios ha destinado que
sean así distinguidos. Estos dones son innatos y no pueden adquirirse
por el entrenamiento o la educación.
Si se piensa en esta repartición de los dones divinos, se descubre
que ha sido maravillosamente hecha. Las capacidad es que son esencia les
para la supervivencia de la cultura humana han sido dadas al hombre medio,
mientras que los talentos extraordinarios que no son necesarios más
que en una menor medida, han sido dados solamente a un pequeño grupo
de personas. Hay un gran numero de soldados, labradores, artesanos, obreros;
pero los jefes militares, los sabios, los hombres de estado, y los intelectuales
son relativamente poco numerosos. Ocurre lo mismo en todos los dominios.
La regla general parece ser la siguiente: Cuanto más desarrollada
es una facultad, cuanto más grande es un genio, menos gente hay
que lo posean. Los grandes genios que dejan una huella imborrable en la
historia humana y cuyas hazañas abren el camino a la Humanidad duran-
te siglos, son todavía menos numerosos.
Aquí llegamos a otra pregunta: ¿La Humanidad tiene necesidad
de expertos y de especialistas únicamente en el dominio del derecho,
de la política, la ciencia, las matemáticas, la técnica,
la mecánica, las finanzas, la economía, o bien tiene Igualmente
necesidad de hombres que puedan indicarle el recto camino -el camino de
Dios y de la Salvación-? Otros expertos hacen conocer al hombre
todo lo que existe en el Universo, asá como los medios y los métodos
para utilizarlos. Sin duda, hace falta de alguno para que pueda explicar
al hombre cuál es el fin supremo de esta creación y el significado
de la vida, qué es el hombre mismo, por qué ha sido creado,
quién le ha dado los poderes y los recursos de los que dispone,
y por qué, cuál es el ideal final de la vida y cómo
lo consigue, cuáles son los valores reales y cómo los alcanza.
He ahí cuál es la necesidad primordial del hombre y si Ignora
esto, no encontrará jamás bases sólidas ni tendrá
éxito en esta vida ni en la futura.
Nuestra razón se niega a creer que Dios, que ha previsto para
el hombre hasta la más banal de sus necesidades, haya podido omitir
poder a esta necesidad, la más grande y la más vital de entre
todas. No puede ser asá. Y no es as a Dios ha dado hombres eminentes
en las artes y en las ciencias, pero ha suscitado Igualmente hombres con
Intuición profunda, clarividentes y aptos en conocer y asimilar.
Es a éstos a los que le ha revelado el camino de la piedad y de
la virtud. Les ha explicado los fines de la vida y los valores morales
y les ha confiado la misión de comunicar la divina Revelación
a los demás seres humanos y de enseñarles el recto camino.
Estos hombres son los profetas, los mensajeros de Dios.
Los profetas se distinguen en la sociedad humana por sus aptitudes especiales,
sus extraordinarias capacidades y sus aptitudes natural es. El genio no
se exige más que de él mismo y convence automáticamente
a los demás. Por ejemplo, cuando se oye a un verdadero poeta, se
reconoce en seguida su genio extraordinario, los que no poseen naturalmente
este talento no llegarán nunca a alcanzar esta excelencia incluso
procurándolo con todas sus fuerzas. Del mismo modo para los oradores,
escritores, jefes, inventores de nacimiento. Cada uno de estos talentos
se distingue por su aptitud y sus resultados extraordinarios. Los demás
no pueden compararse a ellos. Del mismo modo con el profeta. Su espíritu
comprende problemas que se escapan a los demás talentos; explica
los asuntos que nadie puede abordar: su intuición aclara cuestiones
tan sutiles y tan complicadas que nadie llegaría a comprender, incluso
después de años de reflexión y meditaciones profundas.
Su razón aprueba todo lo que dice; el corazón siente que
esto es verdad; la experiencia y las observaciones de los fenómenos
del mundo atestiguan toda la veracidad de sus palabras. Pero si intentamos
nosotros mismos hacer lo mismo, sería un fracaso. La naturaleza
y las aptitudes del profeta son tan buenas y tan puras que su actitud es
siempre digna de confianza, honesta y notable. No hace mal, ni profiere
malas palabras. Inculca siempre la virtud y practica él mismo lo
que predica a los demás. En ningún caso su vida está
en desacuerdo con sus ideales. Ni sus palabras, ni sus actos son dictados
por el Interés personal Sufre por el bien de los demás sin
esperar recompensa. Su vida entera es un ejemplo de verdad, nobleza, pureza
de naturaleza, pensamiento elevado, la forma más exaltada de la
humanidad. Su carácter es irreprochable y su vida está exenta
de debilidades. Todos estos hechos, todos estos atributos prueban que es
el profeta de Dios y que se puede tener fe en él.
Cuando queda evidente que tal persona es el verdadero profeta enviado
de Dios, es lógico escuchar sus palabras, seguir sus instrucciones,
ejecutar sus órdenes. Sería ilógico reconocer a un
hombre como verdadero profeta de Dios y después no creer en lo que
dice, o no seguir lo que ordena. Porque la aceptación misma de este
hombre, como un profeta enviado de Dios, significa que se admite que sus
palabras vienen de Dios y que todas sus acciones están en conformidad
con la voluntad y el placer de Dios. Desobedecerle es desobedecer a Dios
y desobedecer a Dios no lleva más que a la ruina y desolación.
Es por esto por lo que el reconocimiento mismo del profeta os obliga a
inclinaros ante sus instrucciones y aceptarlas sin murmurar, sean cuales
fueren. Tal vez no podréis comprender su sabiduría o la utilidad
de tal o cual orden, pero el hecho mismo de que una instrucción
venga del profeta es una garantía suficiente de su veracidad y no
podría haber lugar para la duda o la sospecha. Si no lo comprendéis
esto, no quiere decir que haya error, porque la comprensión del
hombre ordinario no es perfecta. tiene sus limitaciones que no pueden ser
ignoradas. Es evidente que el que no conoce un arte a fondo, no puede comprender
las sutilezas, pero ¡sería estúpido rechazar lo que
dice un experto simplemente porque no se comprende perfectamente su juicio!
Es preciso anotar que en todas las ocupaciones de este mundo, se tiene
necesidad de consejos de un experto, y cuando os dirigís a él,
lo hacéis con confianza. Preferís no juzgar por vosotros
mismos sino seguir sus consejos. Todo el mundo no puede sobresalir en todas
las artes y materias. La gente corriente hace cuanto puede y para las cosas
que ignora, emplea toda su sabiduría y su sagacidad en encontrar
al hombre cualificado que podrá guiarla y ayudarla; una vez que
lo encuentra, acepta y sigue sus consejos. Cuando estáis convencidos
de que tal persona es el hombre más cualificado para el problema
que os ocupa, solicitáis, sus consejos y mandatos y le dais confianza.
La interrupción a cada instante para decir: «Explíqueme
esto antes de ir más lejos», sería evidentemente ridículo.
Cuando contratáis a un hombre de leyes para un pleito, no os metéis
en lo que hace en cada noticia nueva del procedimiento. Es mejor darle
confianza y seguir sus consejos. Para un tratamiento medio, vais a consultar
al médico, y os conformáis con sus instrucciones. No os interpoléis
en las cuestiones médicas y no practicáis vuestros dones
de lógica en argumentar con el médico. Es la conducta que
conviene adoptar en la vida. Lo mismo debe ocurrir en materia de religión.
tenéis necesidad de conocer a Dios, y de encontrar el modo de vida
que puede agradarle; y no tenéis medios de adquirir este conocimiento.
Os incumbe, por consiguiente, buscar un verdadero profeta de Dios; os hará
falta usar un cuidado infinito de discernimiento y de sagacidad en esta
búsqueda, porque si escogéis a alguno que no sea un verdadero
profeta, os llevará al mal camino. Sin embargo, si después
de haber meditado, pensado y reflexionado, acabaseis por decir que tal
persona es realmente el profeta enviado de Dios, entonces debéis
darle enteramente confianza y obedecer fielmente en todas sus instrucciones.
Ahora está claro que el camino recto es aquel y sélo aquel
que el profeta declare venir de Dios. Se comprenderá fácilmente
que la fe y la obediencia al profeta son absolutamente vitales para todo
el mundo, y que un hombre que rechaza las instrucciones del profeta y trata
de abrirse él mismo una ruta, se desvía del recto camino
y es seguro su extravío.
En esta materia, los hombres se han sentido culpables de extraños
errores. Algunos han admitido que el profeta era íntegro y digno
de confianza, per o no tienen el iman (la fe en él) ni siguen
sus consejos para dirigir su vida. Son no solamente kafir sino que
también se comportan de una manera muy imprudente e ilógica:
pues no escuchar al profeta después de haberlo reconocido como tal,
significa que se comprometen voluntariamente en el error. ¡Puede
haber locura más grande!
Otros han declarado: «No necesitamos al profeta para guiarnos,
podemos encontrar por nosotros mismos el camino de la verdad». Esto
es igualmente un punto de vista erróneo. Habéis estudiado
probablemente la geometría, y sabéis que entre dos puntos
no puede pasar más que una sola línea recta, y que todas
las demás líneas son curvas o no tocan los dos puntos a la
vez. Lo mismo ocurre para el camino de la verdad, que en el lenguaje del
Islam se llama as cirata l mustaquim («el camino recto»).
Este camino parte del hombre y va derecho a Dios, y no existe más
que uno solo y único; todos los demás caminos son aberraciones.
Este camino recto ha sido trazado por el profeta y no puede haber otro.
El hombre que desdeña este camino y busca otra vías, es víctima
de su propia imaginación. Elige una vida y se imagina que es la
buena, pero se pierde pronto en los meandros y el laberinto de su imaginación.
¿Qué pensaríais si cuando alguien se extravía
y una persona caritativa le enseña el camino a seguir, Ignora completamente
el consejo y declara: «Yo no tengo que cumplir vuestros mandatos
y no tomaré el camino que me habéis indicado, pues yo mismo
voy a salir al azar en esta región desconocida y trataré
de alcanzar mi destino a mi manera»? Este modo de actuar sería
verdaderamente estúpido cuando se dispone de las directivas luminosas
de los profetas. Si todo el, mundo tratase de partir de cero, esto sería
una enorme pérdida de tiempo y de energía. Si no hacemos
nunca esto en el dominio de la ciencia o de las artes; ¿por qué
hacerlo en el dominio de la religión?
Es una aptitud bastante común y reflexionando un poco, se ve
cuán errónea y defectuosa es. Pero si se piensa en el la
un poco más profundamente se advierte que el que niega tener confianza
en el verdadero profeta no descubrirá el camino recto, directo o
no, que lleva a Dios Esto, porque el que niega seguir los consejos de un
hombre apasionado de la verdad, adopta por lo mismo una actitud tan perversa
que las perspectivas de la verdad le serán extrañas y llega
a ser la víctima de su propia obstinación, de su arrogancia,
de sus prevenciones y de su perversidad. Esta negación viene a menudo
de un amor propio mal situado, de una conservación ciega, -y de
una adhesión obstinada a las tradiciones ancestrales, o de un abandono
en los bajos instintos cuya satisfacción se hacen imposibles si
se somete a la enseñanza de los profetas. Si un hombre se encuentra
en tal estado de espíritu, el camino de la verdad le será
cerrado. Tal enfermedad no puede ver las cosas con los colores de la realidad.
No descubrirá ningún camino hacia la salvación. Pero
por otra parte, si un hombre es sincero, ama la verdad, y no es esclavo
de ninguno de los complejos que venimos citando, el camino de la realidad
se abrirá ante él, y no tiene ninguna razón de rechazar
las palabras del profeta. Al contrario, descubre en las enseñanzas
del profeta el eco mismo de su propio alma, y se descubre, descubriendo
al profeta.
Por encima de todo, el verdadero Profeta es suscitado por Dios mismo.
Es si quien le ha enviado a la Humanidad para transmitir su mensaje a su
pueblo. Dios mismo nos ordena tener fe en el profeta y escucharle. Pues
el que niega creer en él, niega, de hecho, seguir los mandamientos
de Dios y llega a ser un rebelde. Es indiscutible que el que niega reconocer
la autoridad del representante del Soberano, niega, en efecto, la del Soberano
mismo Esta de obediencia hace de él un rebelde. Dios es el Señor
del Universo, el verdadero Soberano, el Rey de reyes, y es el deber más
estricto de todo hombre, reconocer la autoridad de sus mensajeros y de
sus apóstoles, y de obedecerles como a sus profetas acreditados.
El que se aparte del profeta de Dios es seguramente un kafir, ya
sea creyente en Dios o in l crédulo.
Resumen histórico
Examinemos ahora la historia del apostolado. Veamos cuáles fueron
los primeros eslabones de esta larga cadena de profetas que concluye con
el apostolado del último de los profetas, Muhammad -la paz sea con
él-.
La raza humana tiene su origen en un hombre: Adán. Es a partir
de él y de su posterldad como la familia humana se extendié
y multiplicó. Todos los seres humanos de este mundo son descendientes
de esta pareja original: Adán y Eva. La Historia y la Religión
están de acuerdo en este punto. Las investigaciones científicas
sobre el origen del hombre no han podido demostrar jamás que en
el origen hubieran aparecido diferentes hombres, simultáneamente
o en tiempos diferentes, en distintas partes del globo terrestre. La mayoría
de los sables suponen que un primer hombre habría existido desde
el principio y que la raza humana entera vendría de este mismo hombre.
Adán, el primer hombre en la tierra, fue igualmente el primer
profeta de Dios, al cual revelé su religión -el Islam- y
le ordené transmitirla a sus descendientes: de enseñarles
que Dios es Único, el Creador, el Soberano del mundo; que es el
Señor del Universo, y Si únicamente debe ser adorado y obedecido;
que es a si al que deberán volver un día; nada más
que a Él deben pedirle ayuda, que deberían llevar una vida
piadosa y honesta que agrade a Dios. Si viven así, serán
benditos por Dios y recompensados como merecen, pero si se apartan de Si,
y le desobedecen, serán perdedores tanto en esta vida como en la
otra, y severamente castigados por esta incredulidad y esta desobediencia.
Los mejores entre los descendientes de Adán siguieron el camino
recto indicado por su padre, pero los perversos abandonaron sus enseñanzas
y se desviaron gradualmente en direcciones erróneas. Algunos se
pusieron a adorar al Sol, la Luna y las estrellas; otros a los árboles,
los animales y los ríos. Otros creen que el aire, el agua, el fuego,
la salud, todos los beneficios y la fuerza de la Naturaleza eran atributos
de diversos dioses y que era preciso adorarlos a todos para atraerse sus
gracias. De esta manera, la ignorancia produjo numerosas formas de chirk
o politeísmo e idolatría y las religiones se multiplicaron.
Era la época en que la descendencia de Adán se había
extendido por la superficie del globo terrestre y había formado
varias razas y naciones. Cada nación se constituía su propia
religión, con sus ritos y sus cultos propios. Dios -el único
Señor y Creador de la Humanidad y del Universo- era olvidado completamente.
Mucho peor, los descendientes de Adán olvidaron hasta el género
de vida que les había sido prescrito por Dios y que su gran antepasado
les hubiera enseñado. Habían seguido sus propias tendencias.
Las malas prácticas y las erróneas ideas se multiplicaron.
Los hombres comenzaron a no saber distinguir el bien del mal. Muchas cosas
malas fueron consideradas como buenas y muchas cosas buenas eran, no solamente
ignoradas sino, consideradas como malas.
En este estado, Dios comenzó a suscitar profetas en cada nación,
para que predicaran el Islam. Cada uno recordaba a su pueblo la lección
que había olvidado. Les enseñaron la adoración de
Dios, pusieron fin a la idolatría y a la práctica de chirk
(asociar otras divinidades con Dios) limpiándose de todas las costumbres
salidas de la ignorancia, les inculcaron el modo de vida que conviene practicar
para agradar a Dios, y les dieron códigos de leyes para vivir en
sociedad. Los profetas de Dios fueron suscitados en todos los países,
entre todos los pueblos. Todos profesaban la misma religión -el
Islam-.
Sin duda, los métodos de enseñanza y los códigos
de leyes de los diversos profetas diferían según las necesidades
y el nivel de cultura del pueblo al cual eran destinados. Las enseñanzas
particulares de cada profeta eran determinadas por los males que debían
ser confrontados y que trataban de estirpar. Los métodos de reforma
diferían también por ser mejor de combatir tal o tal idea.
Si una nación no hubiera alcanzado más que un estado todavía
bastante primitivo de su civilización y de su desarrollo intelectual,
las leyes y los principios de los profetas eran simples; se modificaban
y se mejoraban en función de la evolución del progreso de
la sociedad. Estas diferencias, sin embargo, son puramente formales y superficiales.
Las enseñanzas fundamentales de todas las religiones eran las mismas:
creencia en la unidad de Dios, vida piadosa, virtuosa y apacible, creencia
en una vida después de la muerte con su justo sistema de recompensa
y de castigo.
La actitud del hombre hacia los verdaderos profetas de Dios ha sido
muy extraña. Al principio los maltrataban y rehusaban escuchar y
seguir sus enseñanzas. Algunos profetas fueron desterrados; otros
asesinados; otros frente a la indiferencia del pueblo, continuaron predicando
toda su vida, para no ganar más que un puñado de discípulos.
En medio de la oposición, de la burla y de las humillaciones fastidiosas
a las cuales estaban perpetuamente sometidos, estos apóstoles de
Dios no abandonaron la predicación. Su determinación paciente
triunfé finalmente: su enseñanza no quedé sin efecto.
Importantes grupos de pueblos v naciones aceptaron su mensaje y se convirtieron
a sus ideas. Los errores nacidos de siglos de desviación, de ignorancia
y malas prácticas tomaron, entonces, otra forma: mientras que los
profetas estuvieron con vida, sus enseñanzas fueron seguidas y aceptadas,
pero después de su muerte, las naciones volvieron a introducir sus
viejos errores en sus religiones y alteraron los mandatos de los profetas.
Adoptaron formas nuevas de adoración; algunos se pusieron a adorar
incluso a su profeta, acabando ya en las encarnaciones de Dios, ya los
hijos de Dios; otros asociaron incluso a sus profetas con Dios en la divinidad.
En resumen, las distintas aptitudes que adopta el hombre a este respecto
eran un disfraz de su razón y una burla; idolatraba a las personas
incluso a los que su misión sagrada había sido - destruir
a los ídolos. Mezclando la religión, las costumbres y los
ritos de la ignorancia, las anécdotas falsas y sin fundamento y
las leyes inventadas por ellos mismos, los hombres cambiaron y pervirtieron,
a tal punto la ideología de los profetas, que después de
varios siglos, había llegado a ser una mezcla de realidad y ficción,
y las enseñanzas de los profetas desaparecieron en un conglomerado
de perversiones y defección, hasta el punto que era imposible distinguir
la semilla de la cascara. No contentos de corromper la enseñanza
de los profetas, introdujeron anécdotas inventadas y tradiciones
apócrifas en la vida de los profetas y desfiguraron, hasta tal punto,
sus biografías que llegó a ser imposible hacer de ellos un
informe exacto y digno de fe. A pesar de estas corrupciones ulteriores,
el trabajo de los profetas no fue completamente inútil. Entre todas
las naciones, a pesar de todas las interpolaciones y alteraciones, quedaron
algunas huellas de la verdad. La idea de Dios y de la vida que hay después
de la muerte, algunos principios de bondad y moralidad han sido definitivamente
adoptados y asimilados bajo una forma u otra por todos los pueblos. Los
profetas han preparado, pues, moralmente a sus pueblos respectivos en recibir
una religión universal -una religión en perfecta armonía
con la naturaleza humana-, que fue el resumen de todo lo que había
de bueno en las creencias y las sociedades anteriores, y generalmente aceptable
por la Humanidad entera.
Como hemos dicho ya, al principio aparecieron diferentes profetas en
cada nación, y su enseñanza era concebida especial y específicamente
por cada pueblo. La razón era que en esta época de la historia,
las naciones vivían separadas y hasta tal punto aisladas las unas
de las otras que cada una quedaba confinada en el interior de sus límites
geográficos y las posibilidades de intercambio eran prácticamente
inexistentes. En tales circunstancias era extremadamente difícil
propagar una fe mundial común, con su sistema común de leyes
y reglas para la vida en esta tierra. Por lo demás, las condiciones
generales de las naciones de la Antigüedad variaban enormemente entre
ellas. La ignorancia era inmensa y había producido, según
los pueblos, formas diferentes de aberraciones morales y corrupción
de la fe. Era, pues, necesario que diferentes profetas fuesen suscitados
para predicarles la verdad y ganarles el camino de Dios; para eliminar
progresivamente las maldades y las aberraciones, sacarles de su ignorancia,
enseñarles a practicar los nobles principios de una vida simple,
piadosa y honesta, y también educarles en las artes y las profesiones
de la vida. Dios sélo sabe cuántos siglos transcurrieron
para educar al hombre y hacerle progresar mentalmente, moralmente y espiritualmente.
En todos los aspectos el hombre no deja de progresar, y finalmente llegará
el tiempo en que deje el estado de infancia, y alcance la madurez.
Con el progreso y el desarrollo del comercio, de la industria y de las
artes, las relaciones se establecieron entre las naciones. De la China
y del Japón, de las lejanas tierras de Europa y ¡frica, itinerarios
regulares se abrieron tanto por tierra como por mar. Muchas gentes aprendieron
a leer y escribir: la instrucción aumenté. Las ideas y el
saber comenzaron a comunicarse de país a país. Aparecieron
grandes conquistadores: Extendieron sus conquistas, constituyeron vastos
imperios y reunieron bajo el mismo dominio naciones muy diferentes. De
este modo los pueblos se aproximaron y las diferencias se esfumaron.
Las condiciones se encontraban así reunidas para que una fe única,
que preconizase un modo de vida universal, respondiendo a todas las necesidades
humanas, morales, espirituales, sociales, culturales, políticas,
económicas y otras de los hombres, y que comprendiese a la vez elementos
religiosos y seculares, fuese enviada por Dios a la Humanidad entera Hace
más de dos mil años la Humanidad tenia un estado de desarrollo
mental que aspiraba a una religión universal. El Budismo, que no
comprendía más que algunos principios morales, pero no era
un sistema de vida completo, tuvo su origen en la India, se extendié
hasta Japón y Mongolia por una parte y a Afganistán y a Bukhara
por otra parte Sus misiones recorrieron el mundo. Algunos siglos más
tarde apareció el cristianismo. Aunque la religión enseñada
por Jesucristo -la paz sea con él- no fue otra más que el
Islam, sus discípulos y partidarios la redujeron a una mezcolanza
llamada cristianismo, y esta religión manifiestamente destinada
solamente a los israelitas, fue extendida por Persia, Asia Menor, Europa
y ¡frica. Estos acontecimientos prueban claramente que las condiciones
de esta época exigían una condición común a
toda la Humanidad y la necesidad se hacia sentir tan fuerte que a falta
de religión verdadera y completa los hombres comenzaron a abrazar
las religiones existentes, todas imperfectas, fueran cuales fueran.
En un estado tan crucial de la civilización, cuando el mismo
espíritu humano exigía una religión mundial, un profeta
fue suscitado en Arabia para el mundo entero y para todas las naciones.
La religión que le fue encargada de propagar era de nuevo el Islam,
pero esta vez bajo la forma de un sistema completo, acabado, aplicándose
a todos los aspectos de la vida material e individual del hombre. Fue hecho
profeta de toda la raza humana y su misión se extendió por
el mundo entero. Es Muhammad, el profeta del Islam -la paz sea con él-.
El apostolado de Muhammad
Echemos una mirada al mapa del mundo. Nos daremos cuenta que no había
país más apropiado que Arabia para esta religión universal
que llegó a ser tan necesaria. Arabia está situada entre
Asia y ¡frica, no demasiado lejos de Europa. En la época de
Muhammad, la parte meridional de Europa estaba habitada por naciones civilizadas
y culturalmente desarrolladas: y así, estos pueblos se encontraban
a casi igual distancia de Arabia que los pueblos de la India. Esto daba
a Arabia una posición central.
Si estudiáis la historia de esta época, veréis
Igual mente que ningún otro pueblo era más apropiado para
recibir el apostolado que los árabes.
Las grandes naciones del mundo habían combatido sin suerte por
la supremacía mundial, y en esta larga e incesante lucha, habían
agotado todos sus recursos y su vitalidad. Los árabes eran un pueblo
nuevo y viril. EI pretendido progreso social habla producido malas costumbres
entre las naciones desarrolladas mientras que entre los árabes no
existía tal organización social, estaban por consiguiente
desprovistos de la pereza, del envilecimiento, y de los vicios nacidos
del lujo y de la sociedad sensual. Los árabes paganos del siglo
VII no habían sido afectados por las malas influencias de los sistemas
sociales y de la civilización artificial de las grandes naciones
del mundo. Poseían todas las cualidades humanas sanas de un pueblo
no alcanzado por el «progreso social» del tiempo. Eran valerosos,
generosos, fieles a la palabra dada, espíritu de libertad, políticamente
independientes, libres de toda hegemonía. Vivían una vida
frugal, sin conocer el lujo o la licencia. Sin duda, tenían también
aspectos reprensibles en su vida Igualmente, como veremos más tarde;
pero la razón de ello era que desde milenios ningún profeta
se había manifestado entre ellos, ningún reformador para
civilizarlos y expulgar su vida moral de todas sus impurezas. Siglos de
vida libre e independiente en desiertos de arena, los habían vuelto
extremadamente Ignorantes. Estaban por consiguiente tan endurecidos y arraigados
en sus tradiciones de ignorancia que humanizarles no era la tarea de un
hombre ordinario. Pero, por otro lado, si alguno dotado de poderes extraordinarios
iba a invitarles a reformarse, y darles un noble ideal y un programa completo,
estaban dispuestos a escuchar su llamamiento y obrar con buena voluntad
hacia tal fin, sin retroceder ante ningún sacrificio por esta causa.
Estaban dispuestos a hacer frente, sin el menor sentimiento, a la hostilidad
del mundo entero por la causa de su misión. Sinceramente, tal pueblo
era, joven, lleno de fuerza viril, que era necesario para extender las
enseñanzas del profeta universal: Muhammad -la paz sea con él-.
Considerad luego la lengua árabe; si la estudiáis, si
habéis estudiado la literatura árabe, os habréis convencido
de que no hay lengua más apropiada para expresar ideales elevados,
para explicar los problemas más sutiles y más delicados del
conocimiento divino, para tocar el corazón del hombre e inclinarlo
a la sumisión de Dios. Frases cortas son suficientes para expresar
todo un mundo de Ideas y al mismo tiempo grabar tal señal en el
corazón que fácilmente lleva a las lágrimas y al éxtasis.
Son dulces como la miel, tan armoniosas que hacen vibrar, con su música,
todas las fibras del cuerpo humano. Es una lengua tan rica y tan poderosa
que era necesario para el Corán, la Sagrada Palabra de Dios.
Es pues una manifestación suplementaria de la gran sabiduría
divina haber elegido la tierra de Arabia como lugar de nacimiento del profeta
universal. Veamos ahora cuán única y extraordinaria era la
personalidad bendita que Dios eligió para esta misión del
profeta universal.
Si se pudieran cerrar los ojos y trasladarse al mundo de hace mil cuatrocientos
años, se vería que era un mundo completamente diferente del
nuestro, que no ofrece el menor parecido con el caos que nos rodea. Las
ocasiones de cambiar de ideas eran raras; los medios de comunicación,
primitivos e insuficientes; el conocimiento humano, reducido y estrecho
en su concepto, bañado en una atmósfera de superstición
y de ideas locas y pervertidas.
Las tinieblas reinaban. Los conocimientos de la época no eran
suficientes para iluminar el horizonte del espíritu humano. No había
ni radio, ni teléfono, ni televisión, ni cine. Los trenes,
los coches y los aviones no eran incluso concebibles y se ignoraba completamente
la imprenta y la edición. Manuscritos, obras de los copistas, abastecían
solos el ramo material literario para ser transmitido de una generación
a otra. La instrucción era un lujo, reservado a los más afortunados,
y las escuelas eran extremadamente raras. La Idea de los conocimientos
humanos era poco Importante . El hombre ten la un concepto estrecho y sus
ideas sobre él mismo y sobre la Creación se limitaban a su
horizonte limitado. Incluso un sabio de ésta época estaba
desprovlsto de algunos conceptos del saber poseído por la mayoría
de los mortales hoy día. Las gentes no cultivadas eran menos refinadas
que el hombre de la calle de ahora.
Verdaderamente la Humanidad estaba sumergida en la ignorancia y la superstición.
El débil reflejo de conocimiento que existía, entonces, parecía
librar un combate perdido de antemano contra las tinieblas que triunfaban
alrededor. Lo que es hoy considerado como un nivel medio de instrucción,
podía difícilmente ser alcanzado en aquellos tiempos, incluso
después de años de búsqueda y de reflexión
pacientes. Las gentes emprendían viajes arriesgados y pasaban toda
su vida en adquirir la poca instrucción que es hoy patrimonio de
todos. Las cosas que se llaman ahora mitos y supersticiones eran, en esta
época, verdades indiscutibles. Los actos considerados hoy como aborrecibles
y bárbaros eran entonces hechos normales. Métodos odiosos
en nuestro actual sentido de la moral, constituían la base misma
de la moralidad, y no se podía imaginar, en este tiempo, que pudiera
existir otro género de vida. La incredulidad había tomado
tales proporciones y se había extendido de tal modo que las gentes
no consideraban como elevado y sublime más que lo sobrenatural,
lo extraordinario, lo misterioso e incluso lo insensato. Habían
adquirido tal complejo de inferioridad que no podían imaginar que
un ser humano pudiera poseer un alma - divina o que un santo fuese hecho
hombre.
Arabia -Abismo de tinieblas-
En esta era de incultura había un país donde las tinieblas
eran aún más espesas que en cualquier parte. Los países
vecinos, Persia, Bizancio, Egipto, eran más civilizados y cultivados,
pero, Arabia no estaba de ningún modo influenciada por su cultura.
Estaba aislada por vastos océanos de arena. Los mercaderes árabes
que emprendían largos periplos de varios meses, comerciaban con
estos países, pero no podían adquirir el saber durante estos
viajes. En su país no había ni escuelas, ni bibliotecas,
nadie parecía interesarse por el desarrollo de la ciencia. Las raras
personas que sabían leer y escribir no estaban bastante instruidas
como para interesarse en las artes y en las ciencias existentes. Tenían
un lenguaje muy desarrollado, capaces de expresar los más sutiles
matices del pensamiento humano, y un gusto literario refinado, pero el
estudio de vestigios de su literatura, indica en cambio que su saber era
limitado, su nivel de civilización bajo y estaban impregnados de
supersticiones, sus pensamientos y costumbres eran bárbaros y feroces,
sus conceptos morales rudos y envilecidos.
Era un país sin gobierno. Cada tribu reclamaba la soberanía
y se consideraba como independiente. No había otra ley que la de
la rudeza. El botín, el incendio, el homicidio del débil
y del inocente estaban a la orden del día. La vida humana, la propiedad,
y el honor estaban constantemente amenazados. Las diferentes tribus guerreaban
entre ellas. El más banal Incidente era suficiente para suscitar
una querella que degeneraba en combate furioso o a veces incluso en conflicto
a escala de un país, que duraba decenios de años. Un beduino
no veía la necesidad de perdonar a un miembro de otra tribu, que
pensaba él tenía perfectamente el derecho de matar y saquear.
Todas las nociones de moral, cultura, civilización que podían
tener, eran primitivas y toscas. Distinguían difícilmente
lo puro de lo impuro, lo legal de lo ideal, lo civil de lo incivil. Tenían
una vida ruda, costumbres bárbaras, se complacían en el adulterio,
el juego y la bebida. El botín y el pillaje eran su divisa, el asesinato
y la rapiña cosas cotidianas y banales. Se presentaban desnudos
en público sin el menor pudor. Incluso las mujeres iban desnudas
a la procesión al rededor de la kaba. Por estúpidas
nociones de prestigio, enterraban vivas a sus hijas. Se casaban con sus
madrastras después de la muerte de su padre. Ignoraban hasta los
rudimentos de la rutina cotidiana de la alimentación, del vestido
y de la higiene.
En lo que concierne a sus creencias religiosas sufrían de los
mismos males que atacaban al resto del mundo. Adoraban a las piedras, los
árboles, los ídolos, los espíritus, en resumen, todo
lo que se puede imaginar, salvo a Dios. Recordaban vagamente que Abraham
e Ismael eran sus antepasados, pero no sabían prácticamente
nada de lo que habían predicado, ni del Dios que habían adorado.
Las historias de Aad y de Thamud se encontraban en sus tradiciones populares,
pero no contenían ningún rasgo de las enseñanzas de
los profetas Hud y Salih. Los judíos y los cristianos les habían
transmitido algunas leyendas tradicionales, refiriéndose a los profetas
israelitas que daban una imagen lamentable de estas nobles almas. La ficción
de su propia imaginación había adulterado sus enseñanzas
y borrado la noble postura de sus vidas. Hoy, aún, se puede tener
una idea de los conceptos religiosos de estas gentes echando un vistazo
a las tradiciones Israelitas que los comentaristas islámicos del
Corán nos han transmitido. El cuadro que se ha hecho del apostolado
y del carácter de los profetas israelitas es la antítesis
de todo lo que estos nobles defensores de la verdad habían creído.
El Salvador nacido
Es en esta época y en este país tan inculto donde nació
un hombre. Sus padres mueren cuando él era todavía un niño,
y algunos años más tarde, su abuelo muere. Con este hecho
es privado de la poca Instrucción y educación que podía
recibir un niño árabe de esta época. Durante su infancia
guardé rebaños de carneros y cabras con otros pequeños
beduinos. Cuando llegó a adulto, entré en el comercio. No
tenía relaciones más que con árabes, de los que acabamos
de describir su situación. No es instruido en absoluto y es completamente
analfabeto. Nunca tuvo la posibilidad de estar en compañía
de gente Instruida, porque tales hombres no existían en Arabia.
Tuvo algunas ocasiones de salir de su país, pero estos viajes se
limitaban a Siria, y no son más que ordinarios viajes comerciales
emprendidos por las caravanas árabes. Si encontré gentes
instruidas allí, o si tuvo ocasión de observar diversos aspectos
de la civilización, estos encuentros y estas observaciones fortuitas
no juegan ciertamente, ningún papel en la formación de su
personalidad, pues tales incidentes tan fragmentarios no habrían
jamás podido tener sobre cualquiera una influencia profunda hasta
el punto de hacerle abandonar su medio ambiente, transformarlo completamente
y elevarlo a tales alturas de originalidad y de gloria sin que quede ninguna
afinidad entre él y la sociedad de la que salió. Estas observaciones
no pueden nunca ser la base del inmenso conocimiento suficiente para transformar
un beduino analfabeto en un jefe, no solamente de su propio país,
sino del mundo entero y para todos los tiempos futuros. Sea cual fuere
la influencia cultural e intelectual que se le pueda atribuir a estos viajes,
no podían en ningún caso sugerirle estos conceptos y estos
principios de moral religiosa, de cultura y de civilización totalmente
inexistentes en el mundo de esta época, ni crear este modelo sublime
y perfecto de carácter humano, que no se podía encontrar
entonces.
Un diamante en un montón de piedras
Consideremos ahora la vida y la obra de este hombre notable, no solamente
en el contexto de la sociedad árabe, sino también en el del
mundo entero tal como era entonces.
Este hombre es completamente diferente a las gentes entre las cuales
nació, y con las que pasé su juventud y sus primeros años
de hombre adulto.
No mintió nunca. Su pueblo es unánime en testimoniar su
lealtad. Incluso sus peores enemigos no le acusaron nunca de haber proferido
una sola mentira en su vida. Habló cortésmente y no empleé
nunca un lenguaje obsceno o injurioso. Tuvo una personalidad y modales
encantadores y conquistadores que cautivaron el corazón de los que
le encontraban. En sus relaciones con sus semejantes, siguió siempre
los principios de la justicia. Hizo comercio durante años pero no
hizo jamás una sola transacción indigna. Los que negociaron
con él tenían toda confianza en su integridad. La nación
entera le llamaba al-amin («el sincero y digno de confianza»).
Incluso sus enemigos depositaban sus bienes, los más preciosos,
en su casa para seguridad, y se mostraba digno de confianza. Es el símbolo
mismo de la modestia. Nació y se educó entre un pueblo que
consideraba la embriaguez y el juego como virtudes, pero no bebió
jamás ni se dejé ir a jugar. Su pueblo es brutal, Inculto
y sucio, pero él personificaba en sí mismo la cultura más
alta y la apariencia más refinada. Rodeado de gentes crueles, tuvo
un corazón que desbordaba ternura humana. Ayudé a la viuda
y al huérfano, es hospitalario para los viajeros. No hace daño
a nadie, sino sufre más bien por los demás. Viviendo entre
gentes para los que la guerra es el pan cotidiano, es espíritu de
paz de manera que su corazón sangra por ellos cuando toman las armas
y se asesinan. El queda por encima de las querellas de tribus, y es siempre
el primero en proponer la reconciliación. Educado en una raza idólatra,
tiene un espíritu tan clarividente y un alma tan pura que sabe que
nada en los cielos ni en la tierra es digno de adoración, salvo
el Único y Verdadero Dios. No se inclina ante ninguna criatura,
no participa en las ofrendas hechas a los ídolos, esto desde su
más tierna infancia. Aborrece instintivamente toda forma de adoración
que no se aplique a Dios. En resumen, la personalidad brillante y extraordinaria
de este hombre aparece, en medio de un contorno tan obscuro, como un faro
iluminando la noche espesa, o un diamante resplandeciente en un montón
de guijarros.
Una revolución se produce
Después de haber vivido durante mucho tiempo una vida tan casta,
tan pura y elevada, su existencia es repentinamente trastornada. Se siente
cansado do las tinieblas y de la ignorancia que le rodea. Quiere escapar
de estos abismos de corrupción, inmoralidad, idolatría, y
desorden, que le rodean por todas partes. Todo, alrededor de él,
hiere su alma. Se retira a las colinas, lejos del tumulto de la sociedad.
Pasa días y noches meditando en la más completa soledad.
Ayuna para que su alma y su corazón lleguen a ser aún más
puros y más nobles. Anduvo errante y medité profundamente.
Busca una luz que pueda disipar las tinieblas que le rodean. Quiere captarlas
para mentalizar al mundo corrompido de su tiempo, y poner los cimientos
de un mundo mejor.
He aquí que una notable revolución se produce en él.
De pronto su corazón es iluminado por la luz divina, que le da el
poder que había soñado poseer. Deja la soledad de su gente,
vuelve hacia el pueblo, y se dirige a ellos en estos términos:
«Los ídolos que adoráis son una pura superchería,
dejad de adorarlos. Ningún ser humano, ninguna estrella, ningún
árbol, ninguna piedra, ningún espíritu, merece recibir
culto. No inclinéis vuestras cabezas ante ellos. El Universo entero,
y todo lo que contiene, pertenece al único Dios todopoderoso. El
solo es vuestro creador, vuestro mantenedor, y por consiguiente vuestro
verdadero Soberano. Es ante Él donde debéis inclinaros, rezad,
y haced acto de obediencia. Así pues, no adoréis más
que a si, y no obedezcáis más que a sus únicos mandatos.
El botín, el pillaje, el asesinato, el robo, la injusticia y la
crueldad, todos los vicios que practicáis son crímenes a
los ojos de Dios. Abandonad vuestros modales inicuos. Dios los aborrece.
Decid la verdad, sed justos, no robéis, tomad solamente la parte
que os corresponde. Dad lo que es debido a los demás con justicia,
sois seres humanos y todos los seres humanos son iguales a los ojos de
Dios. Nadie ha nacido señalado con el sello de la Infamia o de la
nobleza. Sólo es noble y honorable el que cree en Dios, es piadoso,
y sincero tanto en sus palabras como en sus actos. Las distinciones de
nobleza, gloria y raza no son criterios de grandeza y honor. El que cree
en Dios y hace justas acciones es el más noble de los hombres. El
que está desprovisto de amor por Dios, que se ha habituado a malos
modales, es maldecido. Hay un día fijado después de vuestra
muerte en que tendreis que comparecer ante vuestro Señor. Seréis
llamados a rendir cuentas de todas vuestras acciones, buenas y malas, y
no podréis ocultar nada. Toda la historia de vuestra vida será
como un libro abierto ante Él. Vuestra suerte dependerá de
vuestras acciones, buenas o malas. Ante el tribunal del verdadero juez
-Dios Omnipotente- no habrá recomendaciones ni favoritismos. No
podéis pagarle. No se os tendrá en cuenta vuestro ltendréis
el de vuestros antepasados. Sélo la fe verdadera y las buenas acciones
serán consideradas en este momento. El que esté bien dotado
de ellas tendrá en el cielo la felicidad eterna, mientras el que
esté desprovísto será precipitado en las llamas del
infierno».
Tal fue el mensaje que llevé. La nación se volvió
contra él, los insultos y las piedras volaban hacia su augusta persona.
Soporté toda clase de torturas y crueldades, y no durante un día
o dos solamente, sino durante trece largos años. Finalmente fue
exiliado. Pero incluso allí no se le concedió tregua. Fue
atormentado de múltiples maneras en su refugio. Toda Arabia se levanté
contra él. Es perseguido y acosado sin descanso durante ocho años
enteros. Soporté todo eso sin que su posición varíase
ni una pulgada. Es atrevido, cerrado e inflexible en su convicción.
¿Por qué esta hostilidad?
¿Por qué su pueblo llegó a ser su enemigo irreconciliable?
¿Se habían peleado a causa del oro, plata, o de otras riquezas
de la tierra? ¿Era debido a alguna lucha de sangre? ¿Es que
reclamaba alguna cosa de ellos? No. Toda esta hostilidad venia por el solo
hecho de que se les había exigido adorar al Único y Verdadero
Dios, y llevar una vida de rectitud, piedad, y bondad. Había predicado
contra la idolatría había denunciado su modo de vida única.
Había minado la autoridad del clero. Había fustigado contra
todos las distinciones de inferioridad o de superioridad entre los seres
humanos, y había condenado los prejuicios de clan y de raza, siendo
como los signos de un espíritu ignorante; quería cambiar
la estructura completa de la sociedad, que databa desde los tiempos inmemoriales.
A su vuelta sus compatriotas le dijeron que los principios de su misión
eran contrarios a sus tradiciones ancestrales y le exigieron renunciar,
bajo pena de las peores consecuencias. Se puede preguntar: ¿Por
qué soporté todas estas dificultades? Su nación le
ofreció tomarle por rey y depositar a sus pies todas las riquezas
del país, a condición de que abandonara su predicación
y su mensaje.
Pero prefirió rechazar todas las proposiciones, incluso las más
tentativas y sufrir por su causa. ¿Por qué? ¿Tenía
algún provecho de ver a estas gentes volverse piadosas e integras?
¿Por qué no se preocupaba de las riquezas? ¿Del
lujo, del reinado, de la gloria, de la fortuna? ¿Es que buscaba
bienes materiales tan elevados. que estas proposiciones parecían
insignificantes en comparación? ¿Es que estas ventajas eran
tan atrayentes como para preferir sufrir el fuego, la espada, soportar
con impasibilidad las torturas del cuerpo y del alma durante años?
Es preciso meditar largamente sobre este punto para encontrar una respuesta.
¿Se puede imaginar un más alto ejemplo de sacrificio,
de simpatía, de generosidad de corazón para sus semejantes,
que el de este hombre que ofreció su propia felicidad por el bien
de los demás, mientras que estas gentes le lapidaron, insultaron,
le desterraron, no le perdonaron, incluso en su exilio, y que a pesar de
todo negó parar de luchar por su bienestar?
Si hubiera estado de mala fe, ¿hubiera podido soportar tantos
sufrimientos por una causa inconsistente? ¿Es que un especulador
o un extravagante indigno hubiera podido dar pruebas de tal firmeza, aferrarse
a su ideal hasta el fin, quedar sereno y determinado frente a todos los
peligros y torturas imaginables, cuando un país entero se dirige
en armas contra él? Esta fe, esta perseverancia, esta resolución
con los cuales guiaba su movimiento al triunfo final, son por consiguiente
pruebas elocuentes de la verdad suprema de su causa.
Si hubiera tenido el menor vestigio de duda e incertidumbre en su corazón,
no habría podido jamás afrontar la tempestad que se desencadené
durante veintiún largos anos.
Esto es uno de los aspectos de la revolución que se desarrollé
en él. El otro aspecto es aún más maravilloso.
Un hombre transformado a los cuarenta años. ¿Por qué?
Durante cuarenta años, él vivió como un árabe
entre los árabes. Durante este período, no se distinguió
ni como jefe de estado, ni como predicador, ni como orador. Nadie le había
oído proferir gestos de sabiduría y de conocimiento como
comenzó a hacerlo más tarde. No se le había visto
jamás discurriendo sobre los principios de metafísica, ética,
derecho, economía y sociología. No so lamente no era un gran
general, sino que no era incluso un simple soldado. No había dicho
jamás una palabra sobre Dios, los ángeles, los libros revelados,
los profetas antiguos, las naciones desaparecidas, el día del juicio,
la vida después de la muerte, el cielo y el infierno. Es verdad
que poseía un excelente carácter y modales encantadores,
estaba altamente cultivado, sin embargo no había en él nada
notable que hubiera podido dejar presagiar alguna cosa grande y revolucionaria,
de su parte, en el futuro. Era conocido entre sus amistades como un ciudadano
sabio, tranquilo, amable, respetuoso de las leyes y bien preparado. Cuando
volvió de la cueva con un nuevo mensaje, estaba completamente transformado.
Cuando se puso a predicar su mensaje, toda Arabia quedé estupefacta,
asombrada por su maravillosa elocuencia y sus talentos de orador. Era tan
impresionante y cautivante que sus peores enemigos tenían miedo
de oírle, miedo que no impresionara profundamente su corazón,
y les hizo abandonar sus viejas religiones y sus viejos conceptos. Era
tan incomparable que nadie, entre los poetas, los predicadores y los oradores
árabes de la más alta categoría llegó a producir
alguna cosa aproximándose a la belleza de su lenguaje y al esplendor
de su dicción cuando desafié a sus adversarios de producir,
incluso en grupo, el menor versículo comparable a lo que él
recitaba.
Su mensaje universal
Además de eso, apareció entonces ante su pueblo como un
filósofo único, un reformador notable que imprimió
su sello en la cultura y la civilización, un político ilustre,
un gran jefe, un juez de la más alta eminencia, y un incomparable
general. Este beduino ilustre, este habitante del desierto, hablaba con
un conocimiento y una sabiduría como no se había visto jamás
antes, y que no se debía igualar más tarde. Expuso delicados
problemas de metafísica y de teología, pronuncié discursos
sobre los principios de la caída y del declive de las naciones y
de los imperios, citando en apoyo de sus tesis los datos histéricos
del pasado. Examiné las obras de los antiguos reformadores, juzgó
las diversas religiones del mundo, dio juicios sobre las diferencias y
las querellas entre las naciones. Decreté cánones éticos
y culturales. Formulé leyes sociales, económicas sobre la
conducta de grupo, las relaciones internacionales, tan sabias, que incluso
los pensadores y sabios eminentes no pueden apreciarlas a su justo valor
más que después de haber hecho largas búsquedas y
adquirido una vastas experiencias de los hombres y de las cosas. Las bellezas
de este mensaje no aparecen más que progresivamente a medida que
el buscador avanza en el conocimiento teórico y la experiencia práctica.
Este mercader silencioso y amante de la paz, que antes no había
manejado jamás la espada, que no tenía ninguna formación
militar, que no había participado más que una vez en una
batalla y solamente de espectador, se transformé repentinamente
en un soldado tan valeroso que no retrocedió nunca incluso en el
mismo corazón de las batallas más encarnizadas; llegó
a ser un gran general que conquisté Arabia entera en nueve años
en una época en que las armas eran primitivas y los medios de comunicación
de lo más restringidos. Su perspicacia, su eficacia, el espíritu
combativo que infundía a su hombres, y la formación militar
que dio a un grupo abigarrado de árabes (sin dotación digna
de este nombre), realizaron tales prodigios que en algunos años
derriba ron los más formidables poderíos militares de la
época; y llegaron a ser los dueños de la mayor parte del
mundo entonces conocido.
Este hombre tranquilo y reservado que durante cuarenta anos no mostré
jamás señal de ningún interés o actividad política,
apareció repentinamente en la escena mundial como un reformador
político y un hombre de estado notable; sin la ayuda de la radio
o de la prensa, unió todos los habitantes esparcidos de un desierto
de dos millones de kilómetros cuadrados -un pueblo que era batallador,
ignorante indisciplinado, inculto y sumergido en un estado permanentemente
de guerra interna- bajo una misma bandera, una misma ley, una misma religión
una cultura, una civilización y una forma de gobierno única.
Cambió sus modos de pensamiento, sus costumbres e incluso su
moral. Transformé bárbaros en gente civilizada, pecadores
en gente piadosa, rectas y creyentes en Dios. Su naturaleza indisciplinada
y fiera aprendió la obediencia y la sumisión a la ley y el
orden.
Una nación que no había visto un solo gran hombre digno
de este nombre desde siglos, vio aparecer gracias a la influencia de Muhammad
-la paz sea con él- millones de nobles almas que partieron a los
lugares más apartados del mundo a predicar y enseñar los
principios de la religión, de la moral y de la civilización.
Muhammad cumplió todo esto sin emplear ni astucia, ni violencia,
ni crueldad, sino gracias a sus modales cautivantes, su personalidad y
moral interesantes, y la convicción de su enseñanza. Su conducta
noble y digna le atrajo incluso la amistad de sus enemigos.
Atraía todos los corazones por su simpatía infinita, y
por su entrega y ternura humana. Goberné con justicia, no se aparté
jamás de la verdad ni de la rectitud. No oprimió a nadie,
incluso a sus enemigos mortales que habían atentado contra su vida,
que le hablan lapidado, echado de su país natal, habían provocado
contra él a toda Arabia -incluso a los que habían masticado
el hígado de su tío muerto en un delirio de venganza-.
Perdoné a todos cuando venció. No se vengó de ninguna
de sus desgracias personales o de los daños que le habían
sido causados.
Aunque fuera cabeza de sus país, era tan desinteresado y tan
modesto que quedé siempre muy sencillo y económico en sus
costumbres. Vivía sobriamente como antes, en su humilde casa de
barro. Dormía en una estera, llevaba vestidos rugosos, comía
alimentos muy simples, de los pobres, y a veces los repartía sin
haber comido nada. Pasaba con frecuencia noches enteras rezando ante Dios.
Ayudaba a los pobres y a los necesitados.
Los trabajos manuales difíciles no le desanimaban. Hasta sus
últimos instantes, no tuvo el menor indicio de orgullo o de altivez
como ocurre a menudo entre los que tiene la fortuna de ocupar una posición
elevada. No importaba con qué hombre, él anduvo y trataba
con el pueblo, y compartía lo mismo sus alegrías que sus
penas. Se mezclaba de tal forma entre la muchedumbre, que un extranjero
habría distinguido difícilmente al jefe del país entre
su pueblo.
A pesar de su grandeza, su comportamiento con respecto a los más
humildes, era el de un ser humano ordinario. En todas las luchas, y frases
de su vida, no buscó ningún provecho ni recompensa personal
y no transmitió ninguna fortuna a sus herederos. Consagré
todos sus bienes a su pueblo. Ordené a sus discípulos no
asignarle fondos ni para él ni para sus descendientes y prohibió
incluso a sus descendientes percibir beneficios del azaque (la tasa
de los pobres) por temor de que más tarde sus discípulos
no distribuyeran la totalidad del azaque por ellos.
Su contribución al pensamiento humano
Los grandes hechos de este hombre excepcional no quedaron ahí.
Para apreciarlos en su verdadero valor es preciso considerar su obra en
su conjunto en el contexto de la historia del mundo. Aparece entonces aún
más claramente, que este habitante analfabeto de un desierto de
Arabia, nacido en una época de incultura, hace más de mil
cuatrocientos años fue un verdadero pionero de la época moderna,
y uno de los «faros» de la Humanidad. Es un guía no
solamente para los que aceptan su autoridad, sino también para los
que le niegan la autoridad de un profeta. La única diferencia es
que estos últimos no se dan cuentan de que sus mandatos siguen influenciando
a sus pensamiento y son los principios directivos de sus vidas, el espíritu
incluso de los tiempos modernos.
Arthur Leonard escribe: «El Islam ha realizado en efecto, una
tarea inmensa. Ha dejado una huella indeleble en las páginas de
la historia humana, y no podrá ser plenamente valorado más
que a medida del desarrollo del mundo».
El sabio John Davenport anota: «Es preciso reconocer que todo
el conocimiento en materia de física, astronomía, filosofía
y matemáticas que se extiende en Europa a partir del siglo X, proviene
de las escuelas árabes, y los sarracenos de España podían
ser considerados como los padres de la filosofía europea».
Citado por A. Karim en «Islam's contribution to Sciencie and Civilization».
El famoso filósofo inglés Bertrand Russel escribe: «La
supremacía del Oriente no era solamente militar. La ciencia, la
filosofía, la poesía y las artes se extendieron todas...
en el mundo musulmán, en una época en que Europa estaba sumergida
en la barbarie. Los europeos con una insularidad imperdonable llaman a
esta época ‹era de las tinieblas›. Pero sélo Europa estaba
en las tinieblas. Sélo la Europa cristiana, porque España,
que era musulmana, poseía cultura brillante». Pakistán
Quarterly, vol. IV, n.° 3.
El historiador Robert Briffolt reconoce en su libro «The Making
of Humanity»: «...Es muy probable que sin los árabes,
la civilización europea no habría adquirido jamás
este carácter que le ha permitido trascender todas las fases anteriores
de evolución. Porque aunque no haya un solo aspecto del desarrollo
humano en el cual la influencia decisiva de la cultura del Islam no sea
evidente, ninguna parte es más clara e importante que en la génesis
de este poderío que constituía la fuerza suprema característica
del mundo moderno y la fuente suprema de su victoria -las ciencias naturales
y el espíritu científico-... Lo que podemos llamar ciencia
ha resultado en Europa de un nuevo espíritu de búsqueda,
nuevos métodos de investigación, experimentación,
observación y de la medida, del desarrollo de las matemáticas
bajo una forma desconocida de los griegos. Este espíritu y este
método fueron introducidos en el mundo europeo por los árabes».
Stanwood Cobb, fundador de Progresiva Educación Asociación
escribe: «El Islam fue el creador virtual del Renacimiento en Europa».
Citado por Robert L. Gullick Jr. en «Muhammad the Educator».
Este fue Muhammad quien aparté el pensamiento humano de su pecado
por la superstición, lo sobrenatural y lo inexplicable, y lo orienté
hacia una aproximación racional de la realidad, y hacia una vida
terrestre piadosa y equilibrada. Este fue él, que en un mundo en
que los acontecimientos sobrenaturales eran milagros necesarios para dar
testimonio de la veracidad de una misión religiosa, inspiré
el deseo de prueba racional y la fe en ella como el único criterio
válido de verdad. El fue el que abrió los ojos, de los que
se habían acostumbrado hasta entonces, a buscar señales divinas
en los fenómenos naturales. El fue quien en lugar de especulaciones
sin funda mentos conducía a los hombres a la vía de la comprensión
racional y del razonamiento sano en la base de la observación, de
la experiencia y de la búsqueda. El fue quien definió claramente
los límites de las funciones de la perfección sensorial,
de la razón y de la intuición. El fue el que subrayé
las relaciones entre los valores morales y espirituales, quien armonizó
la fe con el saber y la acción, quien creé el espíritu
científico con la ayuda de la religión y quien elaboré
un verdadero sentimiento religioso sobre la base del espíritu científico.
El fue el que combatió la idolatría, el politeísmo
bajo todas sus formas y creé una fe tan cerrada en la unidad de
Dios, que incluso las religiones que estaban enteramente basadas en la
superstición y la idolatría estuvieron obligadas a adoptar
un tema monoteísta. El fue el que cambié los conceptos fundamentales
de la moral y de la espiritualidad. A los que creían que sélo
el ascetismo y mortificación constituían el criterio de la
pureza moral y espiritual -que la pureza no puede ser alcanzada más
que por la renuncia a la vida mundanal, sin tener en cuenta las necesidades
físicas y someter al cuerpo a toda clase de torturas- éste
fue el que enseñé el camino de la evolución espiritual,
de la liberación moral y de la salvación por una participación
activa en los hechos prácticos del mundo circundante.
El fue el que mostré al hombre su verdadero valor y su posición;
a los que reconocían solamente un Dios encarnado o un hijo de Dios
como su preceptor moral o guía espiritual, dice que seres humanos
como éstos, que no aspiraban a ser divinizados, podrían llegar
a ser los representantes de Dios en la tierra. A los que consideraban como
sus dioses personajes poderosos y les adoraban como tales, les hizo comprender
que estos falsos señores eran simples seres humanos, y nada más.
El fue el que subrayé que nadie podía reclamar la santidad,
la autoridad y la soberanía como derecho merecido por su nacimiento.
Y que nadie nacía intachable, esclavo o siervo. Este fue él
y su enseñanza que inspiraran las nociones de la unidad, de la humanidad,
de la igualdad de los seres humanos, de la democracia verdadera, y de la
libertad real en el mundo.
Si se deja este dominio del pensamiento, se puede encontrar en el dominio
práctico innumerables señales del gobierno de este analfabeto,
en las leyes y las costumbres del mundo. Buen número de principios
de buena conducta, de cultura y civilización, de pureza de pensamiento
y de acción, que prevalecen en el mundo hoy, le deben su origen.
Las leyes sociales que dio se han infiltrado profundamente en las estructuras
humanas, y este proceso se sigue hasta nuestros días. Los principios
fundamentales de economía que enseñé, están
presentes en más de un movimiento histérico, y ocurrirá
probablemente lo mismo en el futuro. Las leyes que fomenté han traído
confusiones en las teorías políticas del mundo y continúan
ejerciendo su influencia en nuestros días. Los principios fundamentales
del derecho y de justicia que llevan la huella de su género han
influenciado en un grado notable en la administración de la justicia
en las diversas naciones, y forman una orientación siempre valedera
para todos los futuros legistas. Este árabe analfabeto fue el primero
en poner en pie, prácticamente, todo el cuadro de relaciones internacionales
y en regular las leyes de la guerra y de la paz. Porque antes nadie tuvo
la más remota idea de que pudiera existir un código de ética
militar y que las relaciones internacionales pudieran ser reguladas en
la base de la simple humanidad.
El mas grande de los revolucionarios
En el desfile de la Historia, la silueta sublime de esta personalidad
maravillosa domina desde tan alto a todos los grandes hombres de todos
los tiempos, que todos los héroes nacionales parecen enanos en comparación
con él. Ninguno de ellos poseía un genio capaz de dejar una
impresión profunda en más de dos o tres dominios de la vida
humana. Algunos fueron brillantes teóricos, pero no consiguieron
aplicar sus ideas. Otros fueron hombres de acción a los cuales el
saber les faltaba... Algunos son célebres estrategas, otros se han
inclinado sobre un aspecto particular de la vida, rechazando por este hecho
los demás aspectos. Algunos han consagrado su energía a verdades
éticas y espirituales, pero han ignorado la economía y la
política. Otros se han ocupado de la política y economía,
pero han rechazado la moral y la vida espiritual. En resumen, se encuentran
héroes que son expertos en una sola rama de la actividad humana.
El es el único ejemplo de personalidad en que todas las excelencias
se encuentran combinadas. Es un filósofo y un profeta; y también
el símbolo vivo de sus propias enseñanzas. Es un gran hombre
de estado, y un genio militar; un legislador. al mismo tiempo, que un maestro
de moral; una luz espiritual y un guía religioso. Su visión
penetra en todos los aspectos de la vida y no hay nadie que mejore su pensamiento.
Sus órdenes y sus mandatos cubren un dominio ilimitado, desde la
reglamentación de las relaciones internacionales hasta costumbres
de la vida cotidiana de beber, comer y la higiene. Ha fundado toda una
civilización en sus teorías, y ha establecido un equilibrio
tan raro en los aspectos divergentes de la vida que no se puede encontrar
ninguna falta, deficiencia o laguna, ¿se puede citar otro ejemplo
de una personalidad tan perfecta y universal?
La mayor parte de las personalidades célebres del mundo han supuesto
ser productos de su medio ambiente. Pero su caso es único. Sus alrededores
no parecen haber tenido ninguna influencia en la formación de su
personalidad. No ha podido ser probado nunca que, histéricamente,
su nacimiento fuese sincronizado con el orden de las cosas de Arabia de
esta época. Lo que se puede decir a lo sumo, es que Arabia en las
circunstancias en que se encontraba entonces, tenía una gran necesidad
de una personalidad que fundiera en una sola nación las tribus rivales,
y sentara las bases de su solidaridad y de su bienestar económico,
introduciendo a otros países bajo su dominio. En resumen, un guía
nacional que tendría todas las características de un árabe
de aquel tiempo, y que, gracias a la crueldad y la opresión, la
sangre derramada, el engaño y la hipocresía, o no importa
qué medio, bueno o malo, habría enriquecido su propio pueblo,
y dejado un reino de herencia a sus sucesores. No se puede probar ninguna
otra necesidad histérica de Arabia en esta época.
Lo que se puede decir a lo sumo, a la luz de la filosofía Hegeliana
de la Historia o del materialismo histérico de Marx, es que la época
y las condiciones exigían el nacimiento de un jefe que podría
crear una nación y fundar un imperio. Pero la filosofía de
Hegel o de Marx no pueden explicar cómo tales condiciones han podido
producir un hombre cuya misión fue enseñar la moral más
elevada, purificar la humanidad de todas sus impurezas, borrar los prejuicios
y las supersticiones de esta época de ignorancia y de tinieblas,
que miré más allá de los compartimentos estancos de
la raza, nación y del país, que en práctica, y no
en teoría, puso las transacciones comerciales, la vida cívica,
la política y las relaciones internacionales sobre bases morales
y produjo un sistema tan equilibrado y moderado entre la vida mundanal
y el progreso espiritual, que es considerado, hasta hoy día, como
una obra maestra de sabiduría y de previsión, todo como en
el tiempo en que estaba con vida. ¿Se puede honestamente llamar
a tal persona producto de las tinieblas omnipresentes de Arabia?
No solamente no apareció como un producto de su medio ambiente,
sino que cuando se examina su misión, no se puede más que
deducir que, en efecto, él trasciende a todas las limitaciones del
tiempo y del espacio Su visión franquea todas las barrera temporales
y físicas, atraviesa los siglos y los milenios y comprende la esencia
misma de la actividad y de la historia humana.
No es de los que la Historia aparta en el olvido, y no es alabado simplemente
porque fue un gran hombre de su tiempo. Es un jefe único e incomparable
de la Humanidad actual, cualquiera que sea el siglo y la época.
Verdaderamente sus enseñanzas son actuales cualquiera que sea la
época.
Los que la gente bautiza «artífices de la Historia»
son solamente «criaturas de la Historia». En efecto, en toda
la historia de la Humanidad, él es el único ejemplo de «artífice
de Historia». Se puede pasar por la criba las condiciones histéricas
en las cuales vencieron las grandes personalidades que han llevado revoluciones;
y se darán cuenta que en todos los casos las fuerzas renovadoras
reunían sus ímpetus a la vista de una revolución,
se orientaban en una determinada dirección y no esperaban más
que el momento propicio para estallar. Preparando estas fuerzas a tiempo
para la acción, el líder revolucionario representaba el papel
de un actor para el cual se ha previsto de antemano una escena y un papel;
por otro lado, entre todos los «artífices de Historia»
y las figuras revolucionarias de todas las épocas, él fue
el único que debía encontrar los medios de reunir los materiales
en vista de una revolución, que debía conocer la clase de
hombres de los que había tenido necesidad para sus designios, porque
el espíritu mismo de la revolución y todos sus accesorios
eran inexistentes en el pueblo donde su suerte fue echada.
Su poderosa personalidad produjo una impresión indeleble en los
corazones de miles de sus discípulos, y les formé en su idea.
Por su voluntad de hierro, preparé el terreno para la revolución,
modelando la forma y los tratos, y dirigió los acontecimientos ordinarios
en la dirección que deseaba. ¿Se puede citar otro ejemplo
de un autor histérico tan excepcional o de cualquier revolucionario
tan brillante?
El testimonio final
Se puede meditar en eso, y preguntarse cómo en este período
de tinieblas de hace mil cuatrocientos años, en una región
tan oscura como Arabia, un comerciante y un pastor árabe analfabeto
llegó a poseer tal luz, saber, poderío, capacidades y virtudes
morales tan desarrolladas.
Se puede decir que no hay nada de particular en su mensaje. Es el producto
de su propio espíritu. Si hubiera sido así, entonces hubiera
podido proclamarse Dios. Y si hubiera hecho tal afirmación en esta
época, los pueblos de la tierra, que no vacilaban en llamar Dios
a Krishna y Buddha y a Jesús Hijo de Dios, por pura imaginación,
y que podían sin escrúpulos adorar las fuerzas de la Naturaleza,
el fuego, el agua, el viento, habrían voluntariamente reconocido
en una personalidad tan asombrosa como Muhammad como el Señor mismo.
Pero he ahí que él afirmé precisamente lo contrario.
Porque proclamaba: «Yo soy un ser humano como vosotros mismos. Yo
no os he aportado nada de mi propia iniciativa. Todo esto me ha sido revelado
por Dios. Todo lo que yo pueda poseer le pertenece. Este mensaje que la
Humanidad entera no es capaz de producir el equivalente, es el mensaje
de Dios, no es producto de mi propio espíritu. Todas sus palabras
me han sido inspirada por El, y toda la gloria viene de El. Todos los actos
maravillosos que hablan en mi favor a vuestros ojos, todas las leyes que
yo he dado, todos los principios que he anunciado y enseñado, ninguno
viene de mí. Yo sería, en efecto, incapaz de producir tales
cosas con el único poder de mis capacidades personales. Yo busco
los mandatos divinos en todas las cosas. Todo lo que ordeno, yo lo he hecho,
todo lo que El dicta, lo proclamo.»
¡Qué maravilloso y viviente ejemplo de franqueza, de integridad,
de verdad y de honor! Un mentiroso o un hipócrita trataría
generalmente de atribuirse todo el crédito de las acciones de los
demás, incluso cuando la falsedad de lo que dice puede ser fácilmente
probado. Pero este gran hombre no se apropié el crédito de
estas hazañas, incluso cuando nadie podía contradecirle,
pues no era posible descubrir la fuente de su inspiración.
¡Puede haber prueba más clara de la perfecta honestidad
de sus principios, de su rectitud de carácter y de su grandeza de
alma! ¡Puede haber persona más sincera que el que ha recibido
dones tan únicos por un medio secreto, y que por tanto revela la
fuente de toda su inspiración! Todas estas razones nos hacen inevitablemente
deducir que tal hombre era el verdadero mensajero de Dios.
Tal era nuestro santo profeta Muhammad -la paz sea con él-. Fue
un prodigio de méritos extraordinarios, un parangón de virtud
y de bondad, un símbolo de verdad, un gran apóstol de Dios,
Su Mensajero en la tierra. Su vida y su pensamiento, su sinceridad, su
piedad, su bondad, su carácter, su moral, su ideología, y
sus hazañas -todas estas cosas- son pruebas irrefutables de la legitimidad
de su apostolado. Cualquiera que estudie su vida y sus enseñanzas,
sin prejuzgar, atestiguará que en realidad, él fue el verdadero
profeta de Dios, y del Corán -el libro que ha dado a la Humanidad-
la verdadera palabra de Dios. Cualquier investigador imparcial y serio
llegaría a esta conclusión.
Por otra parte, es preciso comprender que es solamente gracias a Muhammad
-la paz sea con él- como conocemos nosotros ahora el recto camino
del Islam. El Corán y la vida ejemplar de Muhammad -la paz sea con
él- son las únicas fuentes dignas de confianza de las cuales
dispone la Humanidad para aprender la voluntad de Dios en su totalidad.
Muhammad -la paz sea con él- es el Mensajero de Dios para toda la
Humanidad y la larga cadena de profetas se acaba con él. El fue
el último de los profetas y todas las instrucciones que Dios desea
transmitir a la Humanidad por revelación directa, fueron enviadas
por medio de Muhammad -la paz sea con él-, y están inscritas
en el Corán y la sunnah. Ahora, cualquiera que busque la
verdad y desee llegar a ser un musulmán honrado y un discípulo
sincero, debe tener fe en el último de los profetas divinos, aceptar
sus enseñanzas y seguir la vía que ha ensenado al hombre.
Este es el verdadero camino del triunfo y de la salvación.
La finalidad del apostolado
Esto nos lleva a la cuestión de la finalidad del apostolado que
vamos ahora a considerar.
Hemos discutido ya la naturaleza del apostolado, y esta discusión
pone en evidencia el hecho de que la llegada de un profeta no es un acontecimiento
cotidiano. No es tampoco su presencia personal la cual es esencial para
cada país, cada pueblo y cada época. La vida y las enseñanzas
de los profetas son los faros que guían al pueblo en el Recto Camino,
y también que sus enseñanzas y sus mandatos estén
vivos durante mucho tiempo, y esté él también de alguna
forma vivo. La muerte verdadera de un profeta consiste, no en su muerte
física, sino en la mitigación de sus enseñanzas y
la interpolación en sus mandatos.
Los profetas antiguos han muerto porque sus discípulos adulteraron
sus enseñanzas, interpolaron sus instrucciones y apagaron su vida
ejemplar atribuyéndole acontecimientos ficticios.
Ninguno de los antiguos libros -El Torá, Salmos de David, Evangelios
de Jesús, existen hoy día en su texto original, e incluso
sus discípulos confiesan que no poseían los originales. Las
biografías de los antiguos profetas están totalmente mezcladas
de ficción hasta el punto que un informe preciso y auténtico
de sus vidas es un hecho imposible. Sus vidas han llegado a ser cuentos
y leyendas y no se puede encontrar en ninguna parte un informe digno de
fe. No solamente porque los relatos han sido perdidos y sus preceptos olvidados,
sino porque no se puede incluso decir con certeza cuándo y dónde
tal o tal profeta nació y fue educado, cómo vivió
y qué código dio a la Humanidad. En efecto, la muerte real
de un profeta consiste en la muerte de sus enseñanzas.
juzgando los hechos sobre estos criterios, nadie puede negar que Muhammad
-la paz sea con él- y sus enseñanzas no están vivos.
Sus enseñanzas están inalteradas e inalterables. El Corán
-el libro que ha dado a la Humanidad- existe en su texto original sin que
falte ni una jota.
El relato completo de su vida (sus palabras, sus instrucciones, sus
acciones), es conservado con una exactitud total, y aunque hayan transcurrido
catorce siglos, su delineación en la historia es tan clara que nos
parece verla con nuestros propios ojos.
Ninguna biografía ha sido tan bien conservada como la de Muhammad,
el profeta del Islam -la paz sea con él-. En todas las fases de
nuestra vida, podemos buscar los mandatos de Muhammad -la paz sea con él-
y tomar ejemplo de su vida. Por esto no hay necesidad de otro profeta después
de Muhammad, el último de los profetas -la paz sea con él-.
Existen tres razones por las cuales los profetas fueron suscitados.
No es solamente para sustituir a un profeta fallecido. Estas razones pueden
resumirse como siguen:
- La doctrina de los profetas anteriores ha sido interpolada o corrompida,
o bien han muerto y una renovación se impone. En tal caso, un nuevo
profeta suscita para expulgar las vidas impuras de las gentes y restituir
a la religión su forma y su pureza primitivas.
- La doctrina del profeta desaparecido era incompleta, es necesario enmendarla,
mejorarla o completarla. Es entonces cuando un nuevo profeta es enviado
para efectuar estas enmiendas.
- El profeta precedente fue suscitado especialmente para tal o tal nación
o territorio, y un profeta es necesario para otro pueblo u otro país.
Estas son las tres razones fundamentales que hacen que un nuevo profeta
sea suscitado. Un examen atento de los hechos muestra que ninguna de estas
condiciones existen hoy. La doctrina del último de los profetas,
Muhammad -la paz sea con él- es siempre viva, ha sido perfectamente
conservada, y llegado a ser inmortal. Los mandatos que ha dado a la Humanidad
son completos, sin fallos y están inscritos en el Sagrado Corán.
Todas las fuentes del Islam están intactas y cada una de las acciones
y de las instrucciones del Sagrado Profeta pueden ser verificadas sin duda
alguna. Luego como su doctrina es intacta, no hay ninguna necesidad de
un nuevo profeta.
Segundo, los mandatos que Dios ha revelado por medio del profeta Muhammad
-la paz sea con él- están bajo un forma archivada, y el Islam
es una religión universal completa. Dios ha dicho: «Hoy he
completado vuestra fe -vuestra religión- y mi munificencia hacia
vosotros». Un estudio profundo del Islam en tanto como un género
de vida completo prueba la veracidad de estas palabras del Corán.
El Islam ha dado una guía para la vida en este mundo y para la otra
vida, y nada de lo que es esencial para guiar al hombre ha sido omitido.
La religión ha sido ahora perfeccionada y no hay ninguna necesidad
de un nuevo apóstol bajo pretextos de imperfección.
Por último, el mensaje de Muhammad -la paz sea con él-
no estaba destinado a un pueblo, un país o un período particular.
Fue suscitado como Profeta Universal, el mensajero de la Verdad para la
Humanidad entera. El Corán ha encargado a Muhammad -la paz sea con
él- de aclarar «¡Oh, Humanidad!, yo soy el Mensajero
enviado por Dios para todos», ha sido descrito, «una bendición
para todos los pueblos del mundo», y su mensaje ha sido universal.
Por esto, después de él, no hay necesidad de un nuevo apóstol,
muchas veces ha sido llamado en el Corán khatam u nabiyyin
(«el último de la cadena de los verdaderos profetas»).
Por lo tanto, la única fuente de conocimiento de Dios y del Camino
de la Salvación es Muhammad -la paz sea con él-. No podemos
conocer el Islam más que por medio de sus enseñanzas, que
son tan completas y universales que pueden guiar a los hombres de todos
los tiempos venideros. Ahora el mundo no tiene necesidad de gentes que
tengan una fe total en Muhammad -la paz sea con él- que lleguen
a ser los portaestandartes de su mensaje, lo propaguen por toda la tierra,
y traten de instaurar la cultura que Muhammad -la paz sea con él-
dio al hombre. El mundo tiene necesidad de hombres de carácter que
puedan poner en práctica su doctrina y establecer una sociedad regida
por la ley divina, en la que Muhammad -la paz sea con él- ha llegado
a ser la supremacía. Tal ha sido la misión de Muhammad -la
paz sea con él-, y de su éxito depende el triunfo del hombre.
Capitulo Cuatro : Los artículos
de la fe
Antes de proseguir, revisemos y resumamos las discusiones precedentes.
- El Islam es la sumisión y obediencia a Dios, el Señor
del Universo. Sin embargo, como el único medio seguro y auténtico
de conocerlo y de aprender cuáles son sus voluntades y su ley se
encuentra en las enseñanzas del verdadero Profeta, se puede definir
el Islam como una religión que exige una fe total en las enseñanzas
del Profeta, la aceptación y la puesta en práctica de sus
preceptos de vida. Por consiguiente, el que rechaza al intermediario, que
es el profeta, y pretende seguir a Dios directamente no es un musulmán.
- En el pasado, diferentes profetas han aparecido los unos después
de los otros. En esta época, el Islam tenía el nombre de
esta religión enseñada en una nación por su o sus
profetas. Aunque el Islam no haya variado en su naturaleza ni en su sustancia,
cualquiera que fuese la época o el país, los modos de adoración,
los códigos de leyes, y otras reglas de pormenores de la vida difieren
ligeramente según las condiciones particulares en cada pueblo. No
era por consiguiente necesario para una nación, seguir al profeta
de otra nación y su deber se limitaba solamente a seguir los mandatos
de su propio profeta.
- Este período de coexistencia de múltiples profetas acabé
con la aparición de Muhammad -la paz sea con él-. El concluyó
las enseñanzas del Islam. Una ley fundamental y única fue
formulada para todo el Universo y él llegó a ser el profeta
de toda la Humanidad. Su apostolado no estaba destinado a un pueblo, un
país, o una época particular, su mensaje era universal y
eterno. Los códigos anteriores fueron abrogados con la aparición
de Muhammad -la paz sea con él- que, ha dado al mundo un código
de vida completo. Ahora no habrá otro profeta en el futuro, ni más
códigos religiosos hasta el fin del mundo. Las enseñanzas
de Muhammad -la paz sea con él- son destinadas a todos los hijos
de Adán. a toda la raza humana. Ahora, el Islam consiste en seguir
a Muhammad, es decir, en reconocer su calidad de profeta, creer en su palabra,
seguir su letra como en su espíritu y someterse a todos los mandatos
y mandamientos, que son los de Dios mismo. He ahí lo que es el Islam.
Esto nos lleva automáticamente a preguntar: ¿En qué,
Muhammad -la paz sea con él- nos manda creer? ¿Cuáles
son los artículos de la fe islámica? Vamos a tratar de examinar
estos artículos, ver cómo son simples, verídicos,
interesantes y válidos, y cómo pueden elevar los estatutos
del hombre en este mundo como en el mundo futuro.
«tawhid» - La fe en Dios único
La enseñanza más fundamental y más importante del
profeta Muhammad -la paz sea con él- es la fe en la unidad de Dios.
Esto está expresado en la kalima, primordial en el Islam:
la ilaha illa Allah «No hay más Dios que Dios».
Esta bella expresión es el fundamento del Islam y su esencia misma.
Es la expresión de esta creencia la que distingue a un verdadero
musulmán de un kafir (infiel), de un muchrik (el que
asocia otras divinidades a Dios) o de un dahriya (ateo). El hecho
de aceptar o negar esta frase crea una enorme diferencia entre los hombres.
Los que crean en ello forman una comunidad única, y los que lo rechazan
forman el grupo adverso. Los creyentes progresarán en el camino
del triunfo tanto en este mundo como en el otro, mientras que el fracaso
y la ignominia serán el destino final de los que rechazan creer
en ello.
Pero es evidente que el único hecho de pronunciar una o dos frases
no sería en sí la única causa para una diferencia
tan capital. Esta diferencia no puede provenir más que de la aceptación
consciente de esta doctrina y de una adhesión total a sus estipulaciones
en la práctica. A menos que no conozcáis la significación
real de la frase «No hay más dios que Dios» y el alcance
y la fuerza que su aceptación puede tener en la vida humana, no
podéis realizar la Importancia real de esta doctrina. No puede ser
eficaz sino en la medida en que estos principios de base son aplicados.
La repetición pura y simple de la palabra «comida» no
puede calmar el estímulo del hambre, nunca el diagnóstico
de una receta médica, puede curar una enfermedad. Del mismo modo,
si una persona respeta la kalima sin comprender su sentido ni sus
consecuencias, esta Kalima no podrá lograr la revolución
que se pretende. La revolución en la mentalidad y en la vida de
un ser no se realiza más que si la persona coge el sentido completo
de la doctrina, realiza lo que ella significa, y cree sinceramente, lo
acepta y lo sigue tanto en su letra como en su espíritu. Si esta
aprehensión de la Kalima no es realizada no habrá ninguna
eficacia real. Tenemos cuidado con el fuego porque sabemos que quema, evitamos
el veneno porque sabemos que es mortal. Del mismo modo, si hemos asimilado
plenamente el sentido del Tawhid, debemos necesariamente procurar de evitar,
en nuestros pensamientos, así como en nuestra conducta, toda forma
o rasgo de incredulidad, ateísmo y politeísmo. Todo esto
deduce naturalmente la creencia en la unidad de Dios.
La significación de la «kalima»
En árabe, la palabra ilaha, significa «al que se
adora», es decir, un ser que por razón de su grandeza y de
su poder es considerado como digno de ser adorado, digno de inclinarse
ante El en señal de humildad y de sumisión. Cualquier criatura
o ser que esté dotado de un poder demasiado grande con respecto
a los demás hombres es igualmente llamado ilah. El concepto
de ilah implica posesión de poderes infinitos, de poderes
estupefactos y prodigiosos. Implica también que se depende del ilah,
pero que él no depende de nadie. La palabra ilah posee también
una idea de secreto y de misterio; el ilah serla un ser invisible,
que se escapa a nuestros sentidos. La palabra khuda en persa, deva
en indio, dios en español, dieu en francés,
god en inglés, gott en alemán, está
muy cerca del mismo sentido. Otras lenguas del mundo tienen también
una palabra con un sentido similar.
La palabra Allah por el contrario, es el nombre propio de Dios. la
ilaha illa Allah significa literalmente «No hay más ilah
que el ser Supremo conocido bajo el nombre de Dios». Esto significa
que en todo el Universo no hay ningún ser digno de ser adorado más
que Dios, que es ante el único que las cabezas deberían inclinarse
en señal de adoración y de sumisión. Que es el único
ser que posee todos los poderes, que todos los hombres tienen necesidad
de su benevolencia y que todos están obligados a solicitar su ayuda.
Queda oculto en nuestros sentidos, y nuestro espíritu no consigue
descubrir su realidad.
Después de haber explicado el sentido de estas palabras, descubriremos
ahora su alcance real.
Según lo que se puede conocer de la historia humana desde los
tiempos más remotos, así como los vestigios más lejanos
de la Antigüedad que nos han llegado podemos comprobar que en cada
época el hombre ha reconocido y adorado a uno o varios dioses. Incluso
en la época actual, cada nación de la tierra, desde las más
primitivas a la más civilizadas, cree en una divinidad y la adora.
Esto prueba que el concepto de Dios y de su culto es profundamente arraigado
en la naturaleza humana. Hay algo en el alma del hombre que le conduce
a ello irresistiblemente.
Se puede entonces preguntar: ¿Qué es esta idea y por qué
el hombre ha llegado a concebirla? Podemos tal vez responder a esta pregunta
estudiando la posición del hombre en el seno del inmenso Universo.
Un examen del hombre y de su naturaleza desde este punto de vista, enseña
que no es todopoderoso. No puede tampoco proveer sélo sus necesidades,
ni existir espontáneamente y sus poderes no son infinitos. En efecto,
es una criatura débil, frágil y vulnerable. Su existencia
depende de un número incalculable de fuerzas, sin ayuda de las cuales
no puede progresar pero que no están todas totalmente en su poder.
A veces, llegan a su posesión de una manera simple y natural, y
otras veces se encuentra desprovisto de ellas. Hay muchas cosas importantes
que trata de obtener, sin conseguirlo siempre, porque no está completamente
en su poder adquirirlas. Hay muchas cosas que le son perjudiciales: Los
accidentes pueden aniquilar en un instante una vida de trabajo o todas
sus esperanzas; la enfermedad, las preocupaciones y las calamidades le
amenazan continuamente, obstaculizando su marcha hacia la felicidad. Trata
de evitarlas pero no está nunca seguro de librarse de ellas. Existen
muchas cosas cuya grandeza y majestad le hacen respetar: las montañas
y los ríos, los animales gigantescos y las fieras. Sufre los temblores
de tierra, las tempestades y otras calamidades naturales. Observa las nubes
por encima de su cabeza y las ve juntarse y obscurecerse con grandes truenos,
relámpagos y torrentes de lluvia diluviana. Ve el sol, la luna y
las estrellas en su continuo movimiento. Se da cuenta hasta qué
punto estos cuerpos celestes son poderosos y majestuosos, y por contraste,
hasta qué punto él mismo es frágil e insignificante.
¡Los fenómenos naturales por un lado, y la conciencia de su
propia fragilidad por otro, le hacen comprender su debilidad, su humilde
estado y su impotencia! La idea primaria de la divinidad coincide que este
sentimiento. Piensa en el que domina estas grandes fuerzas. La idea de
su grandeza le hace inclinar la cabeza humildemente, el sentimiento de
su poder le hace buscar su ayuda; le teme mucho y trata de evitar su cólera
a fin de no ser destruido.
En el estado primitivo de ignorancia, el hombre piensa que los elementos
naturales cuya grandeza y gloria son visibles, y que parecen serle ora
tan benévolos, ora tan hostiles, poseen en ellos mismos un poder
y una autoridad real y que por consiguiente, son de esencia divina. Es
así como adoran a los árboles, animales, ríos, montañas,
fuego, lluvia, viento, astros y muchas otras cosas. Esta es la peor forma
de ignorancia.
Cuando su ignorancia empieza a disiparse, y acaban por darse cuenta
de que estos elementos grandiosos e impresionantes son en ellos mismos
completamente impotentes, no ocupan una posición privilegiada con
respecto al hombre, sino más bien inferior. El animal, el más
grande y más fuerte, muere también como el ser más
minúsculo, a pesar de todo su poder; el nivel de los grandes ríos
puede subir o bajar, e incluso secarse. El hombre mismo puede atravesar
las altas montañas por túneles o bajar su cumbre. La productividad
de la tierra no depende únicamente de ella misma, el agua la hace
fertil, la sequía esteril. El agua misma no es independiente; depende
del viento que la lleva a las nubes. El viento mismo está sin poder
propio y su acción depende de otras causas.
La Luna, el Sol, las estrellas igualmente están sometidas a leyes
inflexibles en los límites de los cuales no tienen ninguna autonomía.
Después de haber considerado esto, su espíritu tiene presente
entonces la posibilidad de algún gran poder misterioso de naturaleza
divina que controla los objetos que ve y que será el depositario
de toda autoridad. Estas reflexiones provocan el nacimiento de una creencia
en poderes misteriosos por encima de los fenómenos naturales, de
los dioses innumerables que se han supuesto que gobernaban los diferentes
dominios de la Naturaleza, tales como el viento, la luz, el agua... El
hombre construye formas materiales evocadoras o símbolos que les
representan y comienza a adorar estas formas y estos símbolos. Esto
es igualmente una forma de ignorancia incluso en esta época intelectual
y cultural, la realidad queda aún oculta en el espíritu humano.
A medida que el hombre progresa y medita cada vez más profundamente
en los problemas fundamentales de la vida y de la existencia, descubre
una ley poderosa y un control general sobre el Universo ¡Qué
regularidad perfecta puede ser observada en el salir y ocultarse el sol,
en los vientos y en las lluvias, en el movimiento de las estrellas y la
sucesión de las estaciones! ¡Con qué armonía
innumerables y diversas fuerzas trabajan en común y según
que ley altamente eficaz y supremamente sabía son coordinadas para
proceder en conjunto en un tiempo fijado, para un resultado fijado! Observando
esta uniformidad, esta regularidad y esta obediencia total a una ley inmutable
en todos los dominios de la Naturaleza, un politeísta mismo está
obligado a creer que debe existir una divinidad más grande que todas
las demás, ejerciendo la autoridad suprema. Porque, si hubiera divinidades
independientes y distintas, toda la maquinaria del Universo sería
trastornada. El hombre llama a esta divinidad principal con diferentes
nombres, «Allah», «Permeshvas», «God»,
«Dieu», «Dios», «Khuda-i-Khudaigan».
Pero mientras que las tinieblas de la ignorancia persistan, continuará
adorando a divinidades menores al mismo tiempo que a la divinidad suprema.
Imaginan que la realeza de Dios no debe ser diferente de las realezas terrestres.
Lo mismo que un rey de la tierra tiene ministros, hombres de confianza,
gobernadores, y oficiales responsables, del mismo modo, las divinidades
menores son los mismos oficiales responsables bajo la autoridad de Dios
todopoderoso al que no se puede aproximar más que después
de atraerse la estima de los oficiales bajo sus órdenes. Se les
debe igualmente rendirles un culto, implorarles ayuda y tener cuidado de
no ofenderles jamás. Así son considerados como agentes por
medio de los cuales se puede llegar a Dios todopoderoso.
Conforme el hombre adquiere el conocimiento, menos le satisface la idea
de multitud de dioses. El número de estas divinidades menores comienza
también a disminuir. Hombres más ilustrados examinan estas
divinidades más sistemáticamente y descubren que ninguna
de estas divinidades inventadas por el espíritu humano tienen carácter
divino; ellos mismos son criaturas, como el hombre, y también impotentes.
Son pues abandonadas y rechazadas las unas tras las otras hasta que no
subsista más que un Dios único. Pero el concepto de un Dios
Único contiene aún rasgos de elementos de ignorancia. Algunos
imaginan que tiene un cuerpo carnal como el hombre y vive en un sitio determinado.
Otros creen que Dios descendió a la tierra bajo una forma humana;
otros que Dios, después de haber regalado el proceso del Universo
se retiré y descansa ahora. Algunos creen que es necesario aproximarse
a Dios por medio de los santos y de los espíritus y que no se puede
dar ningún paso sin la intercesión de ellos. Algunos Imaginan
a Dios bajo una determinada apariencia y tienen la necesidad de crearse
imágenes que adorar. Estos falsos conceptos de la idea de la divinidad
han subsistido hasta nuestros días y buen número de ellos
son todavía aceptados en nuestros días por diversos pueblos.
El Tawhid es el concepto más elevado que puede hacerse de la
divinidad. Este concepto ha sido enviado por Dios a la Humanidad en todas
las épocas por medio de sus profetas. Fue este concepto el que se
le Inculcó a Adán al principio, cuando fue enviado a la tierra.
Fue el mismo concepto que se le revelé a Noé, Abraham, Moisés
y Jesús (que las bendiciones de Dios sean sobre ellos) este fue
el mismo concepto que Muhammad (las bendiciones de Dios sean con él)
llevé a la Humanidad. Es un conocimiento puro y absoluto, sin la
menor sombra de ignorancia. El hombre se hace culpable de chirk,
idolatría y de kufr únicamente porque se desvía
de las enseñanzas de los profetas y se fía de sus propios
razonamientos deficientes, en percepciones o interpretaciones erróneas.
El Tawhid dispersa todas las nubes de ignorancia e ilumina el horizonte
con la luz de la realidad. Veamos qué realidades significativas
aporta este concepto de tawhid-esta pequeña frase-: la ilaha
illa Allah. Comprenderemos esto meditando en los puntos siguientes:
Primeramente vamos a examinar la cuestión del Universo. Estamos
confrontando a un Universo grandioso e infinito. El espíritu humano
no llega a discernir su origen y a concebir su fin. Se mueve según
una trayectoria determinada desde tiempos inmemoriales, y continúa
su viaje en las vastas perspectivas del futuro. Innumerables criaturas
han aparecido en él y continuarán apareciendo cada día.
Los fenómenos naturales son tan asombrosos que el espíritu
humano está confundido e impresionado de su grandeza. El hombre
es incapaz de comprender y de tratar la realidad con su sola visión
tan limitada. No puede creer que todo esto haya aparecido simplemente por
azar. El Universo no es una masa de materia surgida por accidente, un conglomerado
de objetos caóticos y desprovistos de sentido. Todo esto no puede
existir sin el impulso de un Creador, un Arquitecto, un Gobernador. ¿Pero
quién ha podido crear y controlar este Universo majestuoso? Aquél
que todo lo puede que es Maestro de todo; que es Infinito y Eterno; que
es todopoderoso, Omnisciente, Omnipotente, que posee una sabiduría
ilimitada, que lo sabe todo, que lo ve todo. Debe tener la autoridad suprema
sobre todo lo que existe en el Universo, poseer poderes infinitos, ser
el Señor del Universo y de todo lo que en él se encuentra,
estar desprovisto de todo defecto o imperfección. Nadie tiene el
poder de interferir en su obra. Únicamente tal ser puede ser el
Creador, el Controlador y el Gobernador del Universo.
Segundamente, aparece como esencial que todos estos atributos y poderes
divinos sean concentrados en un solo Ser. Es imposible imaginar la coexistencia
de varias personalidades teniendo en igualdad todos los poderes y los atributos.
Entrarían inevitablemente en conflicto. Por consiguiente, no puede
existir más que un solo y único Ser Supremo teniendo el control
sobre todos los demás. No se puede imaginar dos gobernadores para
la misma provincia, o dos comandantes jefes del mismo ejército.
Del mismo modo, es impensable suponer la repartición de estos poderes
entre diversas divinidades; por ejemplo que una de ellas sea todo conocimiento,
la otra todo providencia y cualquier otra fuente de vida; cada una posee
su propio dominio reservado. El Universo es un todo indivisible, cada una
de estas divinidades sería entonces dependiente de las demás
en la ejecución de su tarea; se produciría inevitablemente
una falta de coordinación, y en este caso, el mundo estaría
destinado a la destrucción. Estos atributos divinos no son transferibles.
No es posible que un atributo determinado pertenezca a tal o tal divinidad
en un determinado momento y que después pertenezca a otra divinidad.
Un ser divino que sea incapaz de permanecer por él mismo vivo, no
puede dar la vida a los demás. El que no puede proteger su propio
poder divino es completamente inapto para gobernar el Universo sin limites.
Así pues, si reflexionáis en este problema, os convenceréis
de que todos estos poderes y atributos divinos no pueden pertenecer más
que a un ser único. Por consiguiente, el politeísmo es un
efecto de la ignorancia y no puede resistir un examen racional. Es una
imposibilidad práctica. Los hechos de la vida y de la Naturaleza,
no «se ajustan» con esta explicación. Llevan automáticamente
al hombre a la realidad, es decir, al Tawhid (la unidad de ¡Dos).
Teniendo presente en vuestro espíritu este concepto correcto
y perfecto de Dios, echad ahora un vistazo escudriñador sobre este
vasto Universo. Aplicad todos vuestros esfuerzos en este examen, entre
todas las cosas que percibáis, entre todo lo que podáis pensar,
sentir o imaginar -todo lo que vuestro conocimiento pueda aprehender-.
¿Alguien goza de esos atributos? El Sol, la Luna, las estrellas,
los animales, los pájaros, los peces, la materia, el dinero, ¿es
que alguno de ellos posee estos atributos? ¡Ciertamente, ninguno!
Pues todo en el Universo es creado, controlado, regulado, mortal y efímero.
Nada posee una autonomía de acción o decisión; hasta
en los menores movimientos, todo es controlado por una ley inexorable de
la que no se puede apartar. La Impotencia tan evidente de todos los objetos
de la creación prueba que la investidura de la divinidad no conviene
a su condición. No contienen la menor partícula de divinidad
y no tienen absolutamente nada que ver con ella. Están desprovistos
de poderes divinos y es disfrazar la verdad y dar muestra de gran desatino
atribuirles un estado divino. Esto es el significado de «La ilaha»,
es decir, «No hay más dios»; ningún objeto humano
ni material posee poder y autoridad divinos ni merecen la adoración
y la obediencia.
Pero nuestra búsqueda no se queda ahí. Hemos encontrado
que la divinidad no reside en ninguno de los elementos materiales o humanos
del Universo, y que ninguno de entre ellos posee de esto el más
pequeño rasgo. Esta investigación, incluso, nos lleva a la
conclusión de que existe un Ser Supremo, por encima de todo lo que
nuestros débiles ojos ven en el Universo, que posee atributos divinos,
que es la voluntad tras todos los fenómenos, el Creador de este
Universo grandioso, el que controla su ley soberbia, gobierna su ritmo
supremo, el Administrador de todos los trabajos: es Dios, el Señor
del Universo que no está asociado en su divinidad. Esto es lo que
significa: illa Allah (si no es Dios).
Este concepto, es superior a todos los demás, y cuanto más
lo examinéis, más profundo será vuestro convencimiento
de que es el punto de partida de todo conocimiento. En cada dominio de
búsqueda, la política, la sociología o las humanidades
apercibiréis que cuanto más profundicéis la cuestión,
la verdad de: la ilaha illa Allah será evidente. Es este
concepto el que abre las puertas de la búsqueda y de la investigación,
y el que proyecta sobre los sentidos del conocimiento la luz de la realidad.
Si negáis esta realidad, o si la tratáis con indiferencia,
en cada paso os encontraréis la desilusión, porque la negación
de esta verdad elemental quita su sentido real y su verdadero significado
en todo lo que existe en el Universo. Aparece todo privado de todo significado,
y las perspectivas del progreso llegan a ser confusas.
Los efectos del «tawhid» en la vida del hombre
la ilaha illa Allah lleva a la vida de un hombre, y veamos por
qué debería siempre acertar en la vida, por qué el
que niega esta creencia está consagrado al fracaso, tanto en esta
vida como en la vida ulterior.
- Un creyente en esta kalima no tiene prejuicios ni ideas limitadas.
Cree en un Dios que es el Creador de los cielos y de la tierra, el Soberano
del Oriente y el Occidente y el Proveedor del Universo entero. En virtud
de esta fe no considera nada en el mundo extraño a él mismo.
Mira todas las cosas del Universo como las posesiones del mismo Señor
al cual pertenece él. No tiene prejuicios en sus pensamientos ni
en sus actos. Su simpatía, su amor y ayuda no están reservados
para una esfera ni para un grupo particular. Su horizonte intelectual es
amplio y sus vistas liberales y tan ilimitadas como es el reino de Dios.
¿Cómo esta amplitud de mirada podría ser de un ateo,
un politeísta, o de alguien que cree en una divinidad que supone
posee poderes tan limitados y defectuosos como un simple hombre?
- Esta fe produce entra los hombres una estima y un respeto de sí,
del más alto grado. El creyente sabe que Allah (Dios único)
es el poseedor de todo poder y que nadie, a parte de El, puede proteger
a un hombre, o perjudicarle, proveer sus necesidades, dar o quitar la vida,
usar autoridad o influencia. Este convencimiento le hace indiferente, independiente
y sin temor a cualquier otro poder que no sea el de Dios. No inclina nunca
la cabeza ante ninguna criatura de Dios. No tiende la mano ante nadie.
No se intimida por la grandeza de nadie.
Esta cualidad o actitud mental no sirve para ninguna otra creencia.
Porque para aquellos que asocian otros seres a Dios, o niegan la existencia
de Dios, les es preciso entonces rendir homenaje a criaturas, considerarlas
como capaces de aniquilarles o protegerles, temerles y poner en ellos todas
sus esperanzas.
- A la vez del respeto en sí, esta fe produce en el hombre un
sentimiento de modestia y de humildad. Esta lo hace simple y sin pretensión.
Un creyente no llega a ser nunca orgulloso, altivo o arrogante. El orgullo
ruidoso del poder, de la riqueza, no tienen sitio en su corazón,
porque sabe que todo lo que él puede poseer le ha sido dado por
Dios y que Dios puede quitar lo mismo que puede dar. Al contrario un incrédulo,
cuando tiene éxito en el mundo llega a ser orgulloso y presuntuoso
porque cree que su bien es debido a su propio mérito. Del mismo
modo, el orgullo y la presunción acompañan inevitablemente
al chirk (diversas divinidades comparten la autoridad de Dios) porque
un muchrik cree que tiene con las divinidades una relación
especial, que los demás no tienen.
- Esta fe hace al hombre honesto y virtuoso. Tiene el convencimiento
de que no existe para el otro medio de conseguir el triunfo y la bendición
más que por la pureza del alma y por un comportamiento íntegro.
Tiene una fe completa en Dios que está por encima de toda necesidad
y que no depende de nadie. Porque Dios es infinitamente justo, y nadie
tiene parte ni influencia en el ejercicio de sus poderes divinos. Esta
fe le hace pensar que a menos que viva con rectitud y actúe con
justicia, no podrá triunfar. Ninguna influencia ni actividad bajo
su mano podría salvarle de la ruina. Los kafirs y los muchrik
por el contrario, viven siempre de falsas esperanzas. Algunos creen que
el Hijo de Dios fue crucificado en expiación de sus pecados, otros
piensan que son los elegidos de Dios y no serán castigados; otro
creen que sus santos intercederán ante Dios a su favor; mientras
que otros todavía hacen ofrendas a sus divinidades y creen que «comprando»
así a los dioses le dan licencia para todas sus frivolidades y sus
malas acciones, y quedan impunes, tales creencias erróneas los mantienen
en las mallas del pecado y de las malas acciones, y como dependen de sus
divinidades, olvidan purificar sus almas y vivir vidas rectas y buenas.
En cuanto a los ateos, no creen en la existencia de un Ser que tiene poder
sobre ellos, ante el cual serán responsables de sus buenas obras
o malas acciones; por consiguiente, se consideran en efecto libres de actuar
como mejor les parezca en este mundo. Sus propios caprichos llegan a ser
sus únicos dioses, y viven esclavos de sus deseos.
- El creyente no está nunca triste o desalentado cualquiera que
fuesen las circunstancias. Tiene una fe inquebrantable en Dios que es el
Señor de todos los tesoros de la tierra y de los cielos; cuya gracia
y generosidad no tienen límites, y cuyos poderes son infinitos.
Esta fe lleva a su corazón un extraordinario consuelo le llena de
satisfacción y conserva su esperanza. Aun cuando encontrara en este
mundo el desaliento en cada paso; si todo contrarrestara sus intenciones,
si todo le faltase, su fe en Dios y la confianza que pone en El no le dejan
jamás, y con su consuelo continúa la lucha. Una confianza
tan profunda no puede resultar más que de la fe en Dios Único.
Los muchriks, los kafirs y los ateos. tienen corazones vacilantes
porque sus esperanzas descansan sobre bases frágiles; y en las horas
difíciles son pronto sumergidos en la desesperación y a menudo
se dan la muerte.
- Esta fe suscita en el hombre un alto grado de determinación,
perseverancia, paciencia y confianza en Dios. Una fe que ha decidido consagrar
sus recursos en seguir los mandatos divinos para agradar a Dios, está
seguro de gozar de la protección del Señor del Universo.
Esta certidumbre la hace fuerte y firme como una roca, y ninguna dificultad,
ningún obstáculo, pueden hacerle abandonar sus resoluciones.
El chirk, el kufr o el ateísmo no producen tales efectos.
- Esta declaración de fe hace al hombre bravo y valiente. Hay
dos razones que pueden hacer a un hombre cobarde: 1.° El miedo a la
muerte y el amor a la seguridad; 2.° La idea de que otro pueda tomar
su vida y que el hombre por determinados medios pueda descartar la muerte.
La fe en la ilaha illa Allah purifica al espíritu de estas
dos ideas. En lo que concierne a la primera, el creyente sabe que su vida,
sus bienes, y todas las cosas pertenecen en realidad a Dios, y está
dispuesto a sacrificarlo todo por agradar a Dios. Descarta fácilmente
la segunda idea porque sabe que ningún alma, ningún hombre
o animal tiene el poder de tomar su vida. Dios sélo tiene en ello
poder. Un tiempo ha sido fijado para él y todas las fuerzas del
mundo reunidas no sabrían quitar la vida a cualquiera, aunque fuera
un segundo, antes dei tiempo fijado. Es por esta razón por la que
no hay nadie más valiente que el que tiene fe en Dios. Nadie puede
tener más razón que él: incluso la tempestad de la
adversidad, la tormenta de la oposición y el ejército más
poderoso pueden abatirle. Cuando se pone a combatir por Dios, puede sacar
una fuerza diez veces superior a la suya. ¿De dónde los muchriks,
los kafirs y los ateos podrían obtener tal determinación,
tal fuerza? Ellos tienen su vida como lo más precioso de sus bienes
en la tierra, y creen que la muerte es llevada por el enemigo y puede ser
evitada escapándose ante él.
- La fe en la ilaha illa Allah lleva la paz y la alegría
al corazón, libera al espíritu de las pasiones sutiles, de
los celos, la envidia y la codicia y hace desechar la idea de utilizar
medios bajos y viles para alcanzar el triunfo. El creyente sabe que la
riqueza está en las manos de Dios y que El la reparte más
o menos abundantemente según su voluntad; que el honor, el poder,
la fama y la autoridad -todo está sometido a su voluntad y que El
los distribuye segun le parece; que el deber del hombre consiste solamente
en tratar de luchar lealmente. Sabe que el triunfo o el fracaso depende
de la gracia de Dios; si El quiere dar algún poder al mundo nadie
podría impedirlo y si no lo quiere dar, no pueden obligarle. Por
el contrario, los muchriks, los kafirs y los ateos consideran
que sus triunfos o sus fracasos no dependen más que de sus propias
fuerzas y de la ayuda o de la oposición de los poderes terrestres.
Por consiguiente, quedan siempre esclavos de la codicia y de la envidia.
Para llegar al triunfo, no vacilan en corromper, adular, conspirar, y en
utilizar toda clase de medios indignos para provocar la caída de
su rival afortunado.
El efecto más importante de la fórmula la ilaha illa
Allah es que lleva al hombre a obedecer y observar la ley de Dios.
El que tiene fe en esta fórmula está seguro de que Dios conoce
todas las cosas aparentes u ocultas; incluso si comete un pecado en un
lugar secreto o en las tinieblas de la noche, Dios lo sabe; conoce hasta
nuestros pensamientos más ocultos y nuestras intenciones, buenas
o malas. Podemos disimular, ante no importa quién, pero no lo podemos
hacer ante Dios. Podemos escapar de cualquiera, pero es imposible escapar
de Dios. Si el hombre está convencido de esto, si observa los mandatos
de Dios; evitará lo que Dios ha prohibido, y seguirá sus
mandatos, incluso estando solo y oculto en la sombra de la noche, porque
sabe que la supervigilancia de Dios no se debilita jamás, y teme
al tribunal que no puede evitar el juicio. Es por esta razón que
la condición primordial y la más importante para ser musulmán
es la fe en la ilaha illa Allah. «Musulmán»,
como se ha visto ya, significa «Obediente a Dios», y la obediencia
a Dios es imposible a menos que no se crea firmemente en la ilaha illa
Allah, es decir que no hay nadie digno de ser adorado más que
Dios.
En las enseñanzas de Muhammad -las bendiciones de Dios sean con
él-, la fe en un Dios único es el principio capital, fundamental.
Es la base misma del Islam y la fuente de su poder. Todos los demás
dogmas, mandatos y leyes del Islam se basan en esta base. Todas sacan su
fuerza de esta fuente. Si la descartas no queda nada del Islam.
La fe en los ángeles de Dios
El profeta Muhammad -la paz sea con el- nos ha enseñado además
a creer en la existencia de los ángeles de Dios. Es el segundo artículo
de la fe islámica. Es muy importante, porque purifica el concepto
del Tawhid y descarta el peligro de todo rasgo de chirk (politeísmo).
Los politeístas han asociado dos clases de criaturas a Dios:
- las que tienen una existencia material y son perceptibles al ojo humano,
tales como el Sol, la Luna, las estrellas, el fuego, el agua, los animales,
los héroes...
- los que no tienen existencia material y no pueden ser percibidos por
el ojo humano; los seres invisibles que el hombre imagina responsables
del gobierno del Universo; uno por ejemplo, controlaría el viento,
otro daría la luz, otro traerla la lluvia, y así sucesivamente.
Los pretendidos dioses de la primera categoría tienen una existencia
material y son visibles por el hombre. La falsedad de su pretensión
a la divinidad ha sido plenamente expuesta por la Kalima la ilaha illa
Allah. Es suficiente para rechazar la idea según la cual pudieran
poseer una partícula cualquiera de divinidad o que merecieran respeto
alguno.
Los seres de la segunda categoría, de hecho son invisibles, escapan
a la percepción del hombre y por lo tanto, son misteriosos; los
politeístas están, pues, inclinados a tener fe en ellos,
los toman por divinidades, por dioses, o por hijos de Dios. Hacen estatuas
de su imagen, ante las cuales llevan ofrendas. Para purificar la fe en
la unidad de Dios, y para eliminar la creencia en criaturas invisibles
de la segunda categoría, este artículo de fe particular ha
sido expuesto.
Muhammad -las bendiciones de Dios sean con él-, nos ha informado
que estos seres espirituales que escapan a nuestra percepción y
que las gentes toman por divinidades, dioses, o hijos de Dios, son en realidad
sus ángeles. No comparten el carácter divino de Dios; están
bajo su autoridad, y son tan obedientes que no pueden derogar ni una pulgada
a sus mandatos. Dios los emplea para administrar su reino, y cumplen sus
órdenes exactamente y escrupulosamente- No tienen ninguna autoridad
para decidir, no pueden presentar a Dios ningún proyecto de su invención;
no están incluso autorizados para interceder ante Dios por un hombre.
Adorarlos y solicitar su ayuda es degradante y deshonroso para el hombre.
Porque el primer día de la creación, Dios les hizo prosternarse
ante Adán, le ha concedido un conocimiento más apto que el
suyo, colocándolo por encima de ellos, ha hecho a Adán su
propio representante en la tierra.
Muhammad -las bendiciones de Dios sean con él- nos ha prohibido
adorar a los ángeles y atribuirles carácter divino al lado
de Dios, y al mismo tiempo nos ha explicado que los ángeles eran
criaturas elegidas de Dios, puras de todo pecado, por su misma naturaleza
incapaces de desobedecer a Dios, y eternamente encargados de ejecutar sus
órdenes. Además, nos ha informado que estos ángeles
de Dios nos rodean por todas partes, y están siempre en nuestra
compañía. Observan y anotan todas nuestras acciones, buenas
y malas y guardan una relación completa de la vida de cada uno de
nosotros. Después de nuestra muerte, cuando estemos ante Dios, presentarán
esta relación completa, de la obra de nuestra vida en la tierra,
en la cual todo habrá sido registrado fielmente sin que el menor
detalle, incluso el más insignificante o el más cuidadosamente
escondido, haya sido omitido.
No hemos sido informados más precisamente sobre la naturaleza
intrínseca de los ángeles. Sélo algunos de sus atributos
y de sus cualidades nos han sido citados, y nos ha sido ordenado creer
en su existencia. No vamos por otro medio a conocer su naturaleza, sus
atributos o sus cualidades. Sería, por consiguiente, pura locura
por nuestra parte atribuirle cualquier forma o cualidad de nuestra propia
iniciativa. Debemos creer en ellos exactamente como nos ha sido mandado.
Negar su existencia es kufr, porque primeramente no tenemos ninguna
razón de hacerlo, y segundo nuestra negación equivaldría
a atribuir una mentira a Muhammad -las bendiciones de Dios sean con él-.
Creemos en su existencia simplemente porque el verdadero mensajero de Dios
nos lo ha informado.
La fe en los libros de Dios
El tercer artículo de la fe que Muhammad -las bendiciones de
Dios sean con él- nos ha mandado creer, es la fe en los libros de
Dios; los libros que ha enviado a la Humanidad por medio de los profetas
en diversas épocas.
Dios ha revelado sus libros a sus profetas antes que a Muhammad, del
mismo modo que revelé el Corán a Muhammad -la paz sea con
él-. Hemos sido informados de los nombres de estos libros: los libros
de Abraham, el Thora de Moisés, el zabur («Salterio»)
de David, y el injil («Evangelio») de Jesucristo. No
conocemos los nombres de los libros que, fueron dados a otros profetas.
Por consiguiente, en lo que concierne a la existencia de otros libros religiosos,
no podemos afirmar con certidumbre si eran el origen de los libros revelados
o no. Pero creemos tácitamente que todos los libros que han podido
ser enviados por Dios eran verdaderos.
Entre los libros que hemos citado, los libros de Abraham ha n desaparecido
y no han dejado vestigios en la literatura mundial existente. El zabur
de David («Salterio»), el Thora y el injil existente
entre los judíos y los cristianos, pero el Corán nos dice
que las gentes han modificado estos libros, y que las palabras de Dios
son mezcladas con textos de su propia invención. Esta obra de modificación
y de alteración de los Libros es tan evidente que los judíos
y los cristianos han admitido que no poseen los textos originales, y no
tienen más que sus traducciones, las cuales desde siglos han sufrido
y sufrirán aún muchas alteraciones. Estudiando estos libros,
se encuentran numerosos pasajes y relatos que, con toda evidencia, no pueden
provenir de Dios. La palabra de Dios y del hombre son mezcladas en estos
libros, y no tenemos medios de conocer lo que viene de Dios y lo que viene
del hombre. Se nos ha mandado creer en los libros revelados anteriormente,
pero esto quiere decir solamente que debemos admitir que antes del Corán,
Dios ha enviado también libros por medio de sus profetas, los cuales
provienen del único y mismo Dios: el mismo que revelé el
Corán, y que la revelación del Corán, como libro divino,
no es un acontecimiento nuevo y extraño, sino que tenía por
fin confirmar, respetar y completar las instrucciones divinas que los hombres
habían mutilado o perdido en la antigüedad.
El Corán es el último de los libros divinos enviados por
Dios, y existen diferencias notables entre él y los libros anteriores.
Estas diferencias pueden ser brevemente expuestas como sigue:
- Los textos originales de la mayor parte de los libros divinos anteriores
fueron perdidos y sélo quedan sus traducciones. El Corán
por el contrario existe exactamente tal como fue revelado al Profeta; ni
una sola palabra, ni una sola letra, ha sido cambiada. Se le puede encontrar
en su texto original, y la Palabra de Dios es conservada así para
todos los tiempos venideros.
- En los libros divinos anteriores, el hombre ha mezclado sus propios
comentarios con la Palabra de Dios; en el Corán no se encuentra
más que la Palabra divina en su pureza original. Esto es admitido
incluso por los adversarios del Islam.
- Ningún otro libro sagrado poseído por los diferentes
pueblos puede afirmarse sobre la base de la evidencia histérica
que pertenece realmente al profeta al cual es atribuido. Para algunos,
incluso, no se sabe a qué época ni a qué profeta fueron
revelados. En lo que concierne al Corán, las pruebas de que fue
revelado a Muhammad -las bendiciones de Dios sean con él- son tan
numerosas, tan convincentes y tan irrefutables que incluso el peor adversario
del Islam no puede dudar de ello. Estas pruebas están tan detalladas
que a propósito de numerosas aleyas y mandatos del Corán
se conoce con certeza hasta la ocasión y el lugar de su revelación.
- Los libros divinos anteriores habían sido enviados en lenguas
que han muerto desde hace tiempo. En la época actual, ninguna nación
o comunidad habla estas lenguas, y sélo un número muy pequeño
de gentes pueden comprenderlas. Así, del mismo modo, si estos libros
existieran hoy día bajo su forma pura y original, sería prácticamente
imposible en nuestra época comprender e interpretar correctamente
sus mandatos y ponerlos en práctica. La lengua del Corán,
por e, contrario, es una lengua viva; millones de gentes la hablan, y otros
millones la conocen y la comprenden. Es enseñada en casi todas las
universidades del mundo; todos pueden aprenderla, y el que no tiene tiempo
de hacerlo, encontrará por todos sitios gentes que la conocen y
que podrán explicarle el sentido del Corán.
- Cada uno de los libros sagrados de las diferentes naciones del mundo
estaba dirigido a un pueblo particular. Cada uno de ellos contiene un determinado
número de mandatos que parecen haber sido destinados a una época
particular de la Historia, y responden únicamente a las necesidades
de esta época. No son muy necesarios hoy, ni pueden ser puestos
en práctica de manera satisfactoria. Esto prueba claramente que
estos libros estaban destinados a tal o cual pueblo en particular y no
al mundo en su conjunto. Además, no habían sido revelados
para ser seguidos de manera permanente, incluso por el pueblo al cual fueron
dirigidos; estaban destinados a ser utilizados durante un determinado período
solamente. Por el contrario, el Corán ha sido dirigido a toda la
Humanidad; ni uno solo de sus mandatos podría ser sospechoso de
estar dirigido a un pueblo en particular. Del mismo modo, los mandatos
del Corán son tales que pueden ser utilizados en todo lugar y toda
época. Este hecho prueba que el Corán está destinado
a la Humanidad entera y es un código eterno para la vida del hombre.
- No se puede negar que los libros divinos anteriores encierran también
principios de rectitud y virtud; ellos enseñan igualmente principios
de moralidad, y exponen el modo de vida adecuado para agradar a Dios, pero
ninguno de ellos será bastante universal para abarcar todo lo que
es necesario para una vida humana virtuosa, sin omitir nada ni citar nada
superfluo. Algunos de ellos son excelentes desde un determinado punto de
vista, otros desde otro. El Corán solo, incluye no solamente todo
lo que había de bueno en los libros anteriores, sino también
concluye la palabra de Dios, la presenta en su totalidad, y expone este
código de vida comprendiendo todo lo que es necesario al hombre
en este mundo.
- A causa de las interpretaciones humanas, muchas cosas han sido introducidas
en estos libros, que están en contra de la realidad, irritan a la
razón, y son un insulto a todo instinto de justicia. Se encuentran
en ellos cosas crueles e injustas, adecuadas para corromper las creencias
y las acciones del hombre. Se encuentra en ellas por otra parte desgraciadamente
cosas obscenas, indecentes e Inmorales. El Corán está exento
de tales adiciones; no contiene nada que pueda ofender la razón
o la moral. Ninguno de sus mandatos es Injusto o engañoso; no se
encuentra en él, el menor trazo de indecencia o de inmoralidad.
Desde el principio hasta el fin, el libro está lleno de sabiduría
y de verdad. Contiene las mejores filosofías y leyes para la civilización
humana. Indica el camino recto, y guía al hombre al triunfo y la
salvación.
Es en consideración de estas características particulares
del Corán por lo que todos los pueblos del mundo han sido invitados
a tener fe en él, a negar todos los demás libros y a no seguir
más que a él, porque contiene todo lo que es esencial para
estar en conformidad con la Voluntad de Dios y después de él
no hay necesidad de cualquier otro libro divino.
El estudio de las diferencias entre el Corán y los demás
libros divinos nos hace fácilmente comprender que la naturaleza
de la fe en el Corán y la de la fe en los libros anteriores no es
la misma.
En lo que concierne a los libros divinos anteriores, el creyente debería
someterse a admitir que emanan todos de Dios, que eran verídicos
y habían sido revelados para cumplir en su época un fin semejante
al del Corán. Por el contrario, en lo que concierne al Corán,
el creyente debe tener la convicción que representa la palabra de
Dios, que es perfectamente verídico, que cada una de sus palabras
ha sido rigurosamente conservada, y que todo lo que en él se encuentra
es justo. El hombre tiene el deber imperativo de poner en práctica
en su vida todos los mandatos del Corán, y evitar todo lo que esté
en contra de sus preceptos.
La fe en los Profetas de Dios
En el capítulo precedente vimos que mensajeros de Dios fueron
suscitados entre cada pueblo, y que todos aportaban esencialmente la misma
religión -el Islam- que el profeta Muhammad -la paz sea con él-
debía propagar más tarde. Desde este punto de vista, todos
los mensajeros de Dios pertenecen a la misma categoría y se encuentran
en el mismo plano. Renunciar a uno de ellos, equivaldría a renunciar
a todos, y si un hombre reconoce y acepta uno de ellos debe reconocerlos
a todos. La razón es muy simple: Suponed que diez hombres afirman
la misma cosa; si admitís que uno de ellos dice la verdad, «ipso
facto», admitís que los nueve restantes dicen también
la verdad. Si negáis lo que dice uno de ellos, implícitamente
negáis las palabras de los demás. Es por esta razón
por la que en el Islam es necesario tener una fe implícita en todos
los profetas de Dios. El que no crea en uno de los profetas es un kafir,
incluso si tiene fe en todos los demás profetas.
Parece, según las tradiciones, que el número total de
los profetas enviados a los diferentes pueblos desde épocas diversas
es de 124.000. Si se considera la existencia del mundo desde que el hombre
apareció y el número de pueblos y de naciones diferentes
que han pasado, este número no es tan elevado. Debemos creer positivamente
en los profetas cuyos nombres han sido mencionados en el Corán.
Por los demás, debemos creer que todos los profetas enviados por
Dios para guiar a la Humanidad eran verídicos. De este modo creemos
en todos los profetas suscitados en India, China, Persia, Egipto, África,
Europa y en todos los países del mundo, pero no podemos ser positivos
con respecto a los que no figuran en la lista de los profetas citados especialmente
en el Corán; fueran o no profetas; no sabemos nada definitivo a
su respecto. No nos está permitido nunca decir nada en contra de
los santos hombres de Otras religiones. Es muy posible que algunos de ellos
hayan sido profetas de Dios, y que sus discípulos hayan alterado
sus enseñanzas después de su desaparición, exactamente
como lo han hecho los discípulos de Moisés y de Jesús
-las bendiciones de Dios sean con ellos-. Por consiguiente, cada vez que
expresamos cualquier opinión a este respecto, deberá concernir
únicamente a las prácticas y ritos de sus religiones; en
cuanto a los fundadores de estas religiones, debemos guardarnos de pronunciar
un juicio sobre ellos, por temor a ser culpables de irreverencia hacia
un profeta.
Eran profetas de Dios y habían sido enviados por Él para
mostrar el mismo camino recto del «Islam»; en este plano, no
hay diferencia entre Muhammad y los demás profetas -la bendición
de Dios sea con ellos- y nos está ordenado creer igualmente en todos
ellos. Pero a pesar de su igualdad en este plano, existen las diferencias
siguientes entre Muhammad y los demás, profetas -la bendición
de Dios sea con todos-:
- Los profetas del pasado llegaron en una época dada para un pueblo
dado, mientras que Muhammad -la paz sea con él- ha sido enviado
para el mundo entero y para todos los tiempos venideros. (Este punto ha
sido discutido con detalle en el capítulo III).
- Las enseñanzas de estos profetas han desaparecido, o bien lo
que queda de ellos no es puro y auténtico, y se encuentran muy a
menudo mezclado con numerosas afirmaciones tan erróneas como ficticias.
Por esta razón, incluso si alguno decide seguir sus enseñanzas,
no puede hacerlo. Por el contrario, las enseñanzas de Muhammad -las
bendiciones de Dios sean con él-, su biografía, sus relatos,
su manera de vivir, su moral, sus costumbres y sus virtudes, en resumen,
todos los detalles de su vida y de su obra son conservados. Muhammad -las
bendiciones de Dios sean con él- por consiguiente es el único
de la larga línea de los profetas que es una personalidad viva,
y es posible seguir sus huellas con confianza.
- Las órdenes que nos han dejado los profetas del pasado no eran
completas y universales. Cada profeta era seguido por otro que efectuaba
modificaciones y adiciones a las enseñanzas y mandatos de su antecesor,
y es así como progresaban las reformas. Por esto las enseñanzas
de los profetas anteriores quedaron en el olvido al cabo de algún
tiempo. Evidentemente, no había en ellos ninguna necesidad de conservar
las enseñanzas anteriores en el momento que directivas enmendadas
y mejoradas le habían sucedido. Finalmente, el código perfecto
fue dado a la Humanidad por medio de Muhammad -la paz sea con él-
y todos los códigos precedentes fueron abrogados automáticamente.
Sería vano e imprudente seguir un código incompleto cuando
existe un código completo. El que escucha la voz de Muhammad -las
bendiciones de Dios sean con él- escucha a todos los profetas, porque
todo lo que podía haber de bueno y de valedero en las enseñanzas
de ellos se encontraba en las suyas. Por consiguiente, el que niegue seguir
las enseñanzas de Muhammad, y elige seguir a cualquier otro profeta,
no hace más que privarse, él mismo, de la suma de instrucciones
válidas y útiles que se pueden encontrar en las enseñanzas
de Muhammad, pero que no han existido jamás en los libros de los
antiguos profetas y que no han sido revelados más que por medio
del último de los profetas.
Por esta razón incumbe a cada ser humano tener fe en Muhammad
-la paz sea con él- y no seguir más que a él. Para
llegar a ser un verdadero musulmán, un discípulo del género
de vida del profeta, es necesario tener una fe total en Muhammad -la paz
sea con él- y afirmar que:
- Es verdaderamente un profeta de Dios.
- Sus enseñanzas son absolutamente perfectas, exentas de todo
error.
- Es el último de los profetas de Dios; después de él,
no aparecerá ningún otro profeta en ninguna nación
hasta el día del juicio final, ni ninguna persona en la cual fuera
necesario creer para un musulmán.
La fe en la vida ulterior después de la muerte
El quinto artículo de la fe islámica es la fe en la vida
después de la muerte. El profeta Muhammad -la paz sea con él-
nos ha dicho: «Creer en la resurrección después de
la muerte y en el juicio Final.» Los elementos esenciales de esta
fe, tales como él nos ha enseñado, son los siguientes:
- La vida de este mundo y de todo lo que en él se encuentra, se
acabará un día fijado. Este día es llamado quiyamah
(«la Resurrección») y akhirah («el Ultimo
día»).
- iodos los seres humanos que han venido al mundo, desde su comienzo
serán vueltos a la vida y comparecerán ante Dios que tendrá
un tribunal aquel día. Esto se llama hachr («Reunión»).
- La relación completa de las acciones, buenas y malas, de todo
hombre y de toda mujer será presentada a Dios en el Juicio Final.
- Dios decidirá la recompensa final de cada criatura. Pesará
nuestras acciones; aquel cuyo plato se inclinara hacia el bien recibirá
una recompensa; aquel que se inclinara hacia las malas acciones será
lo más duramente castigado.
- La recompensa como el castigo serán administrados con equidad.
Los que salgan victoriosos de esta prueba irán al Paraíso
y las puertas de la bienaventuranza eterna se abrirán ante ellos.
Aquellos que sean condenados porque merecen un castigo serán enviados
al infierno, lugar de las llamas y torturas.
Estos son los elementos esenciales de la creencia en la vida después
de la muerte.
¿Por que esta creencia es tan necesaria?
La creencia en la vida después de la muerte ha formado parte
siempre de las enseñanzas de los profetas. Cada profeta ordené
a sus discípulos creer en ello, y Muhammad -la paz sea con él-
el último de los profetas, hizo lo mismo. Esto ha sido siempre un
punto esencial de la fe Islámica. Todos los profetas han declarado
categóricamente que el que no crea en ello o dude es un kafir.
Esto es así, porque negar la idea de la vida ulterior priva de toda
significación a todos los demás artículos de la fe.
Esta negación significaría también que una vida virtuosa
no recibiría recompensa, e introduciría así al hombre
a llevar una vida de ignorancia e incredulidad. Tratemos de reflexionar
en ello para comprender mejor esto.
En vuestra vida de todos los días, cada vez que se os mande hacer
alguna cosa, pensáis inmediatamente: ¿Para qué va
a servir esto y que es lo que arriesgo si no lo hago? Esto está
en la misma naturaleza del hombre. Considera instintivamente como inútil
una acción cuya necesidad no ve. Nunca habéis deseado perder
vuestro tiempo y vuestra energía en realizar un trabajo inútil
e improductivo. Del mismo modo, no os esforzáis por evitar una cosa
que es inofensiva. Por regla general, si estáis convencidos de la
utilidad de alguna cosa, vuestra respuesta será firme. Pero si dudáis
de su eficacia, vuestra actitud será dudosa. Además, ¿por
qué un niño pone su mano en el fuego? Porque no está
convencido de que el fuego quema. ¿Por qué se rebela contra
el estudio? Porque no sabe plenamente la importancia de la educación
y los beneficios que de ella procura, y no cree en lo que sus superiores
tratan de inculcarle.
Considerad ahora al hombre que no cree en el Día del juicio.
¿No tendría tendencia a considerar la fe en Dios y en una
vida conforme a sus deseos como sin importancia? ¿Qué valor
tomaría una vida pasada en buscar agrados a Dios? Para él
la obediencia a Dios no le trae ninguna ventaja, la desobediencia a su
ley ningún inconveniente. ¿Cómo le será entonces
posible seguir escrupulosamente los mandatos de Dios, de su Profeta y de
su Libro? ¿Dónde encontrará los motivos y los estímulos
necesarios para afrontar las pruebas y sacrificios y para rechazar los
placeres de este mundo? Si un hombre no sigue la ley de Dios y no vive
según sus propios deseos e Impulsos, ¿para qué le
sirve su fe en la existencia de Dios, sí se limita a esto solamente?
Esto no es todo. Si meditáis más llegaréis a la
conclusión de que la fe en la vida ulterior es un factor determinante,
esencial en la vida del hombre. El hecho de aceptarla o rechazarla determina
el curso mismo de la vida y de su conducta.
Un hombre que ha visto el triunfo o el fracaso en este mundo solamente,
no se preocupa más que de los beneficios o de las contrariedades
que puedan llegarle en esta vida, en este mundo. No estará tan deseoso
de emprender buenas acciones, sí no tiene la esperanza de encontrar
en ellas un provecho mundano, ni evitar las malas acciones, a no ser que
no tengan perjuicio en sus intereses en este mundo.
Pero un hombre que cree en una vida ulterior, en el otro mundo, y que
está firmemente convencido de las consecuencias finales de sus actos,
considerará las ganancias o las pérdidas de este mundo como
temporales y transitorias, y no arriesgará su salvación eterna
por un provecho pasajero. Considerará las cosas con una perspectiva
más amplia, y tendrá siempre presente lo que pueda ganar
o perder en la eternidad. Hará el bien sea cual fuere lo que pueda
por ello procurar en este mundo o sea cual fuere el daño que pueda
llevar a sus intereses Inmediatos; evitará el mal, sea cual fuere
la atracción que ejerza en él. juzgará las cosas desde
el punto de vista de sus consecuencias en la eternidad, y no cederá
a sus impulsos o a sus caprichos.
Existe pues una diferencia radical entre los conceptos que se sacan
de la vida de un creyente y de un incrédulo. Uno tiene del Bien
una idea que no pasa del cuadro de los beneficios inmediatos que puede
adquirir en esta vida provisional, dinero, bienes materiales, celebridad,
y otras cosas parecidas que le confieren una posición, el poder,
la gloria, y la felicidad en este mundo. Estas cosas constituyen su único
objetivo en la vida. La satisfacción de sus propios deseos y su
éxito personal llegan a ser el alfa y el omega de su vida. No duda
en recurrir a medios crueles e injustos para conseguir fortuna.
Del mismo modo lo que él llama una mala acción, es todo
lo que puede hacerle correr un riesgo o causar daño a sus intereses
en este mundo, pérdida de la vida o de sus bienes, mala salud, reputación
manchada, u otra contrariedad. Al contrario que este hombre, el creyente
concibe el bien y el mal muy diferentemente. Para él, todo lo que
agrada a Dios es bueno, y todo lo que suscita su descontento y su ira es
malo. Una buena acción, según él, será buena,
incluso si no le aporta nada en este mundo, o incluso si le trae la pérdida
de sus posesiones terrestres, o perjudica sus intereses personales. Está
persuadido de que Dios le recompensará en la vida eterna, y que
es éste el verdadero triunfo. Del mismo modo, no sucumbirá
a las malas acciones, simplemente para encontrar un provecho en este mundo,
porque sabe que, incluso, si escapa al castigo en su corta vida terrestre,
será finalmente perdedor e incapaz de evitar el castigo del tribunal
de Dios. No cree en la relatividad de la moral, pero si cumple las normas
absolutamente reveladas por Dios y vive conforme a ellas, sin considerar
lo que puede perder o ganar en este mundo.
Así, es el hecho de creer o no creer en la vida eterna el que
hace adoptar al hombre caminos diferentes en esta vida. Para el que no
cree en el Juicio Final, es absolutamente Imposible educar su vida de la
manera sugerida por el Islam. El Islam dice: «Así como Dios
ha mandado dad el Zakat (la caridad) a los pobres». La respuesta
del incrédulo será: «No, porque me empobrecería
entregando el Zakat, prefiero en su lugar, ocuparme de hacer fructificar
mi dinero». Cuando inspecciona a sus deudores, no duda en confiscar
todo lo que le pertenece aunque sean pobres y sufran hambre. El Islam dice:
«Decid siempre la verdad y evitad la mentira, incluso si ganaseis
todo mintiendo y perdierais diciendo la verdad». La respuesta del
incrédulo ser «¿Por qué he de decir una verdad
que no da ningún provecho, sino al contrario, me trae disgustos?
¿Por qué evitaría mentir si esto puede beneficiarme
sin que yo sufra ningún riesgo incluso el de una mala reputación?».
El incrédulo se encuentra en un lugar solitario y encuentra allí
un metal precioso; en tal caso, el Islam dice: «Esto no os pertenece;
no lo toméis». Pero él dirá: «Es una cosa
que yo ha encontrado ahí por casualidad, sin haber gastado dinero
ni hacer esfuerzo; ¿por qué no lo tomaré? Nadie me
ve recogerlo, nadie irá a informar a la policía o llevar
testimonio contra mi ante un tribunal, ni me hará una mala reputación
entre mis semejantes. ¿Por qué no apropiarme de este objeto
de valor?». Cuando alguien deposita secretamente dinero en casa de
este hombre, y muere algún tiempo más tarde. El Islam dice:
«Sed honestos con los bienes depositados en vuestra casa y dadlos
a los herederos del difunto». El incrédulo dice: «¿Por
qué? No hay prueba de que me haya confiado su bien y sus hijos mismos
lo Ignoran. Yo puedo muy bien apropiarme sin dificultad, sin tener miedo
de ninguna reclamación legal, ni nada malo en mi reputación,
¿por qué no lo haría?». En resumen, en cada
paso de la vida, el Islam le guía en una determinada dirección
y le ordena adoptar una determinada conducta, pero él tomará
siempre la dirección opuesta. Porque el Islam mide y evalúa
todo desde el punto de vista de las consecuencias eternas; mientras que
tal persona sélo lo hace mirando el resultado inmediato y el terrestre.
Ahora comprenderéis por qué un hombre no puede ser un verdadero
musulmán si no cree en el Dios del juicio. Ser musulmán es
una gran cosa; en efecto, sin esta fe, no se puede incluso llegar a ser
un hombre honrado, porque negar el Día del Juicio rebaja al hombre
a un nivel inferior al más bajo de los animales.
La vida después de la muerte: Una apología racional
Hasta ahora, hemos tratado de la necesidad y de la Importancia de la
creencia en el Día del juicio. Consideremos ahora hasta qué
punto los elementos de esta creencia pueden ser explicados racionalmente.
Todo lo que Muhammad -la paz sea con él- ha podido decirnos sobre
la vida después de la muerte puede ser defendido por el razonamiento.
Aunque nuestra fe en el Día del juicio esté fundada en nuestra
confianza implícita en el Mensajero de Dios, la reflexión
racional no solamente confirma esta creencia, sino que también revela
que las enseñanzas de Muhammad -la paz sea con él- a este
respecto, son más razonables y comprensibles que todos los demás
puntos de vista sobre la vida después de la muerte.
Sobre este problema, se pueden encontrar las opiniones siguientes en
el mundo:
- Algunos piensan que nada subsiste del hombre después de la muerte,
y que después que este acontecimiento acabe su vida, no hay otra
vida. Según ellos esta fe no es verdadera. Dice que tal creencia
no es científica, y que no puede ser defendida. Esta es la opinión
de los ateos que pretenden ser científicos en sus opiniones, apoyándose
en la ciencia occidental.
- Otros sostienen que el hombre, para pagar las consecuencias de sus
actos, vuelve al mundo periódicamente. Si lleva una vida de pecado,
en su próxima vida, tendrá la forma de un animal, perro,
gato..., o de un árbol, o bien la de un hombre de linaje inferior.
Si ha sido virtuoso, será resucitado en un linaje superior. Este
concepto se encuentra en determinadas religiones orientales.
- Otros tienen fe en el Día del juicio, la Resurrección,
la comparecencia del hombre ante el tribunal divino, y la atribución
de recompensa y castigo. Esta es la creencia común de todos los
profetas -la paz y la bendición de Dios sea con ellos-.
Examinemos estos conceptos unos tras otros: el primero que se atribuye
la garantía de la ciencia, sostiene que no hay ninguna realidad
en la idea de la vida después de la muerte: que nunca ha habido
ningún caso de resurrección. Vemos que después de
la muerte, el hombre vuelve al polvo. Por consiguiente, la muerte es el
fin de la vida, y no hay vida después de la muerte. Pero reflexionemos
en este razonamiento. ¿Es esto verdaderamente un argumento científico?
¿Se funda realmente en la razón? Si es verdad que no se han
visto nunca casos de resurrección después de la muerte, se
puede solamente deducir con ello, que no pueden saber lo que hay después
de la muerte. Pero en lugar de quedar en estos limites, declaran que nada
sucede después de la muerte, subrayando al mismo tiempo que hablan
en nombre del espíritu científico. En efecto, no hacen más
que generalizar partiendo de la ignorancia. La ciencia no nos dice nada
-ni negativo ni positivo- a este respecto, y su afirmación de que
la vida después de la muerte no existe, está absolutamente
desprovista de fundamento. Tal afirmación hace pensar en la de un
ignorante que no ha visto nunca un avión y que fundándose
en este conocimiento, declara que los aviones no existen. Si alguien no
ha visto una cosa, esto no quiere decir que esta cosa no exista. Ningún
nombre, incluso la Humanidad entera, si no ha visto una cosa, no tiene
el derecho de pretender que tal cosa no existe y no puede existir. Esta
pretensión es ilusoria y rigurosamente anti - científica.
Ningún hombre razonable puede sostenerla.
Consideremos ahora el segundo concepto. Según éstos, un
ser humano es un hombre porque en su forma animal anterior, ha hecho buenas
acciones; y un animal es un animal porque antes ha cometido malas acciones
cuando era ser humano. En otros términos, el hecho de ser un hombre
o un animal es la consecuencia de nuestras acciones a lo largo de nuestra
forma anterior. Se puede entonces hacer la pregunta: ¿Quién
ha existido primero, el hombre o el animal? Si se responde que el hombre
ha precedido al animal, es preciso admitir entonces que ha debido ser un
animal antes, y ha recibido una forma humana en recompensa de sus buenas
acciones. Si se responde que era el animal, es preciso admitir que era
un hombre antes de esto, que fue transformado en animal por sus malas acciones.
Esto nos pone en un círculo vicioso, y los defensores de esta teoría
no pueden resolver la forma bajo la cual apareció la primera criatura,
porque cada nacimiento implica un estado anterior, de manera que el estado
siguiente puede ser considerado como la consecuencia de l precedente. Esto
es absolutamente absurdo.
Examinemos ahora el tercer concepto. Su primera suposición es:
«El mundo llegará un día a su fin». Dios destruirá
un día el Universo, y en su lugar evolucionará otro cosmos
superior al primero. Esta afirmación es innegablemente verdadera;
no se puede dudar de su veracidad. Si se reflexiona en la naturaleza del
Cosmos, está claro que el sistema existente no es permanente y eterno,
porque todas las fuerzas que en él actúan son limitadas en
su naturaleza, y es cierto que un día llegarán a ser extenuadas.
Por esta razón los sabios están de acuerdo para preveer que
un día el Sol se enfriará y no producirá más
energía, que las estrellas entrarán en colisión y
que todo el sistema del Universo será destruido. Además,
si la evolución es verdadera en el caso de los constituyentes de
este Universo, ¿por qué no será verdad para la totalidad
del Universo? Pensar que el Universo será completamente destruido
y desaparecerá es más probable que pensar que evolucionará
hacia otro estadio, que un nuevo orden de cosas emergerá en un estado
aún más ideal y mejor.
La segunda proposición de esta creencia es que «el hombre
de nuevo recibirá la vida». ¿Es esto posible? Si es
que sí, ¿cómo la vida actual del hombre ha sido posible?
Es posible que Dios que ha creado al hombre en este mundo puede hacer del
mismo modo en la otra vida. Esto no es solamente una posibilidad, es también
una necesidad positiva, como se demostrará más tarde.
La tercera proposición es: «Todas las acciones del hombre
en este mundo están inscritas y serán presentadas en el Día
de la Resurrección y del juicio». La prueba de la veracidad
de esta proposición está dada en nuestra época por
la ciencia misma. Antes se descubrió que los sonidos, que producimos
emiten ondas impalpables en el aire y se extinguen. Ahora se ha descubierto
que el sonido deja una huella en los objetos que nos rodean y puede ser
por consiguiente reproducido. Es por este principio por lo que se hacen
los discos. De ahí se puede comprender que la relación de
cada movimiento del hombre está impresa en todas las cosas que están
en contacto con las ondas producidas por los movimientos. Esto enseña
que el registro de todas nuestras acciones es conservado en su totalidad
y puede ser reproducido.
La cuarta teoría es que: «En el Día de la Resurrección,
Dios tendrá su tribunal, y recompensará o castigará
al hombre por sus buenas o malas acciones con toda equidad». ¿Es
eso algo irrazonable? La razón misma exige que Dios tenga su tribunal
y pronuncie un juicio equitativo. Vemos con frecuencia que un hombre hace
una buena acción y que esto no le aporta nada en este mundo. Vemos
a otros hombres que hacen malas acciones y no son castigados en este mudo.
Mucho más, podemos citar millares de casos en los que una mala acción
concluye con la felicidad y la gratificación de la persona culpable.
Cuando se observan estas cosas que suceden todos los días, nuestra
razón y nuestro sentido de la justicia exigen que vendrá
un tiempo en el que el hombre que haya hecho el bien será recompensado,
y el que haya hecho el mal, castigado. El presente orden de cosas, como
podéis vosotros mismos comprobar, está sometido a la ley
física según la cual el hombre es libre de hacer el mal si
lo decide así, sin que sufra por ello necesariamente las consecuencias
funestas. Si tenéis un bidón de gasolina y una caja de cerillas,
podéis prender fuego en la casa de vuestro enemigo, y puede ser
que os escapéis de todas las consecuencias de este acto si las condiciones
terrestres están a vuestro favor, ¿significa esto que tal
crimen no tiene consecuencias? ¡Ciertamente, no! Esto significa solamente
que su resultado inmediato y físico se ve, y que el resultado moral
está en suspenso. ¿Pensáis realmente que si estas
consecuencias morales no apareciesen nunca, sería razonable? Si
pensáis que tarde o temprano, deberán aparecer, se puede
entonces preguntar: ¿Dónde? Ciertamente no en este mundo,
porque en este mundo material, sélo las consecuencias materiales
de las acciones se manifiestan plenamente, mientras que las consecuencias
racionales y morales no aparecerán siempre. En efecto, no podrán
manifestarse más que con la instauración de un nuevo orden
de cosas, donde las leyes racionales y morales prevalecerán y tendrán
preponderancia absoluta, y donde las leyes materiales serán sometidas.
Se trata del nuevo mundo que, hemos dicho precedentemente, es el próximo
estadio evolutivo del Universo. Es evolutivo en el sentido de que será
gobernado por leyes morales y no por materiales; las consecuencias racionales
de las acciones humanas, que hoy están suspendidas en todo o en
parte en este mundo, aparecerán entonces. La salvación del
hombre será determinada por su valor racional y moral, según
su conducta en esta vida de puesta a prueba. Entonces, no veréis
nunca a un hombre capaz obligado a someterse a un Imbécil, o un
hombre moralmente superior ocupar una posición inferior con un canalla,
como ocurre ahora en este mundo.
La última teoría de esta creencia es la existencia del
Paraíso y del Infierno, que no tiene nada de Imposible. Si Dios
puede crear el Sol, la Luna, las estrellas y la tierra, ¿por qué
no podría crear el Paraíso y el infierno? Aunque tendrá
su tribunal y pronunciar juicios equitativos recompensando a los que merecen
y castigando a loa culpables, debe tener allá, un lugar donde los
hombres de mérito podrán gozar de su recompensa feliz, felicidad
y gratificaciones de todas clases y un lugar donde los condenados sufrirán
el envilecimiento, el dolor y la miseria. Después de haber examinado
todas estas cuestiones, toda persona razonable llegará a la conclusión
de que la fe en la vida después de la muerte es el más racional
de los conceptos, y que no hay nada de irracional o de Imposible en ello.
Además, cuando un verdadero profeta como Muhammad -las bendiciones
de Dios sean con él- ha afirmado esto como una verdad absoluta,
y que sabemos que ha dicho siempre todo lo que era bueno para nosotros,
la razón nos lleva a creer en esto implícitamente y no a
rechazar esta fe sin verdaderas razones.
Los artículos, como hemos dicho, son los cinco artículos
de la fe que constituyen la base del Islam. Su esencia está contenida
en la corta frase llamada kalima e tayyib. Cuando declaráis
la ilaha illa Allah («no hay más dios que Dios»)
rechazáis todas las falsas divinidades, y proclamáis que
sois una criatura del Dios Único; y cuando agregáis muhammadun
rasulullah («Muhammad es el mensajero de Dios») confirmáis
y admitís el apostolado de Muhammad -las bendiciones de Dios sean
con el-. El hecho de admitir su apostolado trae consigo la fe en la naturaleza
divina y los atributos de Dios, en sus ángeles, sus libros revelados,
y en la vida después de la muerte. Os obliga también a seguir
con cuidado la vía de la obediencia y de la adoración de
Dios que el profeta Muhammad -la paz sea con él- nos ha indicado.
Es ahí donde reside el camino del triunfo y de la Salvación.
Capitulo Cinco : La oración y la
adoración
La discusión precedente ha enseñado que Dios ha ordenado
por medio de Muhammad -la paz sea con él- creer en cinco artículos
de fe:
- Fe en Dios que no tiene asociados en su divinidad;
- Fe en los ángeles de Dios;
- Fe en los libros divinos y en el Corán como el último
de los libros;
- Fe en los profetas de Dios, y en Muhammad - las bendiciones de Dios
sean con él-, el Enviado último;
- Fe en la vida después de la muerte.
Estos cinco artículos constituyen el fundamento del Islam. El
que crea en ello entra en el seno del Islam y llega a ser un miembro de
la comunidad musulmana. Pero no basta proclamar su fe verbalmente para
llegar a ser un musulmán completo. Para llegar a serlo, es preciso
aplicar íntegramente las Instrucciones dejadas por Muhammad -la
paz sea con él- las cuales le fueron inspiradas por Dios, Porque
la fe en Dios arrastra necesariamente a la obediencia práctica de
su palabra; y es la obediencia a Dios la que constituye el Islam. Por esta
fe proclamáis que Allah (sélo, el Dios único) es vuestro
Dios; esto significa que El es vuestro Creador y vosotros sus criaturas;
que El es vuestro Señor y vosotros sus siervos; que El es vuestro
Dueño y vosotros sus súbditos. Después de haberlo
reconocido como vuestro Señor y Dueño si os negáis
a obedecerle, sois por vuestra confesión un rebelde. Al mismo tiempo
que tenéis fe en Dios, creéis que el Corán es el libro
de Dios. Esto significa que habéis admitido todo el contenido del
Corán como Inspirado por Dios. Así es vuestro deber aceptar,
y obedecer todo lo que en él se encuentra. Al mismo tiempo habéis
admitido que Muhammad -la paz sea con él- es el Enviado de Dios;
lo que significa que habéis admitido que cada una de sus órdenes
y de sus prohibiciones vienen de Dios. Si admitís esto, es vuestro
deber obedecerle. Por consiguiente, no seréis un musulmán
completo hasta que vuestros actos estén de acuerdo con vuestras
palabras, si no vuestro Islam quedará incompleto.
Veamos ahora las reglas de conducta que Muhammad -la paz sea con él-
ha enseñado tal como le fueran inspiradas por el todopoderoso. Los
puntos capitales a este respecto son los ibadat- los Deberes Primordiales
que deben ser observados por cada persona, exigléndose de la comunidad
musulmana.
El espíritu del «ibadat», o la adoración
ibadat es una palabra árabe derivada de abd («esclavo»)
y significa sumisión. Representa el hecho de que Dios es vuestro
Señor y que eres su siervo, y que todo lo que un siervo puede hacer
para obedecer y agradar a su señor es un ibadat. El concepto
islámico de ibadat es muy amplio. Si purificáis vuestro
lenguaje de las tosquedades, de la mentira, de la maledicencia y de los
insultos, cuando decís siempre la verdad y habláis de cosas
virtuosas, y lo hacéis todo esto únicamente porque Dios lo
ha ordenado así; estas acciones constituyen un ibadat, aunque
puedan parecer sin relación con la religión. Si seguís
la ley de Dios tanto en su espíritu como en su letra en vuestros
hechos comerciales y económicos, si sois fieles en vuestras relaciones
con vuestros padres, vuestros amigos, y con todos los que están
en contacto con vosotros, verdaderamente todas vuestras actividades son
ibadat. Si ayudáis a los pobres, los hambrientos y a las
gentes en la angustia, si hacéis esto no en vuestro interés
personal, sino solamente por buscar el agrado de Dios, esta actitud también
es ibadat. Incluso vuestras actividades económicas -las actividades
que emprendéis para ganar vuestra vida y mantener a las personas
que tenéis a vuestro cargo- son ibadat, si lo hacéis
con honradez y virtud, y observáis la ley de Dios. En resumen, todas
vuestras actividades y vuestra vida entera son ibadat si están
de acuerdo con la ley de Dios, si vuestro corazón está lleno
de su temor, si vuestro objetivo último es hacer todas las cosas
buscando el agrado de Dios. Así, cada vez que hacéis el bien
o evitáis el mal por temor a Dios no Importa en qué dominio
o actividad, cumplid vuestras obligaciones islámicas. El verdadero
significado del Islam es: El hombre debe someterse totalmente a agradar
a Dios, ajustar su vida entera al modelo trazado por el Islam, sin excepción
alguna. Para llegar a realizar este fin, una serie de ibadat precisos
han sido constituidos que sirven de cierto modo de cuadro de entrenamiento.
Si seguimos la preparación asiduamente, mejor seremos equipados
para encontrar la armonía entre nuestros ideales y nuestra conducta
práctica. Los ibadat son pues los pilares sobre los cuales
descansa el edificio del Islam.
«salat»
El salat es la primera y más importante de estas obligaciones.
¿ Qué es el salat? Son las cinco oraciones cotidianas
obligatorias por las cuales repetís cinco veces al día los
artículos en los que se basa vuestra fe. Os levantáis por
la mañana temprano, hacéis vuestro aseo, y os presentáis
ante Dios para rezar. Los movimientos que hacéis durante la oración
simbolizan el espíritu de sumisión; la recitación
de vuestras oraciones os recuerdan vuestros deberes hacia Dios. Buscáis
sus mandatos y le pedís sin descanso permitiros libraros de su cólera
y seguir el recto camino. Leeréis pasajes del Libro de Dios testimoniando
así la veracidad del Profeta, y de este modo aviváis vuestra
creencia en el Día del juicio y en el hecho de que tenéis
que comparecer ante vuestro pacto con El. Dejáis durante unos instantes
vuestras obligaciones mundanas y solicitáis audiencia del Señor.
Esto una vez más os recuerda vuestro papel real en la vida. Después
de esta reconsagración volvéis a vuestras ocupaciones; más
tarde os presentáis de nuevo a Dios. Este os vuelve a llamar, y
de nuevo concentráis vuestra atención en las estipulaciones
de vuestra fe. Cuando el sol se oculta y las tinieblas de la noche comienzan
a envolveros, os sometéis de nuevo a Dios con oraciones, con el
fin de que no olvidéis vuestros deberes y vuestras obligaciones
en las, sombras que se aproximan de la noche. Después de algunas
horas más tarde, de nuevo aparecéis ante Dios, y es vuestra
última oración de la jornada. Así, antes de ir a dormir,
recordáis una vez más vuestra fe y os prosternáis
ante vuestro Dios. Es así como acabáis la jornada. La frecuencia
y la hora de las oraciones tienen por fin no olvidar nunca cuál
es el objeto y la misión de vuestra vida en el torbellino de las
actividades del mundo.
Es fácil comprender cómo las oraciones cotidianas fortifican
las bases de vuestra fe, os preparan para observar una vida de virtud y
de obediencia a Dios, y aviva esta fe de donde surge el coraje, la sinceridad,
la reflexión, la pureza de corazón y de alma y la firmeza
de la moralidad.
Veamos cómo se realiza esto. Hacéis vuestra ablución
de la manera prescrita por el Santo Profeta -la paz sea con él-.
Igualmente rezáis según las instrucciones del Profeta. ¿Por
qué lo hacéis? Simplemente porque creéis en el apostolado
de Muhammad -la paz sea con él-, y es vuesto deber absoluto obedecerle
sin discutir. ¿Por qué no cometéis faltas voluntariamente
recitando el Corán? ¿No es porque consideráis el texto
como la Palabra de Dios y que creéis cometer un pecado desviándoos
de sus palabras? En las oraciones recitáis muchas cosas en voz baja,
y si no las recitáis o la hacéis con errores no hay nadie
para controlaros. Pero esto no lo hacéis nunca voluntariamente.
¿Por qué? Porque creéis que Dios está siempre
vigilante, que oye todo lo que recitáis, y que está al corriente
de todos las cosas visibles u ocultas. ¿Qué es lo que os
hace recitar vuestras oraciones incluso en los lugares donde no hay nadie
que os exija hacerlo o incluso para veros decirlo? ¿No es por el
convencimiento de que Dios os está observando siempre? ¿Qué
es lo que os hace dejar vuestros quehaceres importantes y otras ocupaciones
para ir a la mezquita a rezar? ¿Qué es lo que os hace abreviar
vuestro sueño a las tempranas horas de la mañana, ir a la
mezquita con el calor del mediodía y dejar vuestras distracciones
de la tarde por la oración? ¿Es otra cosa que el sentido
del deber -el hecho de que asumáis vuestra responsabilidad hacia
Dios cueste lo que cueste? ¿Por qué teméis cometer
faltas cuando decís vuestras oraciones? Porque vuestro corazón
está lleno de temor de Dios, y sabéis que debéis comparecer
ante El en el Día del juicio y darle cuenta de vuestra vida entera.
¿Puede existir mejor método de preparación moral y
espiritual que las oraciones? Es este entrenamiento el que hace de un hombre
un musulmán perfecto. Las oraciones le recuerdan su pacto con Dios,
avivan su fe en El y le hacen tener siempre presente en su espíritu
su fe en el Día del juicio. Le ayudan a ajustarse a los principios
del Profeta y le impulsan a observar sus deberes. Las oraciones son el
mejor medio de impulsar al hombre a ajustar su conducta a sus ideales.
Evidentemente, si un hombre tiene una conciencia de sus deberes hacia su
Creador, tal ayuda que la pone por encima de todos los bienes terrestres
y no deja de fortalecerla por la oración, permanecerá probablemente
honesto en sus acciones porque sí no traería el descontento
de Dios que hasta ahora ha tratado de evitar. Permanecerá fiel a
la ley de Dios a través de todas las fases de la vida, del mismo
modo que sigue diciendo las cinco oraciones cotidianas. Se puede tener
confianza en este hombre en los demás campos igual que en el de
la religión, porque si las sombras del pecado o de la astucia se
le acercan, tratará de evitarlas por temor a Dios, temor que está
siempre presente en su espíritu. Incluso sí después
de una preparación tan vital, un hombre se conduce mal en otros
campos de la vida y quebranta la ley de Dios, esto no puede venir más
que de determinadas depravaciones que le son propicias.
Así pues, lo repetimos, debéis rezar vuestras oraciones
en asamblea, particularmente las oraciones del Viernes. Esto establece
entre los musulmanos un vínculo de amor y de comprensión
recíproca. Esto despierta en ellos el sentimiento de su unidad colectiva
y mantiene en ellos la noción de fraternidad nacional. Todos rezan
sus oraciones en asamblea y esto les inculca un profundo sentimiento de
fraternidad. Las oraciones son también un símbolo de igualdad,
porque tanto los pobres como los ricos, los poderosos como los humildes,
los que gobiernan como los gobernados, los sabios como los analfabetos,
los negros como los blancos, todos están en el mismo lugar y se
prosternarán ante su Señor. Las oraciones le inculcan también
un profundo sentimiento de disciplina y obediencia al jefe elegido. En
resumen, las oraciones los preparan en todas las virtudes que permiten
el desarrollo de una rica vida Individual y colectiva.
He aquí algunos de los beneficios que se pueden sacar de las
oraciones cotidianas.
Si nos negamos a utilizarlas, nosotros, y nosotros solos, somos los
que perdemos. Si nos apartamos de las oraciones, esto significa dos cosas:
que no reconocemos las oraciones como nuestro deber; o bien que las reconocemos
como nuestro deber, pero a pesar de ello eludimos esta obligación.
En el primer caso, vuestra pretendida fe es una mentira vergonzosa, porque
si se niega a aceptar órdenes, por eso mismo se niega la Autoridad
de quien las da. En el segundo caso, si reconocemos la Autoridad, pero
no haces caso de sus órdenes, entonces somos las criaturas más
inconscientes de la tierra. Porque si somos capaces de hacer esto a la
más alta Autoridad del Universo, ¿quién nos garantiza
que no haremos lo mismo en nuestras relaciones con los demás seres
humanos? Si el engaño predomina en una sociedad, ¡qué
infierno de discordia llegaría a ser esto!
El Ayuno
Lo mismo que las oraciones había que hacerlas cinco veces al
día, el ayuno durante el mes de «Ramadán» (el
noveno mes del año lunar) se hace una vez por año. Durante
este período, desde el alba hasta que se oculta el sol no comemos
ni una migaja de comida, ni bebemos una gota de líquido, cualquiera
que sea la atracción de la comida y sean cuales fueren nuestra hambre
y nuestra sed. ¿Qué es lo que nos hace soportar voluntariamente
tales rigores? No es otra cosa que la fe y la creencia en Dios y en el
Día del juicio Final. En cada instante durante nuestro ayuno reprimimos
nuestras pasiones y nuestros deseos, y proclamamos por nuestra conducta
la supremacía de la ley divina. Esta conciencia del deber y espíritu
de paciencia que el ayuno permanente durante un mes completo nos inculca,
nos ayuda a fortificar nuestra fe. El rigor y la disciplina durante este
mes nos ponen cara a cara con las realidados de la existencia y nos ayudan
a hacer de nuestra vida durante el resto del año una vida de verdadera
sumisión a su voluntad.
Por otra parte, el ayuno tiene un impacto enorme en la sociedad, porque
todos los musulmanes, cualquiera que sea su estatuto, deben respetar el
ayuno durante el mismo mes. Esto marca la igualdad esencial de los hombres,
y crea en ellos un sentimiento aún más profundo de amor y
fraternidad. Durante el Ramadán, el mal se esconde mientras el bien
pasa al primer plano, y toda la atmósfera se impregna de piedad
y de pureza.
Esta disciplina nos ha sido impuesta por nuestro propio bien. En cuanto
a los que no cumplen con este deber primordial, no se puede confiar mucho
en ellos en el cumplimiento de sus otros deberes. Pero los peores son los
que, durante este mes sagrado, no dudan de beber y comer en público.
Su conducta prueba que no tienen en cuenta los mandatos de Dios, del cual
osan, sin embargo, proclamar su fe como su Creador. Además de esto,
muestran también que no son miembros leales de la comunidad musulmana
-o más bien que no tienen nada que ver con ella. Evidentemente,
en cuanto a la obediencia, confianza y respeto que se puede tener en ellos,
se puede esperar lo peor de tales hipócritas.
El «zakat»
La tercera obligación es el Zakat. Cada musulmán cuya
situación económica esté por encima de un determinado
mínimo precisado, debe pagar anualmente 2.5% de sus ahorros a uno
de sus semejantes en la necesidad, a un nuevo discípulo del Islam,
a un viajero, a una persona entrampada.
Esto es el mínimo. Si pagáis más, más grande
será la recompensa que Dios os concederá.
El dinero que entreguemos a título de Zakat no es alguna cosa
de la que Dios tiene necesidad o que El recibe. El está por encima
de toda necesidad o deseo. El nos promete, con su gracia infinita, innumerables
recompensas si ayudamos a nuestros semejantes. Pero pone en ello una condición
fundamental: cuando entregamos el Zakat en el nombre de Dios no debemos
esperar ni exigir un provecho terrestre de los beneficiarios, ni tratar
de establecernos una reputación filantrópica.
El zakat es tan fundamental en el Islam como las demás
formas de ibadat: salat («la oración»)
y saum («el ayuno»). Su importancia reside en el hecho
de que mantiene en nosotros las cualidades de sacrificio y nos limpia del
egoísmo. El Islam acoge en su seno a aquellos que están dispuestos,
en la vía de Dios, a distribuir una parte de sus bienes; duramente
ganados, voluntariamente y sin ninguna esperanza de provecho temporal o
personal. El Islam no tiene nada que hacer con los avaros. Un verdadero
musulmán, cuando viniese el llamamiento, sacrificará todos
sus bienes según el deseo de Dios, porque el Zakat lo ha llevado
ya a esto. La sociedad musulmana ha ganado enormemente con la institución
del Zakat. Es el deber más estricto de todo musulmán afortunado,
ayudar a sus semejantes pobres o en un a situación menos favorecida
. Su riqueza no debe ser utilizada únicamente para su confort y
su lujo personales; los demás tienen también derecho de sus
bienes: las viudas y los huérfanos de la nación, los pobres
y los inválidos; los que tienen capacidades, pero carecen de medios
para buscar un empleo útil, aquellos que tienen capacidades pero
no tienen dinero para adquirir la Instrucción y llegar a ser así
miembros activos de la comunidad. El que no reconoce un derecho en sus
bienes a tales personas de su comunidad es realmente cruel. Porque no podrá
haber crueldad más grande que llenar sus cofres mientras que millares
de seres mueren de hambre o sufren del paro. El Islam es el enemigo irreconciliable
de tal forma de egoísmo y de la avaricia. Los incrédulos,
privados de todo sentimiento de amor universal, no saben más que
conservar su dinero, y para hacerlo fructificar lo prestan con intereses.
Las enseñanzas del Islam son la exacta contraposición de
esta actitud. Aquí comparte su riqueza con sus semejantes y se les
ayuda también a bastarse por sí mismos y a llegar a ser miembros
productivos de la sociedad.
«hajj» o peregrinación
hajj, o la peregrinación a la Meca es el cuarto ibadat
fundamental. No es obligatorio más que para los que tienen medios
y solamente una vez en la vida. La Meca acoge el sitio de una pequeña
casa que el profeta Abraham -las bendiciones de Dios sean con él-
edificó para el culto de Dios. Dios le recompensó haciendo
de ella su propia casa, y el centro hacia el cual todos deben volverse
para las oraciones. Ha dispuesto también que incumba, a los que
tienen medios, visitar este lugar al menos una vez en su vida. Esta visita
no es solamente una visita de cortesía. Esta peregrinación
tiene sus ritos y condiciones que es preciso cumplir, las cuales nos inculcan
la piedad y la virtud. Cuando emprendemos la peregrinación, nos
está ordenado que refrenemos nuestras pasiones, que nos abstengamos
de derramar sangre, que seamos puros tanto en nuestras palabras como en
nuestros actos. Dios ha prometido recompensar nuestra sinceridad y nuestra
sumisión.
Esta peregrinación es, en cierto modo, el más grande de
los ibadat. Porque a menos que un hombre no quiera realmente a Dios,
no emprenderá nunca un viaje tan largo dejando tras él a
todos los que ama. Así pues, esta peregrinación es diferente
de cualquier otro viaje. Allí, sus pensamientos están concentrados
en Dios, su ser vibra de una devoción intensa. Cuando llega a la
Ciudad Santa, encuentra allí una atmósfera llena de piedad
y de virtud; visita lugares que testimonian la gloria del Islam, y todo
esto deja en su espíritu una impresión inolvidable que guardará
hasta su último suspiro.
Después, de los demás ibadat, los musulmanes pueden
sacar muchos beneficios de esta peregrinación. La Meca es el centro
en el cual los musulmanes deben agruparse una vez por año, encontrarse
y discutir de asuntos de interés común, y de una forma general,
avivar, en ellos mismos, la convicción de que todos los musulmanes
son iguales y merecen el amor y la simpatía de los demás,
cualquiera que sea su origen geográfico o cultural. Así,
la peregrinación une a los musulmanes del mundo en una fraternidad
internacional.
Protección del Islam
Aunque la protección del Islam no sea explícitamente un
principio fundamental, su necesidad y su importancia han sido señaladas
con mucha frecuencia en el Corán y el hadiz. Es esencialmente
una puesta a prueba de nuestra sinceridad como discípulos del Islam.
Si no defendemos al que llamamos nuestro amigo contra las intrigas y los
asaltos de sus enemigos, ni no nos preocupamos de sus intereses, si estamos
guiados únicamente por el egoísmo, somos verdaderamente falsos
amigos. Del mismo modo, si proclamamos nuestra fe en el Islam, debemos
celosamente guardar y mantener el prestigio del Islam. Nuestra única
guía en nuestra conducta debe ser el interés de los musulmanes
en general, y el servicio del Islam a la vista del cual todas nuestras
consideraciones personales deben inclinarse.
«jihad»
jihad es una parte de esta protección del Islam. jihad
significa lucha hasta el límite de nuestras fuerzas. Un hombre que
hace todo lo posible físicamente o moralmente, o utiliza sus bienes
en la vía de Dios, está en efecto compro metido en el jihad.
Pero en el lenguaje del chariah, esta palabra es utilizada más
particularmente por el combate que es declarado únicamente en el
nombre de Dios contra los opresores y los enemigos del Islam. Este supremo
sacrificio de la vida incumbe a todos los musulmanes. Sin embargo, si un
grupo de musulmanes se dirige voluntariamente por el jihad, la comunidad
entera, está dispensada de su responsabilidad. Pero si nadie es
voluntario, todo el mundo es culpable. Esta dispensa no existe para los
ciudadanos de un estado islámico cuando este estado es atacado por
una fuerza no musulmana. En este caso, todo el mundo debe ser voluntario
para el jihad. Si el país atacado no es bastante fuerte para
responder, es entonces deber religioso de los países musulmanes
vecinos ayudarle; si ellos también son vencidos; entonces los musulmanes
del mundo entero deben combatir al enemigo común. En todos los casos,
el jihad es un deber primordial de los musulmanes que les concierne
lo mismo que las oraciones cotidianas o que el ayuno. El que se sustraiga
de ello es un pecador. Se puede dudar de su pretendida fe en el Islam.
No es más que un hipócrita que no superará la prueba
de la sinceridad, y todos sus ibadat y oraciones no son más
que un engaño, una vana tentación de devoción.
Capitulo Seis : El «din» y
el «chariah»
Hasta ahora hemos tratado del din o fe en Dios. Vamos a referirnos
ahora al chariah del profeta Muhammad -la paz sea con él-.
Pero antes, nos es preciso establecer claramente la diferencia entre din
y chariah.
Distinción enrié din y chariah
En los capítulos precedentes, hemos dicho que todos los profetas
que han aparecido periódicamente han propagado el Islam, es decir,
la fe en Dios con todos sus Atributos, el Día del Juicio, los profetas,
los libros revelados, y mandaban por consiguiente a sus pueblos respectivos
vivir una vida de obediencia y de sumisión al Señor.
Esto es lo que constituye el din; existe el chariah: Código
detallado de conducta, o los cánones describiendo los modos del
culto; los criterios de la moral y de la vida, las cosas permitidas o prohibidas,
las leyes separadoras entre el bien y el mal. Este derecho canónico
ha sufrido enmiendas de vez en cuando y aunque cada profeta tuvo el mismo
din, trajo con él un chariah diferente, mejor adaptado
a las condiciones de su pueblo y de su época; esto con el fin de
hacer progresar las civilizaciones de los diferentes pueblos a través
del tiempo y de dotarlos de una moralidad más elevada. El proceso
se acabé con la llegada de Muhammad, el ultimo de los profetas -
la paz sea con él- que trajo el código definitivo destinado
a la Humanidad entera para todas las épocas por venir. El din
no ha sufrido ningún cambio, pero ahora todos los chariah
anteriores han sido abrogados, no subsiste más que el universal
chariah sue Muhammad -la paz sea con él- nos ha aportado.
Es el auge, el final del gran proceso de formación que fue empezado
en el alba de la era humana.
Las fuentes del «chariah»
Existen dos fuentes donde podemos encontrar el chariah de Muhammad
-la paz sea con él-; el Corán y el hadiz. El Corán
es una revelación divina; cada una de sus palabras viene de Dios.
El hadiz es un recuerdo de las instrucciones dadas por el último
profeta y de sus memorias, tales como fueron conservadas por los que vivieron
en su compañía, o aquellas que fueron transmitidas por testigos
directos. Estos textos fueron más tarde purificados y recopilados
bajo forma de libros entre los cuales las ediciones hechas Malik, Bujari,
Muslim, Tirmidzi, Abu Dawud, Nasai y Ibn Majah son consideradas como las
más auténticas.
«fiqh»
La ley detallada que proviene del Corán y del hadiz concierne
a los innumerables problemas que pueden surgir en la vida de un hombre,
ha sido recopilada por algunos de los más eminentes sabios islámicos
del pasado. Los pueblos musulmanes han reconocido siempre a estos hombres
sabios, clarividentes e instruidos, que consagraron su vida al estudio
y análisis del Corán y del hadiz, faciliatando así
la tarea de todo musulmán deseoso de perfeccionar su comportamiento
cotidiano en función de las exigencias del chariah. Es, gracias
a ellos, por lo que los musulmanes de todas partes del mundo pueden seguir
el chariah fácilmente, cuando sus conocimientos, en materia
de religión, no le habrían jamás permitido interpretar,
por ellos mismos, correctamente el Corán y el hadiz.
Al principio, muchos de los jefes religiosos se esmeraban en esta tarea.
Ahora se pueden distinguir cuatro escuelas principales del pensamiento
jurídico:
- fiqh-el-Hanafi: es el fiqh recopilado por Abu Hanifa
Numan Ibn Thabit, ayudado por Abu Jusuf, Muhammad ach Chaibani, Zufar y
otros, todos conocidos por su gran conocimiento de los problemas religiosos.
Es conocido bajo el nombre de la escuela Hanofo del Figh.
- fiqh-el-Maliki: de Malik Ibn Anas Al-Asbahi.
- fiqh-al-Chafiy: fundada por Muhammad Ibn Idris al-Chafiy.
- fiqh-al-Hambali: fundada por Ahmad Ibn Hambal.
Estos fiqh fueron todos elaborados bajo su forma actual en los
doscientos anos que siguieron a la muerte del profeta. Si existen algunas
diferencias entre estas cuatro escuelas, es por el hecho de que la verdad
tiene múltiples caras. Cuando personas diferentes se esmeran en
interpretar un acontecimiento dado, cada uno lo explica en función
de sus propios conceptos. Lo que da a estas diferentes escuelas del pensamiento
la autenticidad que se les otorga, es la integridad indiscutible de sus
fundadores respectivos y de los métodos que adoptaron. Por esto,
todos los musulmanes, cualquiera que sea a la escuela a que pertenecen,
consideran estas cuatro escuelas igualmente correctas y verdaderas. Aunque
la autenticidad de las cuatro escuelas de fiqh no sea puesta en
duda, no se puede seguir más que una en su vida. Está, sin
embargo, el caso del grupo de sabios de hadiz (dichos del profeta)
que estima que los que tienen un conocimiento suficiente pueden abordar
directamente el Corán y el hadiz para sacar de ellos directivas;
los que no están dotados de estos conocimientos y facultades suficientes,
deberían seguir el guía de su preferencia para tal motivo
particular.
El «tasawwuf»
El fiqh trata de la conducta exterior del hombre, del cumplimiento
literal de sus deberes. Todo lo que toca al espíritu del comportamiento
humano es conocido bajo el nombre de tasawwuf. Por ejemplo, cuando
rezamos nuestras oraciones, el fiqh juzga solamente el cumplimiento
de las exigencias exteriores, tales como la ablución, orientación
hacia la kaba, hora y número de rakaats, mientras
que el tasawwuf juzgará nuestras oraciones desde el punto
de vista de nuestra concentración, devoción, pureza de nuestras
almas y del efecto de las oraciones en nuestra moral y nuestros modales.
Así el verdadero tasawwuf islámico mide nuestro espíritu
de obediencia y sinceridad, mientras que el fiqh vigila las reglas
que seguimos en sus menores detalles. Un ibadat, que sigue las reglas
en apariencia, pero sin convicción profunda, es como un hombre hermoso
en apariencia, pero desprovisto de carácter; un ibadat lleno
de convicción, pero cumple sin tener en cuenta las reglas es como
un hombre noble de carácter, pero de apariencia deforme.
El ejemplo antes citado explica las diferencias entre el fiqh
y el tasawwuf. Pero desgraciadamente para los musulmanes, sus conocimientos
disminuyeron, luego sucumbieron a las filosofías pervertidas de
los poderosos dominantes de entonces, a los cuales plagiaron solamente
para deformar su fe y agregar sus dogmas pervertidos.
Alteraron la pureza del tasawwuf islámico con disparates
injertados en la base del Corán y del hadiz. Progresivamente
fueron apareciendo grupos de musulmanes que se creían por encima
de las exigencias del chariah. Estas gentes no tenían ninguna
comprensión del Islam, porque el Islam no podría admitir
un tasawwuf que se apartara y desviara del chariah. Ningún
Sufí tiene el derecho de quebrantar los límites del chariah
o de tratar a la larga las obligaciones primordiales (faraid), tales
como las oraciones cotidianas, el ayuno, el Zakat, el Hajj. El tasawwuf
en el sentido profundo del término, no es más que un inmenso
amor a Dios y a Muhammad -la paz sea con él-, tal amor exige una
obediencia total a sus mandatos expuestos en el Libro de Dios y la sunnah
de su profeta. Cualquiera que se aparte de estos mandatos divinos profiere
una mentira cuando proclama que ama a Dios y a su profeta.
Capitulo Siete : Los principios del «chariah»
Nuestra discusión sobre las bases del Islam quedaría incompleta
si no examinamos la ley del Islam, si no estudiamos sus principios fundamentales
y sí no intentamos descubrir el tipo de hombre y de sociedad que
el Islam desea producir. En este último capítulo. nos proponemos
interpretar un estudio de los principios del chariah con el fin
de completar nuestro cuadro del Islam, y poder apreciar la superioridad
del mundo de vida islámica.
El hombre ha sido dotado de un gran número de poderes y de facultades
y a este respecto la Providencia se ha mostrado generosa hacia él.
Posee inteligencia, sabiduría, voluntad, las facultades de la vista
y de la palabra, del gusto, del tacto y del oído, la facultad de
desplazamiento y utilizar sus manos, las pasiones del amor, cólera,
lo peor... Todas estas cosas le son útiles y ninguna es superflua.
Estas facultades le han sido atribuidas porque tiene una gran necesidad
de ellas; le son indispensables. Su vida y su triunfo dependen del uso
conveniente que hace de ellas para satisfacer sus necesidades y sus deseos.
Estos poderes que Dios le ha dado están destinados para servirle,
y si no son utilizados en su justa medida, la vida no vale la pena de ser
vivida.
Dios ha provisto también al hombre de todos los medios y recursos
necesarios para hacer funcionar sus facultades naturales y para lograr
satisfacer sus necesidades. El cuerpo humano está también
hecho, que es el primer y principal instrumento del hombre en su lucha
para realizar los fines de su vida. Luego, tiene el mundo donde vive el
hombre. Su alrededor contiene recursos de todas clases, recursos que utiliza
para llegar a sus fines. La Naturaleza, con todo lo que contiene, ha sido
preparada para él, y puede hacer de ella todos los usos imaginables.
Tiene también a sus semejantes, de manera que pueden cooperar los
unos con los otros para construir una vida mejor y más prospera.
Reflexionemos ahora un poco más profundamente en este fenómeno.
Estos poderes y estos recursos os han sido conferidos para ser utilizados
para el bien de los demás. Han sido creados para vuestro bien y
no para perjudicaros y destruiros. Su función es tratar de aumentar
el bien y la virtud, y no ponerlos en peligro. Así, el uso correcto
de estos poderes es el que os da beneficios; incluso si resulta de ello
algún inconveniente, no debe exceder del mínimum Inevitable.
Es así únicamente como se hace uso correcto de estos poderes.
Cualquier otro uso, si acaba en el desorden y en la destrucción,
es malo, contrario a la razón y nocivo. Por ejemplo, si hacéis
alguna cosa que os perjudica, u os agravia, es una utilización sencillamente
defectuosa. O si vuestras acciones perjudican a los demás, y hacen
de vosotros una calamidad para ellos, es una pura locura y un mal uso de
los poderes conferidos por Dios. Si desrrocháis los recursos, los
gastáis en vano o los destruís, esto también constituye
un torpe error por vuestra parte. Tales actividades son evidentemente irracionales
porque la misma razón humana sugiere que la destrucción y
el mal deben ser evitados y que es preciso tender siempre hacia el éxito
y el provecho. Si fuera preciso ir al encuentro de un mal cualquiera, esto
debe ser solamente en el caso de que os trajera, a pesar de todo, un beneficio
más importante. Todo comportamiento que se aparte de esto sería
evidentemente una mala conducta a adoptar.
Si conservamos siempre esta consideración básica y examinamos
al género humano, encontraremos dos clases de gentes:
Los que voluntariamente hacen un mal uso de sus poderes son malos y
corrompidos, y merecen los rigores de la ley para controlarlos y reformarlos.
Los que cometen errores por ignorancia necesitan el conocimiento exacto
y la orientación para que puedan ver el Camino Recto, y para que
hagan un mejor uso de sus poderes y de sus recursos. El Código de
Conducta -el chariah- que Dios ha revelado al hombre, responde precisamente
a esta necesidad
El chariah expone la ley divina, y da las directrices para regular
la vida con los mejores intereses del hombre. Su objetivo es enseñar
al hombre la vía mejor, y de proveerle los medios satisfactorios
a sus necesidades del modo más beneficioso y más provechoso
para él. La ley de Dios ha sido concebida para vuestro beneficio.
No hay nada en ella que os incite a despilfarrar vuestras facultades o
a reprimir vuestras necesidades, vuestras emociones o vuestros deseos naturales.
No litiga en favor del ascetismo. No dice:
«Abandonad el mundo, privaos de todo bienestar en la vida, dejad
vuestras casas, errad en los desiertos, las montañas o en los bosques
sin pan ni vestidos», no predica tales excesos ni la mortificación.
Este punto de vista no tiene nada en común con la ley del Islam,
una ley formulada por Dios que ha creado este mundo para la felicidad de
la Humanidad. El chariah ha sido revelado por Dios mismo, que ha
preparado todas las cosas para el provecho del hombre. El no quiere arruinar
su Creación. No ha dado al hombre ningún poder que sea inútil
o superfluo, El no ha creado nada en los cielos ni en la tierra que no
pueda dar servicio al hombre. Es su voluntad explícita, que el Universo
-este grandioso taller de actividades múltiples- siga funcionando
armoniosamente para que el hombre -esta joya de la Creación-, pueda
hacer el mejor y productivo uso de sus facultades y recursos, de todo lo
que ha sido preparado para él en la tierra y en los cielos. Deberá
utilizarlos de tal forma que él y sus semejantes puedan recoger
buenos frutos y no causen nunca, voluntaria o involuntariamente, ningún
mal a la creación de Dios. El chariah está destinado
a guiar los pasos del hombre en esta dirección. Prohibe todo lo
que es perjudicial al hombre, permite y aconseja todo lo que puede serle
útil y beneficioso.
El principio fundamental de la ley es que el hombre tiene el derecho,
y en determinados casos, el deber más estricto, de satisfacer todas
sus necesidades y deseos auténticos, y hacer todos los esfuerzos
posibles para promover sus intereses y encontrar el triunfo y la felicidad.
Pero -y es un punto importante-, debe hacer todo esto de tal manera que
no solamente los intereses de los demás no sean perjudicados y que
ningún daño sea causado a sus esfuerzos para satisfacción
de sus propios derechos y deberes, sino aún más con toda
la cohesión social posible, la ayuda mutua, y la cooperación
con sus semejantes para el triunfo de sus objetivos comunes. Como en todas
estas cosas el bien y el mal, el provecho y la pérdida están
inseparablemente mezclados, el principio de la ley es elegir un mal menor
en nombre de un beneficio más grande, y de sacrificar un pequeño
beneficio para evitar un mal más grande. Este es el concepto fundamental
del chariah.
Sabemos que el conocimiento humano es limitado. Cada hombre, en cada
época, no sabe para él mismo lo que es bueno ni lo que es
malo, lo que es perjudicial y lo que es beneficioso. Las fuentes del saber
humano son demasiado limitadas para darle la verdad pura. Por esto Dios
le ha evitado los riesgos de error y le ha revelado su ley que es un código
correcto y completo para la raza humana entera. Los métodos y las
verdades de este código aparecen cada vez más claramente
en el hombre con el tiempo. Hace algunos siglos, buen número de
sus adelantos quedaban oscuros para el hombre; el progreso del conocimiento
les ha puesto en evidencia. En nuestros días aún, algunos
no aprecian todos los méritos de este código, pe‚o el progreso
lanzará nuevas luces en él y señalará su superioridad.
El mundo de buen grado o por fuerza, se orienta hacia la vía trazada
hace tiempo ya por el código divino; muchas gentes que negaron aceptarlo
están ahora, después de siglos de titubeos, pruebas y errores,
obligados a adoptar determinadas disposiciones de esta ley. Los que niegan
la veracidad de la Revelación y conceden todo crédito a nuestra
razón humana extinguida, después de haber cometido faltas
y vivido experiencias desagradables, adoptan bajo una forma u otra los
mandatos del chariah. ¡Pero qué pérdida! ¡Y
ahora, incluso, no lo hacen más que parcialmente!
Por otro lado, hay gentes que tienen una fe total en los profetas de
Dios, aceptan sus palabras y adoptan el chariah con pleno conocimiento
de causa. A veces no realizan completamente los méritos o la significación
de tal o tal instrucción, pero de una manera general, aceptan un
código que es el fruto del verdadero conocimiento y que les preserva
de los males y de las faltas de ignorancia, de las pruebas y de los errores.
Estas gentes están en el camino recto y el triunfo les corresponde.
Ciertamente el chariah ha enseñado al hombre desde hace
más de catorce siglos; pero con su razón deficiente el hombre
no ha llegado más que ahora a entrever estas verdades, esto después
de siglos de derroche, pérdidas, y errores, después de haber
sometido centenas de millones de gentes a una separación injustificable,
después de haber depravado al hombre y corrompido la sociedad durante
siglos El chariah es el camino más corto y más simple
hacia la realidad, y el desprecio de ello lleva al fracaso o al desorden
total.
El «chariah» : derechos y deberes
El modelo de vida que el Islam preconiza consiste en un conjunto de
derechos y deberes que todo ser humano que acepta esta religión
le es exigido que oriente su vida de acuerdo con estas reglas.
De una manera general, la ley del Islam impone cuatro clases de derechos
y de deberes en el hombre:
- Los deberes hacia Dios, que todo hombre está obligado a cumplir.
- Los deberes del hombre con respecto a sí mismo.
- Los derechos de los demás con él.
- Los derechos de los recursos que Dios ha puesto a su disposición
y que le ha autorizado utilizar para su bienestar.
Estos derechos y estas obligaciones constituyen la piedra angular del
Islam, y es el deber más estricto de todo musulmán verdadero,
comprenderlos y someterse a ellos conscientemente. El chariah discute
claramente cada clase de derecho y lo trata detalladamente. Pone igualmente
a la luz los medios por los cuales las obligaciones pueden ser cumplidas
-de manera que todos nuestros deberes pueden ser simultáneamente
cumplidos y que ninguno de ellos sea excedido o descuidado. Vamos ahora
brevemente a discutir estos derechos y estos deberes para dar una idea
de la vida islámica y de sus valores fundamentales.
Los derechos de Dios
Debemos estudiar primero las bases sobre las cuales, según el
Islam, se basan las relaciones del hombre con su Creador. El deber primordial
que el hombre tiene para con Dios es tener fe en Dios único, reconocer
su autoridad y no asociar a nadie con El. Esto está expresado en
la Kalima: la ilaha illa Allah (no hay más dios que Dios).
(cf. capítulo 4.)
Nuestro segundo deber hacia Dios es aceptar de todo corazón,
y seguir sus directrices hidayat («código que ha sido
revelado para el hombre») y buscar agradarle con todas las oraciones
de nuestro espíritu y de nuestra alma. Cumplimos este deber teniendo
fe en el Profeta de Dios y aceptándolo por jefe y guía (cf.
cap. 3).
Nuestro tercer deber con respecto a Dios es obedecerle escrupulosamente
y sin reservas. Cumplimos este deber siguiendo la Ley de Dios tal como
está contenida en el Corán y la sunnah (cf. capítulo
4).
Nuestro cuarto deber para con Dios es adorarle, por medio de la celebración
de las oraciones y otras ibadat, como hemos dicho antes (cf. capítulo
5).
Estos derechos y obligaciones tienen preferencia sobre todos los demás
derechos, hasta el punto que tales, deben ser cumplidos incluso con detrimento
de otros derechos y deberes. Por ejemplo ofreciendo sus oraciones y observando
el ayuno, el hombre debe sacrificar muchos derechos personales. Debe esforzarse
y ofrecer sacrificios en el cumplimiento de estos deberes para con Dios.
Debe levantarse temprano por la mañana para rezar sus oraciones
sacrificando así su sueño y descanso. Durante el día,
deja a menudo algunos trabajos importantes para adorar a su Creador. Durante
el mes de Ramadan (el mes del ayuno) debe aguantar el hambre y toda clase
de molestias sencillamente para agradar a su Señor. Cuando paga
el Zakat, pierde de su fortuna, pero prueba que su amor por Dios pasa ante
cualquier otra cosa, y que el amor del dinero no sería en él
un obstáculo. Por la peregrinación debe sacrificar su riqueza,
y afrontar los riesgos del viaje. En el jihad sacrifica el dinero,
el material y todo lo que tiene -hasta su vida-.
Del mismo modo, en el cumplimiento de estas obligaciones, se debe sacrificar
más o menos algunos de los derechos comunes o ajenos y así
daña a sus propios intereses en general. Un servidor debe dejar
su trabajo para participar en el culto de su Señor. Un hombre de
negocios debe parar sus transacciones para emprender la peregrinación
a la Meca. En el jihad, el hombre sacrifica su vida simplemente
por la causa de Dios. Del mismo modo, para observar sus deberes hacia Dios,
el hombre debe sacrificar muchas cosas de las que dispone y disfruta, ganado,
riquezas... Pero Dios ha formulando el jihad de tal modo que el
equilibrio y la armonía se encuentran en todos los aspectos de la
vida y el sacrificio de los derechos ajenos es reducido estrictamente al
mínimo. Esto es realizado gracias a los límites fijados por
Dios. El nos ha dado todas las facilidades para cumplir la obligación
del salat. Si no se puede disponer de agua para la ablución
o si se está enfermo se puede cumplir el tayammun (abluciones
secas) Si se está de viaje se puede reducir el salat. Si
se está enfermo y no puede ponerse de pie para la oración,
se puede hacer sentado o acostado. Además, la recitación
de los textos coránicos en la oración es susceptible de arreglo
de manera que pueden ser cortas o largas como se desee: en un momento de
descanso y de bienestar, se puede recitar una sura larga del Corán
En un momento en que se esté muy ocupado se pueden recitar algunas
aleyas solamente. O más exactamente, las instrucciones son que para
la oración en grupo y para los que tienen lugar durante las horas
de trabajo, la recitación debería ser breve Dios acepta las
oraciones que elijamos (navafil), pero se opone a que nos privemos
de sueño y reposo, y que sacrifiquemos los derechos de nuestros
hijos y de nuestro hogar. El Islam quiere que mantengamos siempre un equilibrio
entre las diversas actividades de la vida.
Lo mismo ocurre para el ayuno; no hay más que un mes al año
consagrado al ayuno obligatorio. Durante un viaje o una enfermedad, podéis
ser dispensados y observarlo en otro período más propicio
del año. Las mujeres pueden aplazar el ayuno para más tarde
cuando están embarazadas, durante sus reglas y cuando están
criando. El ayuno debe terminarse en la fecha fijada y cualquier atraso
está desaprobado. Está permitido beber y comer desde el crepúsculo
al alba. Los ayunos son altamente apreciados y agradan a Dios pero no quiere
que ayunéis con demasiada frecuencia, ya que así os debilitáis
hasta el punto de no poder cumplir convenientemente vuestras tareas cotidianas.
Del mismo modo, en el caso de Zakat; Dios no ha fijado más que
las tasas mínimas y el hombre es libre de gastar por encima de estas
tasas, tanto como él desee por la causa de Dios. Si se entrega el
Zakat, se cumple con su deber, pero si se gasta más en caridades,
esto prueba tanto más que busca agradarle a Dios. Pero El no quiere
que sacrifiquemos nuestros bienes en caridades o que rechacemos para nosotros
y nuestros padres los deberes y los bienestares de los que debemos gozar.
No quiere que nos empobrezcamos. Nos ha aconsejado ser moderados incluso
en el campo de la caridad.
Examinemos ahora la Peregrinación. Es obligatoria solamente para
los que tienen medios de pagar el viaje y que están físicamente
aptos para soportar los esfuerzos que trae consigo. No es la victoria del
mal sobre el bien, y del ateísmo agresor sobre la religión
de Dios. Esto sería decididamente la pérdida de un bien más
grande y una gran calamidad, porque resultaría no solamente que
la religión de Dios fuera abolida, sino también que el mundo
llegaría al reino de la Inmoralidad y la perversidad y que la vida
sería estropeada tanto en el interior como en el exterior. Para
evitar este mal mayor, Dios nos ha mandado por consiguiente, sacrificar
nuestras vidas y nuestros bienes para su gozo. Pero al mismo tiempo ha
prohibido todo derrame de sangre inútil, atacar a los; ancianos,
mujeres, niños, enfermos y heridos. Su orden es combatir solamente
contra los que se dirigen para combatir. Nos ordena no provocar destrucciones
inútiles incluso en el territorio del enemigo y tratar de vencerlos
con justicia y honor. Nos ha dado la instrucción de respetar los
acuerdos tratados con el enemigo e interrumpir el combate cuando se pare,
o si suspenden sus actividades anti - islámicas. Así el Islam
no permite más que el mínimo de sacrificios de la vida, de
los bienes, y de los derechos ajenos en el cumplimiento de nuestros deberes
para con Dios. Desea establecer el equilibrio entre diversas exigencias
del hombre, y adaptar los derechos y las obligaciones de manera que esta
vida sea enriquecida por los méritos y las relaciones más
elevadas.
Los derechos personales
Más tarde vienen los derechos personales del hombre. El hecho
es que el hombre es a menudo más injusto y más cruel para
consigo mismo que hacia cualquier otro ser humano. Esto puede sorprender:
¿Cómo un hombre puede ser injusto consigo mismo cuando se
sabe muy bien que se quiere más que a todo? ¿Cómo
puede ser su propio enemigo? Esto puede parecer en efecto un hecho incomprensible.
Pero reflexionando en ello de más cerca, se verá que esto
es verdad.
El hombre tiene una gran debilidad: cuando prueba un deseo imperioso,
en lugar de resistirlo, sucumbe y satisfaciéndose en ello se causa
a sabiendas daño. Tomad el caso del hombre que se entrega a la bebida:
se arriesga a volverse loco, pero continúa a costa de su dinero,
salud, reputación y de todo lo que posee. Otro es tan glotón
que en sus excesos en la mesa, estropea su salud y pone su propia vida
en peligro. Otro llega a ser esclavo de sus apetitos sexuales que se consume
por satisfacer. Otro aún se crea una necesidad de elevación
espiritual; refrena sus deseos, rechaza satisfacer sus necesidades y exigencias
físicas; reprime su apetito, se despoja de sus vestidos, deja su
casa y se retira a las montañas o bosques. Cree que el mundo no
esta hecho para él, creyendo que todo lo que le rodea es pecado.
He aquí pues algunos casos de la tendencia que el hombre manifiesta
a veces de ir hacia los extremos y de perderse en uno u otro lado. Se podría
citar un gran número de ejemplos similares de inadaptación
y desequilibrio en la vida de todos los días, pero esto no es útil
aquí.
El Islam quiere el bienestar del hombre, y su objetivo declarado es
establecer una existencia equilibrada. Es por esto por lo que el chariah
declara claramente que vuestra propia persona tiene derechos sobre vosotros.
Uno de los principios fundamentales es: «Vuestra persona tiene derechos
sobre vosotros».
El chariah prohibe el uso de todas las cosas que son perjudiciales
a la existencia física, mental y moral. Prohibe el consumo de la
sangre, drogas, carne de cerdo, aves de rapiña y animales venenosos,
cadáveres, porque todas estas cosas tienen efectos indeseables en
la vida física, moral, intelectual y espiritual del hombre. Prohibiendo
todas estas cosas, el Islam prescribe al hombre el uso de todo lo que es
adecuado y sano, y le ordena no privar a su cuerpo de alimento sano, porque
el cuerpo del hombre también tiene un derecho sobre él. La
ley del Islam condena la desnudez y ordena al hombre llevar una costumbre
digna y decente. Exhorta al trabajo para ganarse la vida y desaprueba fuertemente
la ociosidad y la pereza. El espíritu del chariah es que
el hombre debería utilizar para su comodidad y su bienestar los
poderes que Dios le ha conferido y los recursos que ha extendido en la
tierra y en los cielos.
El Islam no quiere tampoco la supresión de los deseos sexuales;
manda solamente al hombre controlarlos y buscar su satisfacción
en el matrimonio. Prohibe llegar a la autopersecución y autonegación,
y le permite, más bien le recomienda, gozar de los placeres legítimos
de la vida y ser piadoso y firme en medio de los problemas de la vida.
Para buscar la elevación espiritual, la pureza moral, la proximidad
de Dios, y la salvación en la vida futura, no es necesario abandonar
este mundo. El camino de los triunfos consiste en seguir la Ley Divina
en medio de las complejidades de la vida y no fuera de ella.
Es Islam prohibe formalmente el suicidio e inculca al hombre la idea
de que su vida pertenece a Dios; es como un depósito que Dios os
ha confiado durante un determinado tiempo para que hagáis de ella
el mejor uso posible -no ha sido hecha para ser estropeada y destruida
de manera inconsiderada-.
Es así como el Islam Inculca al hombre que su propia persona,
su propio cuerpo, tengan determinados derechos y que le incumba satisfacerlos
de la mejor forma según los medios sugeridos por el chariah.
Es así como será honrado con su propia persona.
Los derechos ajenos
Por un lado, el chariah ha mandado al hombre cumplir con sus
derechos personales y ser justo consigo mismo. Por otro lado, le ha mandado
que los realice de tal manera que no viole por eso los derechos ajenos.
El chariah ha tratado de establecer un equilibrio entre los derechos
del individuo y los derechos de la sociedad de tal forma que ningún
conflicto pueda surgir entre ambos y que todos cooperen en hacer reinar
la ley de Dios.
El Islam tiene formalmente prohibido la mentira bajo todas las formas,
porque mancha al mentiroso, a los demás y constituye un peligro
para la sociedad. Tiene formalmente prohibido el robo, la corrupción,
la fabricación de billetes falsos, la fullería, la usura
(intereses), porque todo lo que el hombre puede ganar por estos medios,
lo gana en efecto causando una pérdida y daño al prójimo.
La indencencia, los chismes, la calumnia y la difamación han sido
prohibidos igualmente. El juego, las loterías, la especulación,
y todos los juegos del azar han sido prohibidos, porque en todas estas
cosas, una persona (la ganadora) se enriquece a costa de millares de los
demás perdedores. Todas estas formas de comercio de explotación
han sido prohibidas, porque una de las partes es perdedora. El monopolio,
la acumulación de riquezas, el mercado negro, la especulación
en los terrenos y todas las formas de enriquecimiento individual y social
han sido prohibidas. El homicidio, el derramamiento de sangre, la incitación
al desorden y a la detruccién son considerados como crímenes,
porque nadie tiene derecho de tomar la vida o los bienes ajenos simplemente
para su provecho o su agrado personal. El adulterio, la fornicación
y las prácticas homosexuales han sido estrictamente prohibidas,
porque no solamente pervierten la moralidad y perjudica a la salud del
que comete estos delitos, sino que también extienden la corrupción
y la inmoralidad en la salud pública, degeneran la salud y la moralidad
de las generaciones futuras, trastornan las relaciones entre los hombres,
y rompen la trama misma de la estructura cultural y social de la comunidad.
El Islam desea eliminar hasta la raíz delitos tan abominables.
Todas estas limitaciones y restricciones han sido impuestas por la ley
del Islam para impedir al hombre usurpar los derechos ajenos. El Islam
no quiere que el hombre llegue a ser egoísta y egocéntrico
hasta el punto de atacar desvergonzadamente los derechos ajenos y violar
todos los principios morales para obtener la satisfacción personal
de su espíritu y de su cuerpo. No le permite tampoco pisotear los
intereses ajenos, para preservar sus derechos personales. La ley del Islam
regula la vida de tal forma que el bienestar de cada uno y de todos puede
ser garantizado. Pero para obtener el bienestar de la Humanidad y el progreso
de la civilización, no son suficientes algunas restricciones negativas
sélo. En una sociedad realmente posible y prospera, las gentes deberían
no solamente no violar los derechos ajenos ni perjudicar sus intereses,
sino que también deberían cooperar positivamente los unos
con los otros y trabar relaciones mutuas, instituciones sociales que contribuyan
al bienestar de todos y al establecimiento de una sociedad humana ideal.
El chariah nos ha guiado a este respecto Igualmente. Nos proponemos,
pues, dar aquí un breve resumen de los mandatos de la ley islámica,
que aclaran este aspecto de la vida y de la sociedad. La familia es el
primer núcleo de la vida humana. Es ahí donde se forman primero
los rasgos fundamentales del carácter del hombre y de ahí
que la familia sea el elemento base de toda civilización. Por consiguiente,
consideremos primeramente los mandatos del chariah concernientes
a la familia. Una familia se compone del marido, de la mujer, y de sus
hijos. Los mandatos del Islam con respecto a la familia son muy explícitos.
Asigna al hombre la responsabilidad de ganar la vida, proveer lo que es
necesario a su mujer y a sus hijos y protegerlos de todas las vicisitudes
de la vida. A la mujer le asigna el deber de dirigir la casa, educar e
instruir a los hijos de la mejor forma, y de darle a su marido y a sus
hijos toda la comodidad y felicidad posible. El deber de los hijos es respetar
a sus padres, obedecerles, y una vez que sean educados, ocuparse de ellos
y de proveer sus necesidades. Para hacer de la familia una institución
bien dirigida y disciplinada, el Islam ha puesto las dos medidas siguientes:
- El marido ha recibido la posición de jefe de familia. Ninguna
institución puede funcionar armoniosamente si no hay nadie para
controlarla y dirigirla Una institución así no resultará
más que el caos. Si cada miembro de la familia actúa a su
manera, esto sería la confusión. Si el marido va por su lado
y la mujer por el suyo, el futuro de los hijos será estropeado.
Alguno debe ser el jefe de familia a fin de que la disciplina pueda ser
mantenida y que la familia llegue a ser una institución ideal de
la sociedad. El Islam da esta posición al marido y hace así
de la familia una célula de base disciplinada de la civilización:
Un modelo para la sociedad en general.
- El jefe de familia ha sido además encargado de determinadas
responsabilidades. Le pertenece ganar la vida, y ocuparse de todas las
tareas que tienen lugar fuera de la casa. Esto libera a la mujer de todas
las actividades exteriores y que son dejadas al cargo del marido. Ha sido
descargada de todos los deberes exteriores y consagrarse plenamente a los
deberes interiores y dedicarse y ocuparse de la familia y de sus hijos
-los futuros guardianes de la nación. Las mujeres han sido exhortadas
a permanecer en sus casas y cumplir las responsabilidades que les han sido
confiadas. El Islam no quiere recargarlas doblemente: A la vez de los hijos
y de la casa, del cuidado de ganar la vida trabajando en el exterior. Esto
sería, evidentemente una injusticia. El Islam por consiguiente efectúa
una distribución entre los sexos.
- El profesor Cyril Joad llega hasta decir claramente: «Yo creo
que el mundo sería un lugar más feliz sí las mujeres
se contentaran con ocuparse de sus hogares y de sus hijos, incluso esto
traería consigo un ligero cambio del nivel de vida».
Pero esto no quiere decir que la mujer no esté autorizada a salir
de su casa. Nada de eso. Está autorizada a salir cuando sea necesario.
La ley ha determinado que la casa era su dominio de trabajo particular
y ha señalado que las mujeres deberían contribuir al mejoramiento
de la vida en la casa. Cada vez que deban salir, pueden hacerlo después
de haver cumplido algunas formalidades necesarias explicadas antes.
El círculo de familia se extiende gracias a los nacimientos y
a los casamientos. Para reforzar la unidad entre los miembros de la familia,
para conservar las relaciones mutuas, estrechas y sanas y para hacor de
cada miembro un manantial de apoyo, fuerza y satisfacción para los
demás, la ley del Islam ha formulando determinadas reglas fundamentales
fundadas en la sabiduría y experiencia del pasado. Pueden ser resumidas
como siguen:
- El matrimonio está prohibido entre las personas que tienen entre
ellas por nacimiento o por alianza vinculo de parentesco muy estrecho.
El matrimonio está prohibido entre: madre e hijos, padre e hijas,
segundo marido de la madre e hijastra, segunda esposa del padre e hijastro,
hermano y hermana, hermano y hermana de leche, tío maternal o paternal
y su sobrina, tía (hermana del padre o de la madre) y su sobrino,
suegra y yerno, suegro y nuera. Esta prohibición refuerza los vínculos
familiares y hacen las relaciones entre los padres absolutamente puras;
pueden vivir así juntos con buenas relaciones, sin apuros y con
un afecto sincero.
- Cuando no exista ninguno de los impedimentos citados más arriba
por grado de parentesco, el matrimonio puede ser contraído entre
miembros de familias emparentadas; tal relación los unirá
aún más. Los matrimonios entre dos familias que se han unido
libremente la una con la otra y que por consiguiente conocen sus hábitos,
sus costumbres y sus tradiciones respectivas, son generalmente felices.
Por lo tanto el chariah no solamente ha permitido sino animado y
preferido las relaciones con familias emparentadas, a las relaciones con
familias completamente extrañas, aunque esto no esté prohibido.
- En un grupo de familias emparentadas, se encuentran a la vez pobres
y ricos, gentes desigualmente afortunadas. Según el principio islámico,
la familia de un hombre tiene prioridad de los derechos en él. El
respeto de estos deberes hacia los miembros de una familia se llama técnicamente
silatu urrahim. Los musulmanes son exhortados en respetar estos
vínculos de todas las maneras posibles. Ser desleal para con los
miembros de la familia, desatender sus derechos, es un gran pecado que
Dios desaprueba. Si un pariente es pobre o se encuentra en dificultades,
incumbe a sus parientes más ricos y prósperos ayudarle. En
el Zakat y las demás caridades una atención especial para
los derechos de los parientes ha sido recomendada.
- Las leyes concernientes a la herencia han sido formuladas de tal forma
en el Islam que los bienes dejados por el difunto no pueden ser concentrados
en una sola persona. Deben ser distribuidos de manera que cada pariente
próximo reciba su parte. El hijo, la hija, la mujer, el marido,
el hermano, la hermana, son los parientes más próximos y
tienen prioridad absoluta en la herencia. Sí no existe ninguno de
estos parientes prioritarios, los bienes son repartidos entre los parientes
más próximos existentes. Por consiguiente, después
de la muerte de un hombre, sus bienes son distribuidos entre los suyos
y este sistema descarta toda posibilidad de concentración capitalista
de la riqueza. Esta ley del Islam es un valor único, y las demás
naciones se Inspiran en ella ahora. Pero por una triste ironía,
los musulmanes mismos no están plenamente conscientes de sus potencialidades
reformistas y por ignorancia, algunos no la ponen en práctica. En
algunas partes del mundo Islámico, las hijas son privadas de su
parte de herencia; es una injusticia evidente y una violación flagrante
de las instrucciones prescritas en el Corán.
Además de la familia, el hombre tiene relaciones con sus amigos,
sus vecinos, los habitantes de su localidad, de su ciudad o de su pueblo,
y con las gentes con las cuales está en constante contacto. El Islam
considera estas relaciones y exhorta al musulmán a tratarlas con
honradez, sinceridad, justicia y cortesía: ordena a los creyentes
tener consideración con los sentimientos de los demás, evitar
emplear un lenguaje Indecente e injurioso, ayudarse mutuamente, visitar
a los enfermos, consolar a los desdichados, ayudar a los necesitados y
débiles compadecerse de los que están en dificultades, ocuparse
de las viudas y de los huérfanos, dar de comer a los hambrientos,
vestir a los desnudos y ayudar a los obreros a encontrar un empleo. El
Islam dice que si Dios os ha dotado de riquezas y bienes, no debéis
derrocharlos en el lujo y los frivolidades. Ha prohibido el uso de vajilla
de oro y de plata, de vestidos de seda costosos desaprueba a los que gastan
su dinero en proyectos aventurados o lujos extravagantes. Este mandato
del chariah está fundado en el principio de que ningún
hombre debería estar autorizado a derrochar por su satisfacción
personal una riqueza que sería suficiente para hacer vivir a millares
de sus semejantes. Es cruel e injusto que el dinero que podría ser
utilizado para alimentar la innumerable multitud de hambrientos sea empleado
en decoraciones inútiles o extravagantes, ostentaciones, o fuegos
artificiales. El Islam no quiere privar al hombre de sus riquezas y de
sus posesiones. Lo que el hombre ha ganado o ha heredado es de su entera
propiedad. El Islam reconoce su derecho y le permite gozar de ello y hacer
el mejor uso posible. Sugiere también que si sois ricos, podéis
tener mejores vestidos, una vivienda y una vida más confortable.
Pero el Islam quiere que en todas las actividades del hombre, no se pierda
nunca de vista el elemento humano. Lo que desaprueba totalmente es el egocentrismo
pretencioso, que descuida el bienestar de los demás y da origen
a un individualismo exagerado. Quiere que la sociedad humana entera prospere
y no solamente algunos individuos aisladamente. Quiere inculcar en el espíritu
de sus discípulos una conciencia social y sugerirles a llevar una
vida simple y frugal, evitar crearse falsas necesidades satisfaciéndose
sus propias necesidades, los creyentes son exhortados por el Islam a guardar
siempre en vista de las necesidades y exigencias de sus cercanos, parientes
y aliados, sus amigos y asociados, sus vecinos y sus paisanos.
Hasta ahora, hemos examinado la naturaleza del hombre con sus círculos
más próximos. Pongamos las cosas en un perspectiva más
amplia y veamos qué género de comunidad el Islam quiere establecer.
Cualquiera que abrace el Islam no solamente entra en el seno de la religión,
sino también llega a ser un miembro de la comunidad islámica.
El chariah ha formulando por esta fraternidad unas determinadas
reglas de conducta. Estas reglas obligan a los musulmanes a ayudarse, a
estimularse en el bien y prohibir el mal y vigilar para que ningún
mal se infiltre en su sociedad. He aquí algunos mandatos de la ley
del Islam a este respecto:
- Para preservar la vida moral de la nación y salvaguardar la
sana evolución de la sociedad, las libres relaciones de ambos sexos
han sido prohibidas. El Islam efectúa una repartición funcional
entre los sexos y les asigna esferas de actividad diferentes. Las mujeres,
por regla general, deberían consagrarse a los deberes de la casa
en sus hogares, y los hombres deberían asumir las actividades económicas
en la sociedad. Otra cuestión de las prohibiciones de matrimonios
entre parientes demasiado próximos, es ordenado a los hombres y
mujeres no mezclarse libremente, y si están obligados a tener contactos,
deben hacerlo discretamente. Cuando las mujeres tengan que salir, deberán
llevar un traje simple, y estar convenientemente cubiertas. Deberán
también considerar como normal cubrir su cara y sus manos. No pueden
descubrirse más que en caso de real necesidad, y también
deberán cubrirse cuando esta necesidad haya desaparecido. Al mismo
tiempo, es recomendado a los hombres guardar los ojos bajos y no mirar
a las mujeres. Si alguno por casualidad pone los ojos en una mujer, debe
volver su mirada tratar e mirarlas es malo, e intentar conocerlas es peor
Es deber, a la vez de los hombres y las mujeres, velar por su moralidad
personal y limpiar su alma de toda impureza. El matrimonio es la única
forma conveniente e relaciones sexuales, y nadie debería de sobrepasar
este límite, o incluso pensar en ninguna licencia sexual; tales
ideas tan perversas no deberían nunca atravesar el pensamiento y
la imaginación del hombre.
- Con el mismo fin, el creyente es exhortado a levar trajes convenientes;
ningún hombre debería exponer su cuerpo desde la rodilla
al ombligo, y una mujer no deberá jamás exponer ninguna parte
de su cuerpo, salvo su cara y sus manos, a nadie más que a su marido,
incluso a sus parientes más cercanos Esto se llama satr («cubrir»)
y cubrir estas partes de su cuerpo es el deber religioso de todo hombre
y de toda mujer. Gracias a estas directrices, el Islam quiere cultivar
en sus discípulos un sentimiento profundo de modestia y de castidad
y suprimir todas las formas y manifestaciones de impudor y de corrupción
moral.
- El Islam no aprueba las distracciones o entretenimientos que tienden
a estimular las pasiones sexuales y viciar los cánones de la moral.
Tales distracciones son una pura pérdida de tiempo, de dinero y
de energía y destruyen la fibra moral de la sociedad. La distracción
en si es sin duda una necesidad. Actúa como un estímulo de
la actividad y estimula la vida y el espíritu de aventura. Es tan
importante en la vida como el agua y el aire. Particularmente, después
de un trabajo difícil, se tiene necesidad de descanso y de distracción.
Pero el descanso debe refrescar y avivar el espíritu y no deprimirlo
o depravar las pasiones. Las distracciones absurdas a las que millares
de gentes asisten con escenas depravantes de crimen e inmoralidad son la
contraposición misma de un sano recreo. Aunque sean satisfactorias
para los sentidos, su efecto en el espíritu y la moralidad de las
gentes es desastroso. Estropean sus costumbres y moralidad y no podrían
tener sitio en la sociedad y la cultura islámica.
- Para preservar la unidad y la solidaridad de la nación y para
asegurar el bienestar de la comunidad islámica, los creyentes son
exhortados a evitar la hostilidad recíproca, las disensiones, y
el sectarismos de todos los colores. Son llamados a regular sus discrepancias
y disputas según los principios puestos por el Corán y la
sunnah. Si las partes contendientes no lograsen encontrar un arreglo,
en lugar de batirse y pelearse entre ellos, deberían enterrar las
diferencias en el nombre de Dios y entregar a El la decisión. En
cuanto a las materias que tocan el bienestar nacional, deberán ayudarse,
evitar derrochar sus energías en querellas fútiles. Tales
enemistades son una desgracia para la comunidad musulmana, una fuente potencial
de endeblez nacional, y deben ser evitados cueste lo que cueste.
El Islam considera el saber y la ciencia como un bien común para
toda la Humanidad. Los musulmanes tienen total libertad para estudiar la
ciencia y sus aplicaciones prácticas, no importa en qué fuente.
Pero en lo que concierne a las cuestiones de cultura v civilización,
les está prohibido copiar los modos de vida de los demás
pueblos. La filosofía de la imitación sugiere que esto es
un sentimiento de inferioridad que produciría infaliblemente una
mentalidad desfigurada. El hecho de copiar la cultura de otro pueblo puede
tener consecuencias desastrosas en una nación; destruye su vitalidad
interior, brota el desorden en su espíritu, debilita su sentido
crítico, alimenta un complejo de inferioridad gradual que seguramente
mina todas las fuentes de su cultura y la destruye. Por esta razón,
el santo profeta -la paz sea con él- ha prohibido positiva y firmemente
a los musulmanes adoptar la cultura y el modo de vida de los no musulmanes.
La fuerza de una nación no reside en sus costumbres, su etiqueta
o sus bellas artes; su poder y su desarrollo dependen de sus conocimientos,
de su disciplina, de su organización, y de una energía orientada
hacia la acción. Si queréis aprender alguna cosa de los demás,
tomad lecciones de su voluntad de acción y de la disciplina social,
utilizad su saber y sus buenos resultados de pruebas técnicas, pero
guardaos de la influencia de las artes que acaban por concluir en la esclavitud
cultural y en la inferioridad nacional.
Relaciones con los no Musulmanes
Hemos llegado ahora a las relaciones de los musulmanes con los no musulmanes.
En estas relaciones, es aconsejado a los creyentes a no ser intolerantes
y estrechos de espíritu, a no insultar o criticar a sus jefes religiosos
o a sus santos, a no decir nada ofensivo para su religión, a no
buscar inútilmente disensiones entre ellos, sino vivir en paz y
buena amistad. Si los no musulmanes conservan una actitud apacible y conciliante
hacia los musulmanes y no violan sus fronteras o sus derechos; los musulmanes
deberán por su lado guardar relaciones amistosas y amables con ellos
y tratarlos con equidad. Es una de los principios de nuestra religión
que debemos tener comprensión humana y una cortesía muy grande,
y debemos comportarnos con nobleza y modestia. Los malos modales, la opresión,
la agresividad y la estrechez de espíritu son contrarios al espíritu
mismo del Islam. Un musulmán viene al mundo para llegar a ser un
símbolo vivo de bondad, de nobleza y de humanidad. Deberá
ganar los corazones de los hombres por su carácter y el ejemplo
que da. Entonces solamente será un verdadero embajador del Islam.
Los derechos de todas las criaturas
Venimos ahora a la última categoría de los derechos. Dios
ha dado al hombre la autoridad sobre sus innumerables criaturas que están
todas destinadas a su uso. Ha sido dotado del poder de someterlas y de
utilizarlas según sus necesidades y los fines que persiguen. Esta
posición superior da al hombre una autoridad sobre ellos y goza
de los derechos de servirse de ellos a su conveniencia. Pero esto no quiere
decir que Dios le ha dado una libertad total. El Islam dice que la creación
tiene determinados derechos sobre el hombre . No deberá derrocharlos
en empresas estériles ni hacerles daño o mal sin necesidad
absoluta. Cuando utiliza a las criaturas, deberá causarles el menor
mal empleando los métodos mejores y los menos perjudiciales.
La ley del Islam da mandatos detallados a este respecto. Por ejemplo,
estamos autorizados a matar a los animales para nuestra alimentación,
pero nos está prohibido matarlos simplemente para distraernos o
por el amor al deporte, y de quitarle la vida sin necesidad. Para matarlos,
el dhabh («cortar la cabeza») es el mejor método
para obtener la carne de los animales. Los demás métodos
son más dolorosos, o bien estropean la carne y le quitan algunas
de sus propiedades útiles. El Islam evita estos dos obstáculos
y propone un método que es menos doloroso para el animal y por otra
parte conserva la carne todas sus propiedades. Del mismo modo, matar un
animal lentamente causándole un dolor prolongado y heridas inútiles,
es considerado como abominable para el Islam. Permite matar a los animales
peligrosos o venenosos así como a las fieras, únicamente
porque el Islam pone la vida humana por encima de la suya. Pero eso no
autoriza, nunca, para matarlas por medio de métodos largos y dolorosos.
En lo que concierne a los animales de carga y los de montura, el Islam
prohibe formalmente al hombre de dejarlos hambrientos, de imponerles un
trabajo demasiado difícil e intolerable y de matarlos cruelmente.
Atrapar a los pájaros y hacerlos prisioneros en las jaulas sin razón
particular es considerado como abominable. Además de los animales,
el Islam desaprueba hasta talar inútilmente los árboles.
El hombre no debe destruirlos. Los vegetales después de todo tienen
una vida, pero el Islam no autoriza incluso el derroche de los objetos
inanimados: desaprueba hasta el derroche de agua. Su fin es evitar la pérdida
bajo todas sus formas y recomendar al hombre hacer el mejor uso posible
de todas las fuentes -vivas o inanimadas-.
El «chariah»: La ley universal y eterna
En las páginas precedentes hemos dado un breve resumen sobre
la ley del Islam -la ley que Dios envié por medio del profeta Muhammad-
la paz sea con él- para todos los tiempos venideros. Esta ley no
hace ninguna diferencia entre los hombres, si no en su fe y en sus hechos.
Los sistemas religiosos y sociales, las ideología políticas
y culturales que hacen diferencias entre los hombres según su raza
o su nacionalidad no podrán jamás aspirar a la universalidad
por la simple razón de que no se puede cambiar de raza o de nacionalidad,
que el mundo entero no puede concentrarse para llegar a ser un solo país,
y que el color de un negro, de un amarillo o de un blanco no puede modificarse.
Tales ideologías y tales sistemas sociales están destinados
a quedar limitados a una raza, un país, o una comunidad particular,
y no tendrá jamás una amplitud universal. El Islam, por el
contrario, es una ideología universal. Toda persona que declara
creer en la ilaha illa Allah, muhammadun rasulullah - «No
hay más dios que Allah y Muhammad es su profeta»- entra al
seno del Islam y disfruta de las mismas prerrogativas que los demás
musulmanes. El Islam no hace ninguna discriminación de raza, de
país, de color o de lengua. Su llamamiento se dirige a la Humanidad
entera y no admite ninguna segregación mezquina.
Por último, esta ley es igualmente eterna. No está fundada
en las costumbres o las tradiciones de un pueblo en particular y no está
destinado a un período específico de la historia humana.
Está fundado en los principios naturales mismos según los
cuales el hombre fue creado. Como esta naturaleza queda lo mismo a través
de los siglos y en todas las circunstancias, la ley que se funda en sus
principios puros debe ser también valedera cualquiera que sea la
época o las circunstancias. Esta religión universal y eterna
es el Islam.
Esta es una versión modificada y no autorizada de la traducción
original. Los Principios del Islam está publicado por:
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